BALONMANO

El viaje a ninguna parte de la base del balonmano español: sueldos precarios, desigualdades y viajes en autobús de 10 horas

Entre la Liga Asobal y las categorías inferiores media un abismo prácticamente imposible de salvar.

Partido de Primera División Nacional de balonmano entre BM Safa y Club BM Bolaños. /Manuel Santísimo Sacramento
Partido de Primera División Nacional de balonmano entre BM Safa y Club BM Bolaños. Manuel Santísimo Sacramento
Paula Luna

Paula Luna

Los titulares acaparados por la Selección de balonmano de España o los títulos internacionales que llenan las vitrinas del Barça son tan solo la punta de un iceberg que se deshiela en su base. Los equipos de ligas estatales como la División de Honor Plata y la Primera División Nacional tienen escasos recursos y pocos alicientes para seguir compitiendo, más allá de la pasión de sus jugadores por el deporte que aman.

En el balonmano sólo unos pocos pueden dedicarse a tiempo completo a competir y vivir de ello. En División de Honor Plata y Primera Nacional, muchos de estos "afortunados" llegan a los clubes en "modo trampolín": destacan por su juego, se consolidan y dan el salto a la categoría superior, o bien emigran a ligas extranjeras, al no tener en España las condiciones necesarias para poder desarrollarse profesionalmente con garantías.

Los clubes que militan en la División de Honor Plata cuentan con un presupuesto medio de 370.000 euros. Como requisito para la temporada 23/24, la Real Federación de Balonmano (RFEBM) exige a los equipos participantes tener como mínimo cinco jugadores contratados a media jornada bajo el régimen de la Seguridad Social. Sin embargo, los conjuntos de la segunda categoría española cuentan de media con unos ocho jugadores en nómina, aunque hay excepciones, como el Club Balonmano Zamora Enamora, que ha formalizado un contrato con los 18 integrantes de su plantilla.  

La mayor parte de deportistas con contrato se dedican al balonmano a tiempo parcial, por lo que se ven obligados a compaginar la práctica deportiva con otros trabajos para completar sus ingresos. En un 80% de los casos, los sueldos que perciben no superan el Salario Mínimo Interprofesional (1.080 euros al mes) y sólo unos pocos cuentan con contrato a jornada completa que les permite dedicar al balonmano el 100% de su tiempo.

La peor parte se la llevan los deportistas y conjuntos de la categoría de bronce, compuesta por 96 equipos participantes (seis grupos de 16 equipos cada uno). Al cabo de 30 jornadas, los dos primeros de cada grupo obtienen el pase para participar en la fase de ascenso a la División de Honor Plata. Sólo tres de ellos terminan consiguiéndolo. La mayoría de grupos están conformados por proximidad geográfica, aunque alguno reúne a equipos de diferentes regiones y comunidades autónomas. Es el caso del Grupo F, en el que se enfrentan plantillas de sitios tan distantes geográficamente como Madrid, Castilla-La Mancha, Andalucía y Melilla. 

Este 'cajón desastre' en el que conviven equipos separados por cientos de kilómetros es el principal exponente de las enormes desigualdades (la inversión en desplazamientos se dispara) entre las distintas realidades de cada conjunto, los apoyos que reciben de sus respectivas administraciones y el empeño de unas ciudades y otras por impulsar su deporte. 

En Primera Nacional hay notables diferencias entre los presupuestos y ayudas institucionales que reciben los diferentes clubes. Mientras que una gran mayoría no plantea ningún tipo de retribución para sus jugadores, otros consignan ayudas testimoniales de entre 100 y 300 euros que se materializan en acuerdos de intercambio de servicios con el club. Solo un 20% de los equipos remunera el trabajo de sus jugadores con salarios de entre 500 y 800 euros, todos ellos por debajo del Salario Mínimo Interprofesional.

Entre los 96 equipos que compiten en esta categoría, algunos como el BM Proin Triana, con una gran aportación de sus patrocinadores y un excelente proyecto que permite a sus jugadores desarrollarse en este deporte, apenas cuentan con ayudas institucionales: "Nos han dejado solos, el otro día no teníamos pista donde entrenar. Sevilla no nos da las herramientas", denuncia Juan Andreu, director deportivo del equipo trianero y exjugador internacional con España. 

En la otra cara de la moneda, pero compitiendo en el mismo grupo, encontramos a equipos como el Melilla Balonmano VV, que recibe 200.000 euros por parte de la Ciudad Autónoma. La subvención institucional, sumada al apoyo de sus patrocinadores, les permite ofrecer a sus jugadores -la mayoría de fuera de la ciudad-, salario, alojamiento y desplazamientos pagados. "En una ciudad tan pequeña y con tan poca industria como Melilla es casi imposible encontrar patrocinadores, por eso nuestro presupuesto prácticamente lo cubre una Ciudad Autónoma que se ha preocupado por ofrecer las mismas oportunidades a todos los deportes", explica Eric Bencheluch, director deportivo del club.

La Federación no ayuda

Los equipos con menos recursos creen que la Real Federación Española de Balonmano no lo pone fácil y denuncian que la institución dirigida por Francisco V. Blázquez no deja de aumentar sus ingresos, mientras que a los conjuntos de la segunda y la tercera liga más destacada de su deporte en España se les hace muy cuesta arriba asumir los costes de inscripción de sus jugadores, las tarifas arbitrales y el pago de seguros, sin contar con el estricto régimen disciplinario exigido por la institución: multas por fallos en las retransmisiones, vestimenta "inapropiada" de los entrenadores, etc.

En la categoría de bronce no es extraño encontrarse un  diverso abanico de situaciones precarias. Otro ejemplo es el criterio aplicado en la formación del Grupo E, en el que se enfrentan equipos como el CBM Cantera Sur de Almería y KH-7 BM. Granollers, lo que implica desplazamientos en autobús de hasta 10 horas, que concluyen en el pabellón rival a pocas horas de comenzar el encuentro, en ocasiones sin dormir.

Tampoco es envidiable la situación de decenas de jugadores que tienen que costearse sus propias dietas o equipaciones de repuesto por la falta de ingresos del club; fichajes extranjeros que tienen que correr con los gastos de los desplazamientos desde su país, jugadores que perciben únicamente un salario como entrenadores de categorías inferiores, mientras que no reciben ninguna remuneración por sus horas de entrenamiento y partidos. "Entrenar a los equipos filiales es el único ingreso que muchos clubes pueden proporcionar a sus jugadores. Estamos creando un problema al no apostar por verdaderos profesionales con vocación y perspectivas de futuro", apunta Juan Pérez Caro, exentrenador de la categoría.

Como técnico y apasionado de este deporte, Pérez Caro visibiliza la categoría de bronce desde su cuenta de Instagram, que roza los 2.000 seguidores. "Necesitamos dar visibilidad a la Primera Nacional, la mayoría de los jugadores están aquí por pasión, no por dinero. Los jóvenes talentos necesitan tener un sitio donde desarrollarse", declara. A su vez, se encarga de manera desinteresada de ayudar a jugadores y equipos a gestionar sus fichajes. Es así como conoce de primera mano la dura realidad de esta categoría, que está llena de ventajas, pero sobre todo de inconvenientes.

Con la cercanía de las elecciones a la presidencia de la Real Federación Española de Balonmano, que se celebrarán en 2024, tras los Juegos Olímpicos de París, la responsabilidad de que el panorama cambie queda en manos de las federaciones territoriales, que tendrán la difícil tarea de trasladar las reivindicaciones de sus clubes y dar visibilidad a una situación que podría revertirse.