El piloto de José María García confirma la mayor leyenda urbana de La Vuelta: "Ayudé a un ciclista con el helicóptero"
Antes de la contrarreloj individual de Valladolid, Paco Lucas atiende a Relevo para descubrir el mayor secreto de La Vuelta y, de paso, recordar anécdotas con Perico Delgado, Miguel Indurain y otras tantas leyendas del deporte.

Si se inventara desde cero una máquina para recordar anécdotas, Paco Lucas debería formar parte del equipo de diseño. El madrileño, piloto de helicópteros desde 1981, soñó desde niño que volaba a los mandos de ese pesado armatoste con hélices. Ahora, algunas arrugas y muchas canas después, rescata historias como el mejor de los cuentacuentos. Le resbalan mientras habla. No lo puede evitar.
La mayoría, por no decir todas, brotan de la "aventura impagable" que vivió entre los años ochenta y comienzos de siglo, cuando completó 17 ediciones de La Vuelta a España desde el aire. Lo hizo con Televisión Española primero, con José Ramón de la Morena después y, por último, junto al equipo de la Cadena Cope, dirigido por el inigualable José María García.
Él, siempre a su vera a través de las ondas, observaba la meteorología desde una posición privilegiada. Alertaba de lluvias y posibles vientos que desataran los temidos abanicos, pero también acortaba distancias y subía a bordo de su nave a los mejores ciclistas del planeta. Uno tras otro, por allí pasaron todos. De la meta al hotel, en el mejor de los casos. Del podio al hospital, otras tantas ocasiones.
¿De qué ciclistas te acuerdas?
Yo tengo especial predilección por Perico Delgado. La palabra amigo es muy complicada, pero podría decir que sí, que es mi amigo. He volado mucho con él. Un día recuerdo que íbamos con uno de los novatos de su equipo, un guaperas al que le estaban dando mucho bombo en las radios para buscarle novia. Entonces Perico me dice, Paco, vamos a subir a éste y nos vas a dar un "vuelo de obispo". Y me guiña el ojo. Un vuelo de obispo era un vuelo suave, tranquilito, que no se moviera nada. Claro, yo le miro y digo, joder [ríe], éste quiere que le meta un meneo al pobre… Entonces salimos y hago pum, le meto un meneo al helicóptero y como el pobre chaval no tenía dónde agarrarse, se agarra a Perico, le da un abrazo, y Perico empieza a darle besos sin parar. Mua, mua, mua… El otro gritaba, ¡quita, quita! No sabía donde meterse. Fue una bromilla, pero nos echamos unas risas tremendas.
Tenéis una gran relación entonces.
Sí, sí, con Perico… Mira, yo volé con su novia cuando todavía era novia, que ahora es su mujer. Siempre la subíamos a los puertos en las etapas de Madrid, a Navacerrada o a donde fuera. De aquellas estábamos con José Ramón de la Morena y alguna entrevista le hice yo mismo en antena. Eran experiencias muy emocionantes para mí. Algo muy distinto a lo que estaba acostumbrado.
¿A quién más subiste al helicóptero?
Bueno, es que con el que yo tengo una devoción total es con Induráin. Miguel era diferente. Me acuerdo de una Vuelta a España en la que quedó segundo [la de 1991]. Nada más acabar, que entonces se corría en mayo, le llevé hasta el Parador Nacional de Segovia. Aterricé en la piscina, que salían todas las sillas volando cada vez que lo hacía, paré el helicóptero y le vi muy mal, muy desanimado. Le dije, Miguel, joder, que has hecho una carrerón, has quedado segundo, tienes que estar muy orgulloso. Él, que todavía no había ganado ninguna grande, me miró muy serio y me dijo, "Paco, en el ciclismo no es lo mismo quedar primero que segundo. Al segundo nadie le tiene en cuenta. Nadie. Al primero sí". Un par de meses después, en julio, ganó su primer Tour de Francia.
En el parador todavía se acordarán de aquello.
Bueno, es que a raíz de esos aterrizajes forzosos en la piscina, que salían volando no solo las sillas, sino incluso las tumbonas, hicieron una pista para mí que todavía existe a día de hoy.
¿Mantienes la relación con Miguel?
Sí porque además, cuando él se retiró, yo estaba en rescates en Navarra. Teníamos la base en Pamplona, que es donde se concentraba el equipo [Reynolds-Banesto]. De vez en cuando me iba a verlos allí, al polígono industrial en el que se juntaban. Iba a ver a los mecánicos, a los ciclistas… Los conocía a todos. Más de una vez quedé por allí con Miguel. Entonces, un día me dice, "oye Paco, esta semana tengo una cacería, vente conmigo". Y para allá que me fui. La caza nos gustaba mucho a los dos. No cacé nada, eso sí, pero lo pasamos muy bien. Él era —y es— todo bondad. No se da ninguna importancia. La gente le para en la calle, en los bares, pero es que le da igual. Es alguien sencillo, que siempre ha preservado su intimidad. ¡Fíjate que de su vida privada nunca se ha sabido nada! Eso dice mucho de alguien.
