CICLISMO

Así era ser ciclista femenina en España hace 40 años: "No creíamos que fuéramos a dejar huella para nadie"

En vísperas de la celebración de La Vuelta Femenina, la pionera Esperanza Neyra nos cuenta cuál era la realidad ciclismo femenino en nuestro país.

Un grupo de ciclistas de los 80, con Esperanza Neyra la segunda a la derecha. /RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Un grupo de ciclistas de los 80, con Esperanza Neyra la segunda a la derecha. RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Fran Reyes

Fran Reyes

En un número de la excelente revista histórica Urtekaria Revue cuentan la anécdota del acta de una etapa de la Vuelta a La Rioja de 1968 que reseñaba la presencia de una mujer, corresponsal de TVE, en carrera. "Llevando una misión definida de reportera, fue autorizada para figurar en los coches seguidores". Una década después, nuestra protagonista no tuvo tanta suerte: "Quise seguir una carrera juvenil de chicos en Ponferrada y no me dejaron porque no estaba permitida la presencia de mujeres en la caravana".

Por suerte, hemos cambiado muchísimo. Hoy día, las mujeres son una parte integrante del pelotón masculino: son periodistas, y también masajistas, u organizadoras, o en algún caso incluso directoras de los equipos de chicos. Y, lo que es más importante, existe un pelotón femenino como tal cuyas carreras se disputan en condiciones excelentes y gozan de renombre y eco mediático. El último ejemplo en España es La Vuelta Femenina by Carrefour.es, homólogo de la Vuelta a España masculina, que comienza este lunes 1 de mayo en Torrevieja y concluirá el domingo 7 en los Lagos de Covadonga. Hitos que se suceden; hitos que no sucederían de no ser por la contribución de las pioneras, de aquellas personas que pusieron su granito de arena para que naciera esta escena.

La 'protagonista' a la que aludíamos en el primer párrafo es Esperanza Neyra (1963, Ponferrada) y fue ciclista en los 80, integrante durante un año del Orbea-Etxeondo que aparejado con el Seat-Orbea de 'Perico' Delgado y Pello Ruiz Cabestany goza de la reputación de haber sido el primer gran equipo ciclista femenino en nuestro país. "Porque el ciclismo no lo inventó Movistar", arranca Neyra. "Yo valoro más a las personas que apostaron por nosotras y crearon el Orbea-Etxeondo cuando no éramos nadie". Fueron, principalmente, Patxi Alkorta y Peli Egaña. "En aquellos tiempos no lo veíamos porque para nosotros eran amigos y parte de nuestra familia: no nos dábamos cuenta de lo que costaba conseguir que una marca estuviera en nuestro maillot".

Esperanza Neyra, con los colores del Orbea-Etxeondo.  RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Esperanza Neyra, con los colores del Orbea-Etxeondo. RELEVO / ESPERANZA NEYRA

Cuando Esperanza Neyra se puso a competir, los referentes no existían. Ella sólo supo quién era Jeannie Longo, la mejor ciclista de la época, cuando empezó a competir a nivel internacional. "Mi primer referente fue una chica que me encontré en una 'carrera para todos' que se organizó en Ponferrada. Yo iba con mi bici de paseo, que no tenía ni frenos, y me encontré en la salida con una ciclista equipada de arriba a abajo, con su bici de carreras y su cullote. Luego supe que era hermana y sobrina de ciclistas, y por eso podía acceder a ese material. En todo caso, a mí me impresionó: ¡una chica ciclista! Porque no es lo mismo una mujer en bici que una ciclista. No obstante, desde la salida me tiré como una loca y acabé ganándole la carrera. Ahí me dije: ¡éste es mi deporte!"

De partida, Neyra se encontró con una escena incipiente. "Existía la Vuelta al Bierzo, que la organizaba mi club; la Vuelta al Bajo Aragón, que la organizaba el seleccionador nacional de la época; la Vuelta a Bérriz que organizaban los hermanos Lejarreta… Allá donde había un equipo o un buen grupo de ciclistas, se organizaba una carrera femenina. La otra opción era correr con chicos, como hice yo en su día en carreras de Ponferrada, Zamora, Valladolid o Compostela".

Esperanza Neyra, en sus inicios.  RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Esperanza Neyra, en sus inicios. RELEVO / ESPERANZA NEYRA

"La excepción era el País Vasco", continúa Neyra. "Era otro mundo. Ahí había una carrera cada semana, o cada dos. Me juntaba con mi amiga Marisa Izquierdo, de Valladolid, y nos plantábamos allí en su coche. Con las 500 pesetas que nos daban a cada una en concepto de dieta, nos costeábamos la gasolina. No había para alegrías: dormíamos en cámpings, y para comer nos apañábamos con lo que pudiéramos llevar de casa".

Otra época. "También viajábamos mucho en trenes. Yo iba saltando de estación en estación desde Ponferrada para llegar hasta el lugar donde se disputaba la carrera de ese fin de semana. Y encima engañando al personal, porque no estaba permitido viajar con la bici. Al revisor le contaba que el de la taquilla me había dado permiso, y al de la taquilla que me había dado permiso el revisor. Ponía cara de tonta y p'alante. También te digo que el señor del autobús Ponferrada-Valladolid sí que trataba mi bicicleta como una joya; la metía la última en la bodega, encima de las maletas".

