Viaje a los inicios de Carlos Rodríguez, del BMX a la gloria del Tour de Francia: "Con él, todos sus compañeros ganaban"
Relevo habla con los técnicos que trabajaron con el talento granadino en las categorías inferiores, moldeando a una promesa que ya es realidad.

"Sé que soy un buen bajador y decidí sacar partido de ello". Nueve kilómetros para meta: Carlos Rodríguez ha llegado al par de Jonas Vingegaard y Tadej Pogačar justo cuando coronan el Col du Ranfolly, la otra cara del temible Joux Plane. Justo a tiempo para dar un par de pedaladas más fuertes y colocarse el primero. "Arriesgué, y estuve a punto de irme al suelo en un par de curvas". Giro a giro, el granadino va abriendo un hueco respecto a los mejores ciclistas del mundo que le permite imponerse en la meta de Morzine. "Seguro que tantos años haciendo BMX me han ayudado", guiña en rueda de prensa.
En la vida, al contrario que en los pasatiempos, los puntos no se unen hacia delante sino hacia atrás. Construimos hacia arriba. No sabemos a dónde nos llevará mañana lo que hacemos hoy; razón de sobra para cuidar nuestro día a día, nuestros actos, nuestros pensamientos. Ser conscientes de que nuestro destino se escribe en cada decisión; de que la vida nos llevará donde nosotros la llevamos, aunque nos cueste imaginárnoslo.
Carlos Rodríguez se apuntó al club ciclista Show Time BMX de Almuñécar con 7 años y estuvo compitiendo con ellos hasta los 14. "Compaginaba la actividad en el club ciclista del pueblo con el de BMX", contaba al diario granadino IDEAL su presidente, Álvaro Pérez. Se convirtió en una de las grandes promesas a nivel nacional; de hecho, formaba parte de la selección española. Sin embargo, también brillaba en la ruta; y no quería descuidar unos estudios en los que hacía gala de un expediente modélico. "Hubo un momento en el que tuvo que tomar la decisión de dedicarse a la carretera, ha acertado y ha logrado que Almuñécar lo sienta como su hijo predilecto porque además es una persona excepcional con todo el mundo".

"Con 10 o 12 años, hacíamos nuestra estrategia en las carreras para picarle… y le ganábamos". Lo cuenta con una risa Juan Manuel Valdayo, responsable del equipo Bicicletas Valdayo de Bollullos Par del Condado (Huelva) en el cual Carlos Rodríguez dio sus pasos como cadete, ya consagrado a la carretera. "En el primer año de cadete, su desarrollo fue increíble. En la primera carrera, en Trebujena, competían juntos cadetes y juveniles en un recorrido que no era fácil. Pues bien: él se fue con un compañero y, a relevos, atraparon a unos juveniles que iban escapados; les dejaron atrás… y, cuando llegaron a meta, Carlos dejó ganar a su compañero".
Si hay algo que destaque Valdayo de aquel joven Carlos Rodríguez, es su dimensión humana. "Era muy humilde. He vivido de primera mano cómo alentaba a niños que estaban en inferioridad, cómo calentaba con los más pequeños del club, cómo se quedaba después de las carreras para animar a los demás… En ese equipo cadete teníamos 10 u 11 ciclistas, y todos ganaron al menos una carrera ese año porque Carlos les ayudaba. Él podía ganarlas todas, pero sólo quería para él las grandes; en cualquier carrera más pequeña, se ponía a disposición del equipo para hacer ganar al más modesto".

