El cuarto y desconocido combate entre Ali y Frazier
Laila Ali y Jacqui Frazier-Lyde, hijas de Muhammad Ali y Joe Frazier, se enfrentaron en 2001. Para muchos fue el cuarto combate en esa legendaria saga.

Una de las rivalidades más famosas de la historia del boxeo es la que mantuvieron Muhammad Ali y Joe Frazier. Se enfrentaron tres veces (dos triunfos para Ali y uno para Frazier) y en la última ocasión, en octubre de 1975, se generó un combate recordado por todos. El Thrilla in Manila es una de esas noches que pasan de generación en generación y que todos los aficionados conocen. Su rivalidad se quedó ahí y nunca hubo otra pelea más. Frazier disputó únicamente dos peleas más. El año siguiente frente a Foreman y en 1981 hizo una rentrée que no le salió bien al firmar un nulo.
Para muchos, la historia se quedó ahí, pero no es así. En 2001 se reactivó todo, aunque Muhammad y Joe no fueron los protagonistas principales. Las hijas de ambos, Laila y Jacqui, fueron las encargadas de mantener viva esa historia. El pleito generó ruido y logró convertirse en la primera pelea femenina en un PPV, pero nada tenía que ver con lo que conseguían sus padres. Aún así, ambas se llevaron el reconocimiento de los aficionados. Frazier-Lyder acabó con un ojo muy inflamado y Ali con una fractura de clavícula. Las dos se vaciaron y Laila puso el 3-1 para su dinastía.
La pelea generó polémica al tratarse de una decisión dividida y la opción de la revancha siempre se rumoreó, pero nunca se dio. Ambas siguieron con sus carreras. Laila Ali logró convertirse en una de las mejores de la historia y por primera vez padre e hija fueron inducidos al Salón de la Fama (2020). Jacqui Frazier-Lyde continuó con una carrera más discreta que alargó tres años. Volvió a su trabajo y acabó siendo juez en Philadelphia.
El pleito generó mucho, pero lo curioso fue cómo ambas llegaron a pelear. No estaba en los planes de los padres de ninguna. Laia, hija de Ali con su tercera mujer, comenzó a boxear con 18 años. Tenía un negocio de manicura, pero se quedó prendada al ver un combate femenino y decidió probar suerte. Su padre se opuso. Había educado a su hija en el islam, pero ella había dejado de practicar esa religión y no veía problema en subirse al ring. Finalmente, Muhammad apoyó a la octava de sus nueve hijas. Tres peleas amateur le sirvieron a Laila para debutar como profesional en 1999.

Por su parte, Jacqui Frazier-Lyde era mucho más mayor (se llevan 16 años). Había jugado al baloncesto en la Universidad, era abogada y madre de tres hijos. El boxeo parecía que no llamaría a su puerta, pero lo hizo cuando tenía 38 años. Poco también tardó en estrenarse, ya que en el año 2000 ya estaba haciendo combates profesionales. ¿El motivo? La posibilidad de un pleito frente a Ali. Podía existir un gran negocio para ambas. Lo hubo y fue una gran manera de dar un push al boxeo femenino. Ambas alzaron títulos un año después, pero los de mayor entidad los ganó Ali, que logró retirarse invicta en 24 peleas y como campeona mundial del del supermedio.
Hasta la irrupción de las Claressa Shields, Amanda Serrano o Katie Taylor, Laila era considerada la GWOAT (mejor mujer de todos los tiempos, por sus siglas en ingés) por gran diferencia. El tiempo pasa y otras pugnas por esa posición, pero la historia está ahí y el duelo entre Ali y Frazier fue necesario para entender el punto actual del boxeo femenino. Fueron pioneras y su valentía para encontrarse fue clave para las que vinieron después.