Un viaje de 4.000 km a Suiza, 24 huevos a cuestas y mil vivencias: el imposible del 'abuelo' de la Quebrantahuesos
Fernando Rasal, expastor y monitor de esquí, es una de las únicas tres personas que ha conseguido completar todas las ediciones de la mítica prueba cicloturista.

Entre los colosos pirenaicos que rodean el Pueyo de Jaca, de 62 habitantes, los gritos de los pastores rebotan entre mil y una rocas. En invierno se amortiguan con la nieve, pero sus rebaños los escuchan igual. A principios del siglo XX no había otra forma de vida que criar, cuidar y comerciar con las ovejas, algo de agricultura y poco más. Cuando en los años 70 se empezaron a abrir las pistas de esquí de Panticosa, a llegar el turismo, un soplo de aire fresco entró en el Valle de Tena. Fernando Rasal (Pueyo de Jaca, 1961) fue uno de esos adolescentes que dejó el campo para hacerse instructor de esquí atraído por la novedad y el porvenir. Pero su historia va más allá: es uno de los únicos tres participantes que han completado todas y cada una de las 31 ediciones de la Quebrantahuesos, la prueba cicloturista más mítica del territorio español.
Criado en una familia que siempre trabajó en el campo y el mayor de tres hermanos, sus raíces están en los valles donde los Pirineos entremezclan acentos, culturas y tradiciones. Antes de que su día a día se empezase a centrar en dos tablas por las que deslizarse montaña abajo en invierno, vivió la aventura de su vida cuando las nieves se derritieron. Junto a un profesor de Hoz de Jaca, uno de los pueblos más cercanos, se lio la manta a la cabeza, consiguió una bicicleta de tercera mano, le colocó las alforjas y se marchó a recorrer el sur de Europa y algunos países de la zona central.
En aquellos "4.112 km", no se olvida de ni uno de ellos, descubrió mundo, nuevos idiomas, rincones insospechados y, sobre todo, a sí mismo. Salieron de Hoz de Jaca camino de Puigcerdá, de ahí pasaron a Perpiñán y pusieron rumbo a los colores de la Costa Azul. Dormían en "porches de iglesias, ayuntamientos o estaciones de autobús con un saco" y se duchaban en arroyos, embalses y fuentes. Llegaron hasta Venecia, recorrieron parte de los Dolomitas y dirigieron sus pedaladas hacia Suiza "y algunas partes del sur de Austria y Alemania".
Cuarenta días después volvieron a casa, esta vez por el norte de su querido Valle de Tena. Rasal era la misma persona, pero diferente.

"Fue toda una novedad y una experiencia inolvidable. Dormíamos en los porches, por si le daba por llover de noche, y comprábamos en los supermercados. Otra de las claves era tener siempre cerca una fuente de agua potable", recuerda Rasal en conversación con Relevo.
Y en 1991 la por entonces peña recreativa Edelweiss (como la flor de las nieves) se decidió a organizar la primera Quebrantahuesos. Rasal fue uno de los 362 participantes atrevidos que se lanzaron por las carreteras de frontera con Francia, sin los avituallamientos tan sofisticados, con bicicletas "básicas, lejos de los varios miles de euros que cuestan ahora", pero con la ilusión de los pioneros, de los que marcan camino.
"Para mí fue un test. Era la eterna duda de saber si podría ir en un grupo pedaleando, ahí rodeado de otras personas, la incertidumbre de si sería capaz de hacer 200 km seguidos, porque yo los había hecho, pero con las alforjas y parando donde me ha apetecido. Y luego un poco de preocupación por si tenía pinchazos, averías, pero por suerte como estaba todo bien planificado, bien organizado, supe llegar, supe cumplir y con eso ya vi que ese reto estaba superado", recuerda aquella primera edición.
"Al cruzar la meta fue una satisfacción total. Las endorfinas se me vinieron arriba. La Quebrantahuesos para mí es la cafeína que engorda las endorfinas. Aquel primer año ya me creía ciclista profesional. Pero he comprobado durante otros años que tenía mucho más que aprender. Y por suerte ahora comparto con la gente con los que coincido en ruta, mi experiencia, cuento chistes, trato de recomendar en función de lo que queda o cómo vayan, doy consejos... ¡incluso canto!".

Desde entonces ha vivido mil una anécdotas, pero una que siempre cuenta es la de aquella edición 24, en la que se colgó una huevera con 24 huevos en el maillot, pintados con sus resultados en cada uno de los años y completó los 200 km (con cuatro puertos y 3.500 metros de desnivel positivo) con ellos intactos. "Lo hice porque siempre decían que para completar la Quebrantahuesos se necesitaba un par de... y como era la 24ª edición, pues me dije 'por qué no", recuerda entre risas.
En todo este tiempo ha compartido kilómetros con leyendas del ciclismo patrio como Miguel Indurain, Perico Delgado, Joseba Beloki o Alberto Contador, aunque él deja claro que siempre fue más de Perico. No obstante, no guarda ninguna foto con ellos: "No soy de fotos; he disfrutado de cada momento y cada conversación que he llegado a tener con ellos, pero ya está".
Desde 1995, la marcha cicloturista pasa por su pueblo, por el Pueyo de Jaca, y ese momento es como un chute de adrenalina directo a sus venas. "Lo que acostumbro a hacer es una parada y hago una alzada de la bicicleta a pulso, pero no la agarro del cuadro, yo la agarro de las ruedas, desde abajo. Pego ahí un grito, por no decir un alarido, como de desahogo, de que estoy en mi pueblo. Eso sí, los días de lluvia o de frío no lo hago, bastante hay con acabar", subraya.
Rasal ha desarrollado un juego consigo mismo durante estos años: ir cambiando el objetivo de tiempo final para coleccionar diferentes colores de medallas. Ya acumula 18 oros (menos de 7h45), seis de plata (menos de 8h55) y siete bronces. Aunque deja claro que es "imposible" que iguala las platas y bronces con las medallas más preciadas. Pero su obsesión por ir equilibrando el medallero llegó hasta tal punto que en 2019 se paró a 200 metros de meta al ver que tenía 30 minutos de adelanto sobre el tiempo mínimo para conseguir medalla de plata. "Estuve hablando con un voluntario allí que no se explicaba por qué yo me había bajado de la bicicleta. Y no salía de su asombro", cuenta.
Las aventuras de uno de esos pioneros que cuando empiezan a forjar un camino, ya no hay quien les pare. Rasal seguirá sumando Quebrantahuesos "hasta que el cuerpo aguante" y mientras tanto continuará sumando experiencias y anécdotas para toda una vida y media de la otra. Sus gritos con la bici sobre la cabeza no dejarán de resonar en el valle de Tena por mucho que pasen los años.