Jai Hindley, el nuevo líder del Tour de Francia que no cruzó el globo para "ponerle calcetines a un ciempiés"
El ciclista australiano, debutante en la ronda francesa, consigue la victoria de etapa y el maillot amarillo en la primera etapa pirenaica.

"Improvisar". Eso hizo el australiano Jai Hindley este miércoles, en la primera etapa de montaña del Tour de Francia, su quinto día de competición en la Grande Boucle. "Jugar a ser ciclista"; como toda la vida, desde que tiene uso de razón, pero en el escenario más grande posible. Una fuga inesperada, atrapada con discreción; un remate certero, propinado con resolución; una victoria de etapa y un maillot amarillo inolvidables, conseguidos con exhibición. Sorpresa en el público estival; aplauso en el tendido siete, conocedor de las cualidades de fondista de las que había hecho gala ganando un Giro de Italia y casi otro.
Dice el tópico que la mayor fuerza de una persona reside en sus sueños; la realidad es que corresponde con su determinación. Jai Hindley (1996, Perth) decidió que quería ser ciclista profesional con 6 años, viendo el Tour de Francia por televisión. Él vivía en un hogar de bicis: su padre Gordon, británico emigrado en Australia, estaba involucrado en la escena local como técnico. Animado por la ilusión de su hijo, se sacrificó llevándole a Europa cada verano boreal para que pudiera competir y formarse en las mejores carreras del mundo para cadetes, juveniles… y así hasta que pasó a sub-23 y Jai hubo de volar solo en escenarios tan dispares como Italia (compitió en un equipo 'amateur' de allí), Eslovenia (su salto definitivo a Europa se dio con un equipo Continental esloveno) o China (ganó el Tour de Fuzhou cuando formaba parte del filial del Mitchelton, actual Jayco-AlUla).
💛 The new @MaillotjauneLCL - 🇦🇺 Jai Hindley 💛
— Tour de France™ (@LeTour) July 5, 2023
💛 Le nouveau @MaillotjauneLCL 🇦🇺 Jai Hindley💛#TDF2023 pic.twitter.com/PYRbyrwPEi
Su ascenso al estrellato se produjo en las filas del DSM, uno de los mejores equipos del mundo a la hora de formar talento y de los peores a la hora de retenerlo: la rigidez de su estructura es muy buena para formar, pero acaba abrumando a unos corredores que tampoco ven crecer sus emolumentos a la par que su rendimiento. Se reveló en el Giro de Italia de la Covid-19, cediendo la 'maglia rosa' en la contrarreloj final ante Tao Geoghegan Hart. Dos años más tarde regresó a la gran ronda italiana y, a una semana del final, dejó la frase que mejor le define: "No estoy aquí para ponerle calcetines a un ciempiés".
En aquel momento, Hindley llevaba dos años sin pisar Australia, condicionado por el dichoso coronavirus. Segundo en la general, sólo Richard Carapaz le privaba de la primera posición. Alguien le lanzó una de esas preguntas que suenan a reproche: ¿por qué no atacar y superarle? Y él respondió esa frase hecha, inventada por él mismo, reivindicando que él no estaba aquí para hacer el indio, sino para ser ciclista y ganar. Lo acabó haciendo en el último final en alto, ssacando partido de la cualidad que le atribuyen quienes mejor le conocen: ser capaz de repetir esfuerzos, uno detrás de otro, siempre a su máximo nivel. Es el típico ciclista que se crece cuanto más dura es la carrera: el que no ceja cuando los demás bajan los brazos. Determinación, y no sueños.
"No estoy aquí para ponerle calcetines a un ciempiés". Lo ha dicho de nuevo en la rueda de prensa posterior a su gran triunfo en Laruns, después de explicar que se ha pasado "meses viviendo con la maleta en la mano", "como un monje", "sin ver a mi familia", preparándose para el primer Tour de Francia de su vida, al cual ha llegado maduro y dispuesto a todo pese a "no saber qué esperar" por su falta de experiencia en este gran escenario. Será difícil que pueda estar al nivel de Vingegaard y Pogačar hasta París, pero en esta primera jornada pirenaica se ha confirmado como candidato firme al podio. Y, sobre todo, ha rubricado una actuación inolvidable para él y para esa familia que tanto le apoyó para venir a Europa, que hoy estaba animándole en el Marie Blanque, y a la que ve tan poco cuando se centra en el ciclismo.