Fernando Escartín: "No quise reclamar nada con el positivo de Armstrong, yo quedé tercero en el Tour"
El de Biescas, hoy director técnico de La Vuelta, recuerda su año mágico en la ronda francesa y analiza la sombra del dopaje de aquella edición.

Septiembre de 2023. Fernando Escartín es noticia, y no por lo que a él le gustaría. El de Biescas, escalador incesante en la década de los noventa, levanta un banderín amarillo subido a una verja en el Collado de la Cruz de Caravaca, ascensión final de la novena etapa de La Vuelta 2023. Allí ha plantado la organización la toma de referencias para una jornada amenazada por la lluvia, el viento y el barro.
Escartín, director técnico de la carrera, encargado junto a Kiko García de diseñar el recorrido de cada edición, es la cara visible de una imagen que desata las críticas de los aficionados. "Esto no es serio", opinan muchos. "Las condiciones nos obligan a esto", se justifican desde el otro lado, incluidos los propios ciclistas.
Por allí, por esa verja flanqueda por un par de conos improvisados, muy cerca de un árbitro de carrera que graba el paso de los corredores, pasan Primoz Roglic, Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel, Geraint Thomas, Egan Bernal y otros tantos ciclistas con triunfos de relumbrón en grandes vueltas.
La imagen de la polémica.
— Eurosport.es (@Eurosport_ES) September 3, 2023
La imagen de la toma de tiempos en Collado de la Cruz de Caravaca.#LaVuelta23 | #LaVueltaEurosport pic.twitter.com/6QFZpvJtpv
Escartín no consiguió ninguno, pero se quedó muy cerca en varias ocasiones: fue dos veces subcampeón de La Vuelta (1997 y 1998) y tercero en un Tour de Francia en el que el vencedor, Lance Armstrong, fue descalificado años después por el mayor escándalo de dopaje de la historia del deporte.
"No me considero segundo de aquel Tour de Francia", declaraba el oscense hace unos días en Madrid, donde presentaba la penúltima etapa de La Vuelta 2023. "Cuando lo vives en el momento… Yo en el Tour quedé tercero, no segundo, y lo viví como tal en ese momento. Me siento tercero. Lo que haya pasado después me da igual. Cuando salió lo de Armstrong, nunca quise reclamar ni volver atrás".
Un pensamiento que, quienes le conocen, saben que es muy acorde a su personalidad. Escartín nunca fue amigo de los focos. Ni en sus mejores días, aquellos en los que se agarró a la rueda de los mejores escaladores del planeta, elevó la palabra. "Siempre me he visto como un corredor luchador, trabajador", asegura hoy, dos décadas después de su retirada. "No era un ganador nato, pero era tenaz, y eso es algo que a la afición siempre le gusta".

El pasado mes de julio se cumplieron 24 años de su victoria más especial, aquella ascensión a la estación de Piau Engaly en la que no solo tumbó al temido Armstrong, sino que pasó por encima de Zülle, Virenque, Olano y el resto de pesos pesados de una edición para el recuerdo.
"Tuve un día bueno", resume él con una tímida sonrisa al borde del sonrojo. "Mis compañeros de equipo me arroparon mucho y fue… Bueno, la victoria que guardo con más cariño de mi carrera. Mucho más que el podio en el Tour. Vamos, ¡muchísimo más!".
Ese mismo verano, Escartín fue a reconocer la ascensión a Piau Engaly, puerto a apenas 45 kilómetros de su casa, en la falda opuesta de los Pirineos. "Fui con mi hermano dos veces. La primera, en junio, un mes antes del Tour, y la segunda, ya en julio, justo antes de que arrancara la carrera", recuerda. "Claro, yo la tenía entre ceja y ceja".
Por suerte, el desenlace fue el mejor posible. Eso sí, costó lo suyo. "Todos los días que te montas en la bicicleta, incluso en los que ganas, piensas quién te habrá mandado meterte en eso", sentencia Escartín. "En la bicicleta se sufre todos los días, es algo que ya sabes. Lo asumes y punto". La misma mentalidad, curiosamente, que aplica tantos años después, ahora desde el otro lado de la carrera.