Manual para sobrevivir al Koppenberg, el muro de Flandes donde el agua masacra al pelotón: "O vas entre los 20 primeros o estás muerto"
Relevo viaja al punto decisivo del Tour de Flandes 2024, en el que Mathieu van der Poel fraguó su triunfo.

Cuando el Tour de Flandes decidió incorporar en 1976 el Koppenberg a su recorrido, Eddy Merckx dejó una frase lapidaria sobre el temible muro de pavés: "También se podría obligar a los ciclistas a subir una escalera con la bicicleta colgada al cuello". Para más inri, el autor intelectual de aquella idea macabra era un viejo conocido suyo: Walter Godefroot.
Apodado el Bulldog flamenco, Godefroot, cuya fama se multiplicó a finales de los 60 por ser la bestia negra de El Caníbal en varias carreras, dio el chivatazo a la cúpula de De Ronde. Los organizadores vieron en aquel muro de 550 m y 11% de desnivel medio un aliciente más para la Clásica, sin calcular los daños colaterales de su decisión.

Ubicado en la localidad flamenca de Melden, a un par de km de la ciudad de Oudenaarde, el Koppenberg es uno de los muros más bellos vistos desde su pie. En apariencia, un paseo idílico sobre piedras. En realidad, una autopista hacia el abismo. Es a mitad de camino cuando se levantan imperiales unos árboles capaces de apagar la luz del sol más radiante de la primavera. Un escenario frío y sombrío, acorde al 22% de desnivel que se alcanza en ese punto, en el que las cunetas comienzan a escupir barro con la primera gota de lluvia. Una ratonera en seco. Una siniestra pista de patinaje con agua.
Ese es lugar marcado con una 'x' en el que la mayoría de ciclistas echa pie a tierra. No se libró ni Merckx en aquel bautizo de 1976 ni tampoco la cabeza de carrera en 1978, que desembocó en el segundo entorchado del ínclito Godefroot. Esas imágenes se muestran en bucle en el Museo del Tour de Flandes, ubicado en Oudenaarde: los ídolos caminando Koppenberg arriba con sus bicicletas a cuestas. La perfecta definición visual de Flandrien. El orgullo de una región, que con una capacidad de trabajo fuera de lo común, logró superar tras las guerras el estigma de paisanos de campo para convertirse en uno de los lugares más prósperos del Viejo Continente.
First inclusion of the Koppenberg in Tour of Flanders, 1976. Even Merckx had to dismount and walk. (via @inCycleTV) pic.twitter.com/BcNNZ1BGjv
— Bisiklet Sporu (@BisikletSporu) April 1, 2014
Cuando en la última edición del Tour de Flandes, el Movistar Iván García Cortina iba escapado en el Koppenberg, toda la historia del muro se le reveló ante sus ojos en décimas de segundo. El asturiano fue el primero de tantos que no pudo bailar encima de la bicicleta en aquella trampa pasada por agua. Ahí dijo adiós a su fuga y a las opciones de victoria. Detrás de él, se bajaban de la bicicleta uno a uno los perseguidores, hasta que surgió de la penumbra el señalado, el hombre que este domingo puede convertirse, con cuatro coronas, en el corredor más laureado en De Ronde: Mathieu van der Poel.
"Para hacer lo que hizo él en el Koppenberg tienes que ser el mejor del mundo", dice el español David González (Q 36.5 Pro Cycling Team) sobre el serpenteo mágico del holandés en 2024. Un ejercicio de funambulismo con el que rompió la carrera para llegar victorioso 50 km más tarde a Oudenaarde. "Demostró que maneja la bici a la perfección, como lo hace en el ciclocrós; hay que tener mucha confianza y ser uno de los elegidos para lograrlo".
Cortina todavía se lamenta, "porque en Flandes normalmente los de atrás no suelen neutralizar a los escapados", pero jamás puso ni una disculpa por haber sucumbido en aquel infierno. "Hay que tener fuerza y piernas para estar ahí y entrar en esas primeras posiciones en los puntos clave", apunta. De colocación iba perfecto, cabeza de carrera, pero le faltó la energía en la zona lúgubre del Koppenberg.
¿Qué se necesita para pasar ese muro? "Si lo hubiese sabido el año pasado, no me habría bajado de la bici", se sincera entre risas Oier Lazkano, antes de dar la receta: "Habilidad, mucha habilidad y técnica". Eso mismo refrenda el Movistar Carlos Canal, uno de los tocados por la varita, que no puso pie a tierra en la edición pasada. "Hay que ser muy habilidoso técnicamente, yo creo que aquí sí que es verdad que el ciclocrós se nota", corrobora otro especialista de la disciplina para luego añadir un mandamiento al manual de supervivencia: "Sobre todo hay que saberse de memoria los tramos".
No lo tenía estudiado Jesper Skibby cuando se plantó en el dichoso muro en solitario en 1987, con dos minutos de ventaja sobre el pelotón. El danés perdió la vertical, enclenque, como un folio en medio del Koppengerg. El coche de dirección de carrera hizo el resto: le aplastó la bicicleta y estuvo a centímetros de hacer lo propio con las piernas. Skibby quedó fuera de combate y el automóvil fue recibido en meta entre insultos y pedradas. Aquel incidente conocido como "el desastre del Koppengerg" supuso que el muro se fuese a la nevera durante 15 años, hasta que un nuevo pavés llegó procedente de Italia para devolverlo a De Ronde en el 2002.
En 2007, el mal estado de los adoquines obligó de nuevo a la organización a prescindir del Koppenberg en su itinerario. Fue el último aviso para que el Ayuntamiento de Oudenaarde tomase cartas en el asunto. Tras unos meses de frenético trabajo, el muro, ya remozado, regresó al recorrido en 2008 para no desaparecer desde entonces. Este año se subirá por trigésimo quinta vez en la historia un lugar de culto en el pelotón. Fabien Lienhard, lugarteniente de Julian Alaphilippe en el Tudor suizo, se sabe de memoria la supuesta receta para afrontarlo: "O vas entre los 20 primeros o estás en la mierda, estás muerto". La consigna pasa por "posicionarse bien" y si no eres capaz "tienes que ir arriba como sea, incluso andando".
Ronde van Vlaanderen, 1975. Eddy Merckx junto a Frans Verbeeck en el viejo Kwaremont, selecionando la carrera a mas de 100 kilómetros de meta. Al Caníbal y al Lechero ya no les verían hasta meta, tras una gran exhibición de ambos rodando en cabeza. pic.twitter.com/mTovFUFT3k
— Amantes del Ciclismo (@amantes_cycling) March 11, 2024
Iván García Cortina experimentó, en sus propias carnes, que ir delante es condición necesaria, pero no suficiente para afrontar estos muros con éxito. En principio (si la ruleta rusa meteorológica belga lo confirma) no habrá agua en el Koppenberg este domingo. Será una ratonera, pero no un funeral deslizante. En el Van der Poel - Pogacar que monopoliza las conversaciones esta primavera, todos los analistas hablan de la sucesión de muros Oude Kwaremont-Paterberg como la batalla final entre ambos. Pero la historia nos ha enseñado que los vaticinios son papel mojado en la Misa Mayor de Flandes. En 2025 se cumplen 50 años de la segunda y última victoria de Merckx en De Ronde. Luego entró en escena el Koppenberg y hasta El Caníbal se hizo humano.