En aquella época de cadete, Carlos Rodríguez se proclamó campeón de España de contrarreloj y ganó dos veces la Vuelta al Besaya, la prueba más prestigiosa del calendario nacional tanto en la categoría cadete como en la juvenil. En su primer Besaya, hubo una anécdota que revela otra faceta suya: la determinación. "Porque a él nadie le quitaba nada", recuerda Valdayo. "Yo había recomendado al seleccionador que le llevara a la Olimpiada de la Juventud, y no lo hizo. 'En Besaya a demostrar que ha sido una injusticia', me dijo. Y la ganó".
Completada la etapa cadete, llegó el momento de dar el salto a juveniles. Lo hizo con la Fundación Alberto Contador, donde su principal referente fue su director deportivo Guillermo Gutiérrez. "En él se veía un carácter innato", recuerda el técnico cántabro. "Nunca he visto a un corredor así, que aglutinara a las personas en torno a él. Todos los compañeros querían ser amigos suyos, porque como deportista es un 10… pero, como persona, es un 1000. Se ganaba el cariño y el respeto de los demás tanto dentro como fuera de la carretera".
En esta época entraron en juego los vatios: esa tecnificación (que no profesionalización) necesaria para que el deportista joven pueda crecer más rápido que en ninguna otra época de la historia. "Él trabajaba milimétricamente", cuenta Gutiérrez. "Lo hizo con su anterior entrenador, Fernando Espina, y también con los nuestros. Nosotros no queríamos exprimirle porque nuestra filosofía en la Fundación Contador es evitar que los ciclistas vayan al límite en las categorías inferiores".
Como juvenil, Carlos era "diferente". Brillaba a nivel internacional, terreno antes vedado para los españoles porque en otros países sí se "exprime" a los jóvenes portentos. Se colgó un bronce en el Campeonato de Europa; ganó una etapa en el Tour de Gironde francés, y también un Besaya, y el segundo que le hubiera correspondido no le tocó en suerte porque la estrategia del equipo permitió ganar a un compañero. "A finales de su segundo año juvenil, corrió la Vuelta a Valencia con los sub23 e hizo una barrabasada junto a Juan Ayuso, Raúl García Pierna…" En aquella carrera, Rodríguez ganó una etapa y quedó 2º de la general final frente a ciclistas que le sacaban dos, cuatro, seis años y hoy compiten en el UCI WorldTour, igual que él. Aquel invierno pasó directamente de juveniles a la élite mundial con Ineos Grenadiers. El resto es historia escrita con luz y taquígrafos.
Más allá de las personas que le acompañan en el mundillo de la bicicleta, Rodríguez siempre tiene un pensamiento para su familia. "Si le tengo que dedicar esta victoria a alguien es a mis padres y a mi familia, que me ha apoyado desde pequeño", declaró en Morzine cuando le pidieron una dedicatoria. "Han hecho todo lo que han podido por mí; me lo han dado todo; y estar aquí hubiera sido imposible sin ellos. Todavía hoy siguen apoyándome y tratan de estar conmigo en todas las carreras que pueden. Esta victoria es para ellos".
De su padre, Juan Antonio, y su madre, María del Mar, hablan bien quienes les conocen. "Las mejores personas que te puedes echar a la cara. Personas de verdad, humildes, agradables, detallistas…", se deshace en elogios Gutiérrez. "Siempre dispuestos a ayudar a todos, a los otros ciclistas, a los otros padres", aporta Valdayo. "Por muy lejos que fuera la carrera, siempre estaban ahí con su hijo. Y, cuando llegaba el momento de hacer bocadillos para el viaje o para después de la carrera, los hacían para todos. Con ese ejemplo, normal que Carlos quisiera regalar victorias a sus compañeros".
«Gente muy noble, muy buena»
Tras escuchar a quienes trabajaron con Carlos Rodríguez qué recuerdan de él, planteamos al sexitano la pregunta opuesta: ¿qué recuerda él de sus clubes? «Tengo muy buen recuerdo de esa época de cadete y juvenil», cuenta. «Sigo en contacto con los técnicos que me acompañaron en ella. Son gente muy noble, muy buena. Fue un placer conocerlos. Incorporarme primero al Bicicletas Valdayo y luego a la Fundación Contador fueron dos buenas decisiones, porque la gente con la que coincidí fue increíble. Me alegro de que se cruzaran en mi camino».