Fury, Ngannou y la lluvia de millones saudís que les hicieron cambiar sus caminos
Tyson Fury se enfrenta este sábado, en Arabia Saudí, a Francis Ngannou en un combate de boxeo convencional pactado a diez asaltos. Usyk, en el horizonte del inglés.

Tyson Fury eligió el dinero. Ese es el mejor resumen del movimiento que el campeón mundial WBC del peso pesado ha hecho en los últimos meses. El Gipsy King peleó por última vez en diciembre de 2022. Tras derrotar a Chisora, en un combate de transición, apuntó a Olek Usyk y Joe Joyce como rivales potenciales. El duelo entre el inglés y Usyk, poseedor de los otros tres cinturones de la categoría, es el que el público ansía y se firmó el pasado 28 de septiembre. Uno de esos combates de pesos pesados que pueden marcar una generación… pero antes Fury buscó el show.
Arabia Saudí entró en juego a principios de año. Quería montar una "supervelada". Fury vs Usyk y Joshua vs Wilder eran los combates soñados. Había acuerdo, o al menos eso parecía, pero con Fury de por medio nunca te puedes fiar. Volvió a suceder. El inglés decidió cambiar de planes y reactivar un negocio que se llevaba tiempo rumoreando. En abril de 2022, el inglés ganó a Dillian Whyte y Francis Ngannou, sentado ante el público subió al ring. Tuvieron un careo y al resto nos dejaron claro su deseo de enfrentarse.
Ngannou, en ese instante, era campeón de UFC del peso pesado y estaba recién operado de la rodilla. Había ganado el título en su última pelea (enero de 2022), por lo que su contrato se había renovado automáticamente con la mayor empresa de MMA del mundo. Si en un año no peleaba quedaría libre. Con una lesión de por medio, el africano sólo tuvo que alargar plazos. Era la cara A en la negociación. UFC le ofreció más que a nadie, pero el camerunés quería privilegios que la empresa nunca iba a aceptar. Las posturas estaban muy alejadas y en diciembre la compañía anunció que no le renovaría.
Un mundo nuevo se abrió en ese instante para Ngannou, quien tardó seis meses en decidirse. Firmó con PFL, empresa que está en pleno ascenso, asegurándose un buen dinero, siendo socio en PFL África, eligiendo las bolsas de sus rivales, logrando una especie de acuerdo colectivo para mejorar las condiciones de los luchadores en cuanto a seguros médicos y lo más importante: podría boxear. El camerunés siempre tuvo a Mike Tyson como ídolo y su sueño era ser boxeador, aunque priorizó las MMA porque encontró mayores oportunidades.
Con todos esos condicionantes, a finales de mayo la opción del Fury vs Ngannou ganó enteros. La pelea le convenía a ambos. El excampeón de UFC se iba a llevar la bolsa más grande de su vida y Fury haría dinero en un pleito sencillo antes de ir contra el rival que debe enfrentar si quiere ser recordado como un gran peso pesado. El acuerdo llegó, lo que provocó una oleada de críticas al boxeador. "Eligió el dinero a la gloria deportiva", son sólo algunas de las frases que pronunciaron los aficionados.
Cada quien es libre de sus actos y Fury prefirió el dinero. Su promotor, Frank Warren, deslizó ante los periodistas que ganará por encima de 100 millones antes Ngannou y otro tanto frente a Usyk. El segundo pleito, si no se lesiona este sábado, está previsto para finales de diciembre o principios de enero. Es decir, en poco más de dos meses se embolsaría por encima de los 200 millones. Para pensárselo, por lo menos.
Mientras, Ngannou se mueve en unos números que nunca soñó. El africano cobró, como máximo, 700.000 dólares por un combate en UFC. Este sábado se embolsará 10 millones de dólares sin contar incentivos. Una cifra que fue filtrada por el propio Fury. El camerunés, eso sí, llega herido en su orgullo. El anuncio de la pelea contra Usyk lo ha visto como una falta de respeto y así lo ha manifestado desde que se hizo público. Es lógica su postura, pero la lógica dice que Fury debería utilizar este combate como una sesión de entrenamiento más.
El Mayweather vs McGregor, el gran precedente
La transición de luchadores de MMA al boxeo es algo que ha sucedido bastantes veces en los últimos tiempos. De este caso destaca el luchador y el momento que ha elegido para ello. Echando la vista atrás, sólo el Mayweather vs McGregor se puede comparar. Tanto Floyd como Conor eran más conocidos por el público de fuera del boxeo y las MMA, pero en el resto la historia es muy parecida.
"El barrigón codicioso me tiene miedo", apuntó Ngannou en la rueda de prensa. Sí, ambos caldearon el ambiente como se esperaba, aunque lejos del morbo la lectura deportiva es sencilla. Con reglas puramente de boxeo, Fury es amplio favorito. "Si pierdo contra un chico de MMA no podré volver a mirar a la gente a la cara", afirmó en esa conferencia el inglés. El Gipsy King tiene más que perder, pero el dinero compensa el riesgo. Si Fury está en su distancia y se mueve, los bombazos de Ngannou no le afectarán. El africano es un excelente striker en MMA, pero el cambio de disciplina es algo muy diferente. Se le vio a McGregor, la diferencia es abismal.
Lejos de múltiples rumores que se dieron, las normas del combate serán las de cualquier combate normal. La peculiaridad, si se quiere llamar así, es que el pleito será a 10 asaltos de 3 minutos y no a 12, distancia a la que se hacen los combates por títulos. El cinturón de Fury no estará en juego, como es obvio, sería una falta de respeto hacia el resto de púgiles que luchan por llegar a disputarlo. El WBC no ha dicho nada porque su campeón esté un año en blanco, de hecho, han creado un cinturón honorífico para esta pelea. Querían estar y estarán.
Mike Tyson, en la esquina de Ngannou
Una vez que se anunció la pelea, Francis Ngannou no tardó en comunicar que Mike Tyson sería su entrenador. El africano se marcó el objetivo de ser boxeador para emular a Iron. De hecho, una vez que ya había sido campeón de UFC, reveló que ir al podcast del excampeón mundial fue "un sueño". La historia conmovió a Tyson, quien tras conocerse ese día mantuvo el contacto con el camerunés.
Por su parte, Fury y Tyson también tuvieron siempre una buena relación. De hecho, Fury se llama así por Mike Tyson. Ese hecho intentó utilizarlo el Gipsy King en la previa para caldear el ambiente: "Es triste. El hombre que me da nombre, una leyenda, tiene que ir en mi contra y salir perdedor. Creo que debería estar en mi esquina. Entiendo que es trabajo. No importa cuánto le enseñe. Todo el mundo tiene un plan hasta que le golpean en la cara", espetó el inglés. Marketing, pero tener a Tyson en una esquina es sinónimo de que algo pasará. Si algo faltaba en la ecuación, la operación se completó. El nuevo crossover entre boxeo y MMA tiene todos los ingredientes para ser historia.