La carrera de 15 horas con bicis de 1930 y maillots de Bahamontes: "Es una experiencia única"
Un total de 8.316 ciclistas celebraron el 26º aniversario de L'Eroica, una carrera ciclista con bicicletas de la década de 1930.

Gaiole di Chianti (Italia).- "Me llamo Marco Gianello, y la Eroica para mí es amistad, viaje y curiosidad por descubrir un territorio mágico. Corrí también la de España en alguna ocasión. Una experiencia única". "Soy Stefano Franceschini. Este evento es una mezcla de diversión y esfuerzo enorme. Ambos van de la mano". "Mi nombre es Valeria Vedo. Se trata de emoción pura: cada subida, cada tramo, cada minuto". "¿Qué quieres que te diga? Espero todo el año para que lleguen estos dos días. Es una fiesta que todo el mundo debería vivir alguna vez". Estas últimas palabras son de Roberto Lencioni (alias Carube), ex corredor y director deportivo, actualmente mecánico y alma de esta manifestación ciclística vintage, la más importante del mundo. De hecho, este año no se la quisieron perder estrellas mundiales como Alessandro Ballan, Erik Zabel o Michal Kwiatkowski, quien compró una vieja Pinarello para la ocasión y se mezcló como uno más con Marco, Stefano y Valeria, entre otros.
L'Eroica es una excusa para tocar el cielo con el recuerdo. Celebrada desde 1997 en la provincia de Siena gracias a la osada idea del periodista Giancarlo Brocci, es algo mucho más serio e importante que una simple carrera ciclista donde se compite por la victoria final. Es un arte, un juego, una oportunidad para los nostálgicos que sueñan con los tiempos de Fausto Coppi, Gino Bartali, de Girardengo y Binda… ¿Y por qué no? De Alfonsina Strada, la primera mujer en correr el Giro de Italia allá por 1924. Cual heroína intrépida, ella supuso un halo de luz en un periodo de entreguerras con la dictadura de Mussolini azotando a través de sus camisas negras.
Italia -entonces- vivía un periodo prosaico, edulcorado sólo con el afán del deporte. Primo Carnera en el boxeo, Tazio Nuvolari en los coches, la Nazionale de Vittorio Pozzo y las bicis de unos aventajados a su tiempo que partían de madrugada, corrían etapas de doce o catorce horas y se paraban en las tascas a comer pasta con tomate o huevos cocidos con aceite. Todo eso es l'Eroica, que acaba de celebrar su 26º edición con un récord absoluto de participantes: 8.316 ciclistas, de los cuales más de cinco mil son italianos y el resto de países que van desde España hasta Hungría, pasando por Rumanía, Francia, Alemania, Sudáfrica, Israel, Afganistán, Japón o las Islas Caimán. Además, la han corrido 889 mujeres.

Todos repartidos entre sábado y domingo en función de la edad y de cuánto aguantaban las piernas. Porque sí, l'Eroica -que parte y termina en Gaiole di Chianti- es un rito catártico cosido con hilos invisibles, aunque férreos e innegociables. Todo tiene que rezumar a pasado. "El sábado siempre se celebran los recorridos de 212 kilómetros (con bicicletas fabricadas antes de 1930) y el de 135. El domingo, la revocación con etapas de 46, 85 y 106 kilómetros", explica a Relevo Livio Iacovella, el jefe de prensa de este certamen que no tiene ganadores y cuyo eslogan dice así: La belleza del esfuerzo y el gusto de la heroicidad. Todos recogen una medalla en lo que se puede considerar ya la gran precursora de le Strade Bianche.
Un andamiaje de las bicis
L'Eroica -ya extendida en España (La Rioja), Japón, California, Sudáfrica, Alemania, Francia y próximamente en Cuba (febrero de 2024)- nace y se consolida en un territorio bucólico, otrora dividido por el lacerante campanilismo italiano y las luchas fratricidas entre güelfos y gibelinos.
En un minuto lugar, un crisol de lenguas, religiones y nacionalidades campean por la Val D'Orcia (patrimonio de la Unesco) y le Crete Senesi, esa zona toscana al sur de Siena iluminada por colinas y bosques, por el castillo del Brolio y cipreses, por pueblos de piedra como Buonconvento, por olor a carbón y café recién hecho.

