El pelotón femenino franquea la cota 2000
El Tour de Romandía, última manga del UCI Women's World Tour, culminará su etapa reina con un final en alto en Thyon 2000.

Cuando se escala una montaña, hay un momento en que el aire pierde densidad y se vuelve ligero. El oxígeno es tan escaso que no basta para carburar, los músculos se quedan lacios, la cabeza se ausenta. Los 2000 metros de altitud marcan una barrera física y psicológica a partir de la cual cambia el pedaleo. En su séptima temporada de vigor, el UCI Women's World Tour, primera división del ciclismo femenino mundial, todavía no había superado esa cota mítica. Lo hará este sábado en la segunda de las tres etapas de las que consta su última cita, el Tour de Romandía, cuyo final en alto en Thyon 2000 culmina a 2090 metros sobre el nivel del mar. Esta ascensión se suma con otro puerto de primera categoría, Suen, para conformar una de las etapas más duras que afrontarán las ciclistas en esta temporada que agoniza.
En el ciclismo profesional femenino es bastante habitual competir más allá de los 2000 metros de altitud en lugares como África, Estados Unidos o Colombia; de hecho, en la ronda cafetera de esta temporada, disputada en agosto, se holló una cima situada a 3019 metros sobre el nivel del mar. En Europa, los precedentes históricos en carreras de primer nivel son muy limitados, con uno destacando muy por encima de los demás: el final en alto de la novena etapa del Giro Donne de 2010 en el Stelvio.
"Un día mítico por el Giro y mítico por el Stelvio". Quien lo califica así es Manel Lacambra, uno de los técnicos de mayor experiencia del ciclismo femenino mundial, hoy día enfrascado en la creación de un nuevo equipo profesional y por aquel entonces seleccionador nacional estadounidense, lo cual le permitió dirigir la victoria de Mara Abbott en el 'passo' alpino. "En los puertos, hasta los 1800 metros de altitud, se escala bien. A partir de ahí, las diferencias son muy amplias. Aquel día, Emma Pooley iba marcando el ritmo y yo retenía a Mara desde el coche, pidiéndole que atacara sólo a partir de la cota 2400. Cuando arrancó, la dejó tiradísima".
Pese al precedente histórico, el endurecimiento de los recorridos de las carreras femeninas no está llevando a los organizadores a buscar los colosos que sí horadan sus homólogos masculinos. "Y está bien", tercia Lacambra. "No debemos obsesionarnos con comparar a hombres y mujeres. El ciclismo femeninotiene su personalidad, su forma de correr, sus corredoras. Es bonito de por sí, y no siempre más duro es mejor". El techo de la edición inaugural de Le Tour Femmes, por ejemplo, fue el Col du Grand Ballon, con apenas 1335 metros de altitud. En el Giro Donne hubo un final en alto en el Passo Maniva (1743m), mientras que la Vuelta a Burgos coronó este año por segunda vez su máximo exponente, las Lagunas de Neila (1867m).

Así, se pueden contar con los dedos de una mano las veces que las carreras del UCI Women's World Tour han franqueado el límite de los 2000 metros en la corta historia de este circuito competitivo. A saber: una etapa de la Vuelta a California de 2019; una cronoescalada del Giro Donne de 2018; y la durísima edición 2017 de La Course, clásica para mujeres organizada por el Tour de Francia que en aquella ocasión terminó en la cima del mítico Izoard, a 2360 metros de altitud.
Tanto en la cronoescalada del Giro hasta Diga di Campo Moro como en el Izoard triunfó ella, La Señora, la Annemiek van Vleuten que tras ganar esta temporada los equivalentes femeninos de Giro, Tour y Vuelta revalidó hace apenas dos semanas su título de campeona del mundo en Australia y este fin de semana se apresta a cerrar la temporada con un nuevo éxito en Suiza. A su lado, Movistar Team dispone un buen bloque con las españolas Sheyla Gutiérrez y Sara Martín. Frente a ella, un nutrido grupo de rivales donde figuran las dos mejores ciclistas rojigualdas: Mavi García (UAE Team ADQ) y Ane Santesteban (BikeExchange-Jayco). En el caso de la vasca, este Tour de Romandía llega en el mejor momento posible.

Ha sido una temporada complicada para Ane Santesteban (1990, Rentería). Una enfermedad marró su mayo, el mes donde se concentran las pruebas españolas más prestigiosas. La Covid-19 se cargó su julio, y con ello la participación en el Giro Donne y el rendimiento en Le Tour Femmes. En septiembre, la referente de BikeExchange-Jayco volvió a encontrar el golpe de pedal y firmó un sexto puesto en la Ceratizit Challenge by La Vuelta. "Durante toda la temporada he marcado mejores números entrenando que otros años", explicaba a pregunta de Relevo en vísperas del Mundial. "En la Vuelta pude demostrarme a mí misma que soy capaz de estar ahí. Me dio confianza que me faltaba después de tanta mala suerte esta temporada". Su tercer puesto este martes en Tre Valli Varesine es el mejor augurio posible antes de un Tour de Romandie que, con la mayoría del pelotón pasado de punto, supone una ocasión de oro para Santesteban. "Siento una energía muy positiva", asevera la guipuzcoana.