Todavía a día de hoy, uno de los principales factores a la hora de elegir equipo para cualquier ciclista es el material que éste pone a su disposición. ¿Cómo eran las cosas en aquella época? "Pues el material lo ponía yo", contesta Neyra. "Siempre usé mi propia bicicleta, salvo el año del Orbea-Etxeondo porque nos facilitaron las bicicletas que los profesionales del Seat-Orbea habían utilizado el año anterior. Los tubulares que nos daban para entrenar eran los que habían pinchado los hombres, reparados. De ropa nos dieron de todo, aunque fuera ropa de chico. En cuanto a las zapatillas y la chichonera, cada una competía con las suyas".

Esperanza Neyra, segunda por la izquierda, con sus compañeras del Orbea-Etxeondo en un Tour de l'Aude.  RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Esperanza Neyra, segunda por la izquierda, con sus compañeras del Orbea-Etxeondo en un Tour de l'Aude. RELEVO / ESPERANZA NEYRA

El profesionalismo era una quimera. "En el Orbea-Etxeondo no nos pagaban. Fue al acabar la temporada que los responsables del equipo nos llevaron a una fábrica de cazadoras de piel y nos dijeron que eligiéramos la que quisiéramos. Eran buenas de verdad: yo todavía tengo la mía, y me consta que otras compañeras también", recuerda Neyra con cariño. "Nunca llegué a vivir de la bici. De mi generación, si cobró alguna, fueron las seis o siete que cogieron una beca ADO de cara a Barcelona 92. Yo no entré en ese programa porque me casé en diciembre del 90 y decidí mudarme a Tarragona con mi marido, y colgar la bici".

El dinero se ganaba en las carreras. "En una Vuelta al Bierzo que corrí ayudándome con una amiga de Mallorca, Magdalena Rigo, nos repartimos 50.000 pesetas, que era un dineral en aquella época". No todo era tan fácil, porque el sexismo causaba estragos. "Recuerdo una prueba en Astorga en la que no me querían dejar correr porque el organizador era padre de uno de los chicos que participaban y quería que su hijo se llevara el premio gordo. Al final me dijeron que podía correr, pero sin optar a premios; y yo pensé: 'ya que estoy en Astorga, pues corro'. Sucede que la carrera era en circuito y, en aquella época, las personas del público se animaban y ponían 'botes' para que esprintáramos en los pasos por meta. Nos escapamos el hijo y yo, y yo le gané todos los pasos por meta. Al acabar no reclamé los premios de la carrera, pero sí que me llevé todo el dinero de aquellos botes. Ya ves tú: llega a pasar esto ahora, con las redes sociales, y se hubiera liado una gorda…"

Cuando habla, Neyra embelesa al interlocutor con un torrente de recuerdos y anécdotas. "Yo formé parte de la Selección la primera vez que España corrió un Tour de Francia. Cuando vi a Jeannie Longo a mi lado en la salida de una etapa se me pusieron los pelos de punta. Pero claro: sólo la veíamos en la salida. Apenas se arrancaba, las españolas nos descolgábamos. El día que logramos acabar la etapa dentro del pelotón, la organización vino a felicitarnos. Después pasan unos años, llega Joane Somarriba y te gana el Tour, y el Giro… Para unas 'globeras' como nosotras, ver a una compañera nuestra ganar el Tour es una pasada. Y ella nos dijo: 'Gracias a vosotras, nosotras hemos ganado en el Tour'".

Esperanza Neyra, arriba a la izquierda con casco negro, con la Selección Española.  RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Esperanza Neyra, arriba a la izquierda con casco negro, con la Selección Española. RELEVO / ESPERANZA NEYRA

Porque esa es una belleza del paso del tiempo, que a todo dota de perspectiva, que todo pone en su sitio. "No pensábamos que estábamos haciendo historia, ni en ser pioneras, ni nada de eso. Simplemente hacíamos lo que nos gustaba, sin creer que fuéramos a dejar huella para nadie. Como no había redes sociales y todo eran impedimentos, no nos saltaba a la vista. Luego resultó que muchas chicas empezaron a montar en bici porque se fijaban en nosotras. Quisieron seguir nuestro camino y lucharon sus propias batallas para llegar al profesionalismo. Yo he corrido con Joane Somarriba, y con Dori Ruano. A las dos les he ganado en carreras. Pero luego ellas han despuntado, y yo ahora las admiro. Con Dori en particular sigo en contacto, y pensar que mi amiga ha sido campeona del mundo para mí es la hostia".

Porque Neyra es consciente del paso del tiempo, y del cambio de los tiempos. "Me llama mucho la atención que las ciclistas de ahora van con su trenza o su pelo suelto, mientras que nosotras íbamos con pelo corto para que no distinguieran que éramos mujeres y no nos llamaran 'marimacho'. Antes quienes llevaban trenza eran unas pocas; la mayoría nos escondíamos".

Esperanza Neyra, con el pelo corto.  RELEVO / ESPERANZA NEYRA
Esperanza Neyra, con el pelo corto. RELEVO / ESPERANZA NEYRA

Han pasado casi 40 años de aquel Orbea-Etxeondo y las ciclistas de aquel equipo siguen en contacto. "Nos juntamos cuando podemos", confirma Neyra. Ella es hoy por hoy técnico de mantenimiento de carreteras; sigue montando en bici, y ve ciclismo por televisión. "Este fin de semana vi las clásicas belgas por la tele y me buscaba", cuenta con un deje de emoción. "Veo la Lieja-Bastoña-Lieja, me fijo en las ciclistas que salen en pantalla, y me pregunto quién sería yo si corriera en esta época. Y no me encuentro sólo a mí; también a mi amiga de Mallorca, y a la de Valladolid… En España hubo mucho talento, pero era otra época". Gracias a mujeres como ella, las jóvenes ciclistas de hoy en día pueden hacer realidad sus sueños.