TOUR DE FRANCIA

Así consiguió Óscar Freire un éxito único para el ciclismo español en el Tour: "Si no llega a ser por Flecha…"

El cántabro recuerda su victoria en la clasificación de la Regularidad en la Grande Boucle de 2008: el primer y hasta ahora último maillot verde de nuestro pelotón.

Celebra el podio en París. /EFE
Celebra el podio en París. EFE
Fran Reyes

Fran Reyes

A un kilómetro y medio de la meta de la 16ª etapa del presente Tour de Francia, Biniam Girmay da con sus huesos en el suelo y deja el camino expedito para que su máximo rival, Jasper Philipsen, se anote una tercera victoria parcial al sprint y se quede a tiro de piedra suyo en la ahora bautizada como clasificación por puntos. "Espero que 'Bini' esté bien, porque no se merece perder el maillot verde así", enuncia el belga tras recibir sus honores en el podio. Él, que ya lo ha ganado, sabe que en juego hay mucho más que un certamen secundario: que un triunfo así es un gran éxito que puede justificar una temporada, o una vida deportiva.

La históricamente conocida como clasificación de la Regularidad es, por importancia, el segundo premio más importante que se puede conseguir en un Tour de Francia. Casi siempre ha caído en manos de los velocistas, beneficiados por la profusión de llegadas masivas en el recorrido de la Grande Boucle y, dependiendo de la época, por un sistema de puntuación ligeramente decantado en su favor. No obstante, las artimañas para conseguirlo son ilimitadas. Peter Sagan, récordman histórico con siete victorias, solía tirar de escapadas que le permitían sumar en los sprints intermedios. Otros, como el mismo Philipsen, confió en las llegadas masivas.

Parca en sprinters, España sólo ha conseguido un maillot verde desde que fuera creado en 1953 para conmemorar el 50 aniversario del Tour de Francia. Lo consiguió el triple campeón del mundo Óscar Freire (1976, Torrelavega) en 2008. El cántabro llegó a aquella Grande Boucle como verso libre dentro de un Rabobank que pensaba en disputar la general con Denis Menchov. En su palmarés ya contaba tres victorias de etapa en el Tour, amén de otras siete en La Vuelta, dos Milán- San Remo y una Gante-Wevelgem conquistada esa misma primavera. Estaba en plenitud.

Victoria en Tour de Francia Sarrebruck 2002 con maillot campeón del mundo.  EPA
Victoria en Tour de Francia Sarrebruck 2002 con maillot campeón del mundo. EPA

"Fui a por el maillot verde porque me parecía un logro importante y a mi alcance", recuerda Freire en conversación con Relevo. "Fue muy especial conseguirlo. En mi época se puntuaba de manera diferente a la actual: los sprints intermedios apenas otorgaban puntos y casi todos se repartían en meta. Los velocistas puros tenían mucha ventaja".

El cántabro era un esprínter diferente: rápido, pero pequeño, se defendía bien en recorridos duros e incluso pasaba la montaña. "Ahora es más fácil ganar para un ciclista de mis características. El ejemplo es Sagan". Aun así, sacó partido de sus 60 kilos frente a los 70 de Erik Zabel o los 80 de Thor Hushovd "Me metí en un montón de escapadas para rascar puntos en los sprints intermedios de las jornadas de montaña". También se 'agarró' para disputar sprints quebrados como el que conquistó en Digne- les-Bains por delante del colombiano Leo Duque y el propio Zabel. Y, por supuesto, acabó entre los ocho primeros de nada menos que ocho llegadas masivas.

Óscar Freire y Alberto Contador, en un Tour de Francia.  AFP
Óscar Freire y Alberto Contador, en un Tour de Francia. AFP

No obstante, el triunfo no lo consiguió él solo. "Porque buena parte del equipo solo pensaba en la general, pero hubo un compañero que se volcó conmigo", ilustra el cántabro. "Si no llega a ser por Juan Antonio Flecha, yo no hubiera ganado el maillot verde. Fue una pena que no pudiera llegar a París conmigo, pero se quedó fuera de control en una etapa que le pilló a contrapié". Concretamente, la 19ª. "Andaba súper bien, pero en el Tour un día malo o un error te pueden mandar para casa", lamenta Freire.

El genio de Torrelavega recuerda con cariño ese maillot verde. "Fue muy bonito subir tantas veces al podio y ser uno de esos elegidos que participan en ceremonia final de los Campos Elíseos". También sus cuatro etapas; "todas especiales, por ejemplo la primera que conseguí con el maillot de campeón del mundo y la ayuda de Pedro Horrillo en Sarrebruck, que había tanto público que nos costó casi 20 kilómetros pasar del puesto 40 del pelotón hasta el 10 para disputar el sprint".

Y sin embargo, queda un poso de amargura en su relación con una carrera que nunca le acabó de gustar. "Me quedó mucho por hacer en el Tour de Francia", asevera. "Tuve muy mala suerte con las caídas y los problemas de salud. Recuerdo que un año, cuando mejor estaba, tuve que abandonar para pasar por el quirófano y retirarme un forúnculo que me tenía amargado. Me quedó una cuenta pendiente como ciclista tanto con en el Tour como con los Juegos".

Hoy día, el cántabro vive retirado y tranquilo en su Torrelavega natal. "Después de la bici quería descansar, desconectar del ciclismo y tomarme otro tipo de mi vida", narra. "Conforme han pasado los años, me he enganchado de nuevo al ciclismo gracias a mi hijo Marcos, que compite en juveniles. También voy a La Vuelta como embajador de Plenitude. Tengo suerte, porque puedo disfrutar de lo que más me gusta". Después de mucho hacer disfrutar a los aficionados, es su turno.