BALONMANO

La intrahistoria de la celebración del Barça: 'bomba de humo' de Flick y Laporta buscando los auriculares

El FC Barcelona festejó por todo lo alto la consecución de la duodécima Copa de Europa con su presidente, radiante, a la cabeza.

Laporta, a la derecha de la imagen, en la entrega de la duodécima Champions del Barça. /AFP / R. PFEIL
Laporta, a la derecha de la imagen, en la entrega de la duodécima Champions del Barça. AFP / R. PFEIL
Andrés G. Armero

Andrés G. Armero

Cuando la leyenda danesa Mikkel Hansen lanzó el último balón del partido al larguero, se produjeron dos cosas simultáneas: la explosión de júbilo del barcelonismo por la duodécima Champions, con Laporta a la cabeza, y la salida inmediata del entrenador Hansi Flick del Lanxess Arena de Colonia.

El entrenador alemán, con buen criterio, no quiso ser uno de los protagonistas de la tarde y tomó un perfil bajo abandonando el pabellón con el pitido final, tras ser testigo de excepción de la enésima gesta europea de la sección de balonmano del Barça. A su izquierda, se sentó Laporta todo el partido, hasta que entró en éxtasis con la victoria de los pupilos de Antonio Carlos Ortega.

Junto a su inseparable Enric Masip, otrora leyenda del Dream Team, y Joan Solé, directivo responsable del balonmano, el presidente del FC Barcelona saltó a pista y eufórico se subió al podio, junto a sus jugadores, en la ceremonia de entrega del máximo galardón continental. Luego se fundió en un abrazo con su capitán Dika Mem, el astro francés que volvió a brillar en la Champions.

La plantilla se dirigió entonces a la esquina donde estaba la animosa afición blaugrana, medio millar de personas que se dejaron notar, pese a estar en inferioridad numérica respecto al resto de hinchadas en el coloso alemán de 19.500 espectadores. Laporta sacó entonces todo su repertorio y participó como un jugador más de canciones, vítores y palmas.

Al pasar el momento álgido, el presidente comenzó a buscar un objeto entre las serpentinas que se extendían por toda la pista, especialmente en la zona del podio. Relevo también ayudó, sin éxito, a la causa. Laporta había extraviado los auriculares inalámbricos y, tras agradecer a los que formaron parte de la búsqueda, los dio por perdidos. Una simpática anécdota en medio de la algarabía.

Joan Laporta, buscando sus auriculares en el Lanxess Arena de Colonia. RELEVO

Muchas leyendas del barcelonismo saltaron al 40x20. Raúl Entrerríos, uno de los mejores centrales de la historia del club, Viran Morros, Víctor Tomàs... todos contentos por el éxito de un equipo del que un día fueron referentes. "Esto es el Barcelona, una gran familia, por eso nos dejamos el alma", subrayaba el sueco Tomas Svensson, otrora leyenda en la portería culé, hoy entrenador de porteros del Barça.

Llegó entonces el momento de los selfies con la afición. Laporta se dio el último baño de masas atendiendo con paciencia y educación a todos aquellos hinchas que se lo requerían. Los dos porteros, Gonzalo Pérez de Vargas y Emil Nilsen, se hicieron selfies al alimón, demostrando la unión del vestuario, pese a competir por el mismo puesto. "Hoy por hoy, Nielsen es el mejor del mundo", comentó a Relevo el toledano. Ese compañerismo es la grandeza del Barça de balonmano.

En la zona mixta hubo dos protagonistas de excepción. Mikkel Hansen, que se retirará sin ganar una Champions, acudió con su hijo en brazos y los ojos llorosos; y demostró, en cada declaración, que es uno de los grandes caballeros del deporte mundial. Allí llegó Dika Mem, pecho descubierto, luciendo tatuajes, e irrumpió en la entrevista televisiva de Hansen para decir cuatro palabras: "He is the best" (es el mejor). Ese es el espíritu que hace grande al balonmano.