"No puedo decir nombres, pero lo de dar aire a los ciclistas se ha hecho. Yo mismo lo hice en La Vuelta"
Piloto de helicópteroEra otra época, ¿no?
Sí, totalmente. Otro día, mira tú por donde, acabábamos de terminar la etapa de los Lagos de Covadonga, una de las más míticas de La Vuelta. Esa mañana, no sé por qué, no fui al baño antes de la retransmisión, que es algo que hacía siempre, sin excepción. De tanto beber agua me estaba haciendo un pis terrible. Cuando por fin acabó la etapa, aterricé a toda leche entre los lagos y me puse a hacer pis. Entonces, noto unos manotazos en la espalda. "Oiga, oiga, ¿es usted el piloto de la Ser?". Sí, sí, un momentito, que estoy aquí haciendo pis. Y me dice, "mira, es que quiero hablar con José Ramón de la Morena". Claro, yo alucinaba. Le dije, oiga, ¡¿puede esperar un momento?! Entonces termino, me doy la vuelta y veo a Severiano Ballesteros.
¿Qué quería?
Quería hablar con José Ramón de la Morena a ver si le podíamos bajar en helicóptero de los Lagos. Él había ido como espectador, claro. Y para bajar de allí tardabas fácil dos o tres horas. Era complicado y quería que le hiciéramos el favor.
¿Podía el helicóptero ayudar a los ciclistas?
Bueno, yo te voy a contar sin nombres [sonríe]. Hubo una época en la que, en el Giro de Italia, utilizaban los helicópteros para dar aire a los ciclistas, sobre todo en la contrarreloj.
¿Cómo?
A ver, imagina que vas en la bici y tienes viento en contra. Si yo, que llevo el helicóptero, me pongo unos 10 o 15 metros detrás de ti, lo suficientemente alto, te estoy dando aire. Ojo, nunca por delante, porque si te pones delante del ciclista, le tiras. Ahora bien, si tiene viento en contra, se lo quitas, le metes en una burbuja y, encima, le estás apoyando con el aire que le das. Es una forma de ayudar al ciclista, sí. En Italia se hizo y aquí se ha hecho. Yo lo he hecho, vaya. No puedo decir a quién ni cómo ni cuándo, pero es algo que se nota mucho. ¡Como excusa dije que iba con fotógrafos y que necesitábamos acercarnos!
Si tú no puedes decir nombres, ya los digo yo. En aquella época le preguntaron mucho a Álvaro Pino, ganador de La Vuelta en 1986. Él dijo que era una leyenda urbana.
[Sonríe] Lo dejamos en leyenda urbana.
El asunto, eso sí, desató enemistades en la prensa.
Bueno, es que la guerra era brutal. Insisto, no te puedo dar nombres, pero sí puedo asegurar que en una contrarreloj se empezó a dar aire a un ciclista y los helicópteros terminaron picándose. Se dijeron de todo. "¡Tú no metas tu helicóptero ahí porque meto yo el mío!". Fue una cosa de locos. De hecho, hay una anécdota que resume un poco aquella época. Un día, en el mencionado Parador de Segovia, viene García camuflado con su helicóptero y yo, que todavía estaba en la Ser, aterrizo a su lado. Al día siguiente amanecemos pronto, vamos al helicóptero y vemos un burro atado al de García. ¡Un burro! ¡Un burro de verdad! El pobre animal llevaba ahí toda la noche. Le sacamos fotos y lo quitamos de allí, pero se corrió la voz de inmediato. ¡Había un burro en el helicóptero de García!
García siempre dijo que se llevaría a la tumba dos noticias "tremendamente graves". Una por la desilusión que produciría a un país feliz y dichoso; y la otra, porque hubiera roto la imagen de un súper ídolo.
Ni idea. Te lo digo de verdad, con el corazón en la mano. Yo creo que eso solo lo sabe él.
No te lo hubiera contado, claro.
Mira, yo puedo decir que soy, todavía hoy, amigo de José María García y de José Ramón de la Morena. De hecho, hace muy poco estuve cenando con José Ramón. Ahora bien, te digo una cosa, yo si quería enterarme de algo, acudía a García, que era el que se enteraba de todo y tenía contactos en todos lados. Es más, se lo decía a De la Morena. "Mira, José Ramón, yo si quiero oír una primicia, escucho a García". Él me decía, "¡vete a tomar por culo, Paco!", pero es que era la realidad.
¿Qué significa para ti La Vuelta a España?
Un antes y un después en mi vida. La Vuelta y el ciclismo en general, vaya. Era una competición prácticamente abandonada y durante aquellos años consiguió ser la número uno, o al menos la número uno bis, junto al Tour de Francia. Yo formé parte de eso. Y no puedo estar más orgulloso.