Para culminar la epopeya y asistir al paraíso es menester atender a las bases, porque para bromear hay que ser muy serio: están prohibidos los integradores, las bicis modernas y los maillots de licra. En su lugar, camisetas de lana, bigotes dalinianos, gafas de aviador y ribollita (sopa de pan con verduras típica de la zona) servidas en cualquier taberna de la carretera. También hay un andamiaje específico para la bicicleta, donde las Colnago emergen con fuerza: cuadro de acero, el cambio con tubo oblicuo, hilos de freno externos, pedales no automáticos, ruedas traseras con un mínimo de 32 radios y círculos de perfil bajo.
"Es una experiencia única que requiere una preparación durante todo el año. Hay que arreglar la bicicleta. Es posible que muchas hayan estado treinta o cuarenta años en un desván. Lo bonito es eso, recuperar una que estaba destinada al desguace. Hablar con padres o abuelos, quienes quizás fueron sus primeros dueños. Esto es l'Eroica. También hemos hecho reflotar empresas que fabricaban los maillots de época. Así era antiguamente", recuerda pacientemente Livio -café en mano- a las cinco de la madrugada, poco después de la primera salida. Milagrosa y mágica, con un encanto que huele a naftalina en un paraje soberbio unido para la ocasión. Allí, entre los viñedos de Chianti y los de Montalcino (fabrica el vino rival, Brunello), con tractores, carros de heno, zumo de uva y olivos. Muchos olivos.
Saronni, Ballan y los españoles
"Gaiole in Chianti es la capital mundial de la pasión por el ciclismo antiguo". Eran las palabras que recogía el diario La Nazione en su edición del domingo. Pronunciadas por el propio Brocci, que insistía también en la humanidad de esta prueba. "Gilberto Simoni estaba cenando por aquí anoche. Davide Cassani charlaba con Saronni y un mecánico que vendía piezas de repuesto…".
Precisamente con Beppe Saronni (actualmente directivo de UAE Team Emirates) pudo departir algunas palabras Relevo para evocar esos tiempos donde rivalizaba -en los ochenta- con Francesco Moser, los dos ciclistas italianos con más victorias de la historia. "L'Eroica es otro tiempo. No hay competitividad ni rivalidad alguna. No hay nervios ni estrés. Hay sonrisas y alegrías. En cierta manera me hace sentir joven. Este año no hemos podido traer a Juan Ayuso, que sin embargo sí estuvo el anterior".

En ese instante, por su lado pasa Ballan, campeón del mundo en línea (2008), quien también se detuvo a decir la suya. "Es disfrutar de verdad del ciclismo en un ambiente distendido", apunta. Es atravesar montañas por caminos de grava, es la foto en el mediático Leccione, la famosa encina que sedujo al director de cine Bernardo Bertolucci, y que lo llevó a la gran pantalla con la película Belleza Robada (Jeremy Irons y Liv Tyler). Es, como dice una española pedaleando en el camino con camiseta de lana y el nombre de Federico Martín Bahamontes, "algo inexplicable. Soy de La Rioja, pero vivo en Milán. La corrí por vez primera en España, y allí conocí al que hoy es mi marido: Paolo", recuerda María Pascual, quien participa con dos amigos de Valencia: José Vidal y Miguel Soro, un artista plástico (en su día corredor profesional) que hoy presenta sus obras en varios países. Con una técnica mixta de collage y pintura, plasma corredores eternos como Coppi, Merckx o Pantani. Estetas que parecen salir de la tela hacia nosotros para seguir emocionándonos.

Hay un poema en prosa en la portada de Il giornale di Eroica, repartido gratis a los periodistas que cubren el evento, televisado incluso por la RAI. Escrito por Elena Borrone, y traducido al inglés, resalta que pueden suceder muchas cosas en medio de ninguna parte. "Hay gente de pan y aceite, de polvo y barro, de esfuerzo y sonrisa sincera. Gente de corazón. Los heroicos quieren conquistar belleza y sacrificio, quieren apoyar una causa perdida, un alma bella que recordar y un sueño que cumplir. No hay una meta, porque l'Eroica no termina nunca".
Candidata a ser patrimonio de la Unesco, es la historia de Italia, de los años treinta y la posguerra, cuando la bici era el único medio para escapar, para viajar… Era y es la imagen de unos calcetines sujetos a la altura de la rodilla con imperdibles porque los americanos aun no habían importado la goma elástica al belpaese.