ENTREVISTA

Erik Zabel no se esconde diez años después: "Sí, es verdad que me dopé"

El exciclista alemán charla con Relevo antes de correr por novena vez l'Eroica en Siena.

Erik Zabel en un sprint con Óscar Freire. /Reuters
Erik Zabel en un sprint con Óscar Freire. Reuters
Julio Ocampo

Julio Ocampo

Nunca alcanzó el nivel de su compatriota Jan Ullrich en las carreras por etapas; tampoco igualó los velocistas Cipollini, Cavendish o Sagan en las pruebas de un día, pero Erik Zabel (Berlín Este, 1970) tuvo un capítulo importante en la historia moderna del ciclismo, al menos mientras estaba subido a la bicicleta (1993-2008).

Precursor de la escuela alemana -con escudos importantes como Kittel o Greipel-, el heredero de Rudi Altig regaló en los 90 sprints prodigiosos. Con más de 200 victorias y varias 'maglie verdi' en el Tour, ganó cuatro Milán-San Remo e hizo tres podios mundiales. Fue constante, heterodoxo y versátil. También reflexivo, calculador y valiente. Hay algo de todo esto en la entrevista con Relevo, justo antes de correr por novena vez l'Eroica en Siena. "¿Me vais a preguntar por Óscar Freire?", pregunta entre la ironía y el sarcasmo.

Sí, claro.

Es mi amigo. Pasamos buenos momentos juntos cuando competíamos. Es cierto que fuimos rivales, pero siempre hubo respeto. A veces tuvimos algún pique, pero nuestra lucha fue deportiva. Después, cuando él dejó Rabobank para fichar por Katusha, le entrené porque entonces yo estaba en el cuerpo técnico.

Antes de hablar de la clásica Milano-Sanremo del 2004 que te birló in extremis por once milésimas, creo recordar que a ti siempre te gustó Alejandro Valverde. ¿O me equivoco?

Todo mi respeto para Alejandro Valverde. El mejor de su generación desde mi punto de vista. Uno de los ciclistas más profesionales, sin duda. Un gigante polifacético.

Volviendo a la carrera de 2004… Tú estabas obsesionado con Petacchi.

Es uno de los momentos que no consigo olvidar, cómo perdí allí. Sí, estaba centrado en rebasar a Petacchi a pocos metros de la meta. Cuando lo hice levanté los brazos para celebrar la que creía sería mi victoria. De repente llegó Freire por detrás. Me quedé en shock. Me ganó; iba rapidísimo. Fue una sorpresa, y como te digo me sigo acordando pese a que han pasado casi veinte años. ¿Sabes lo divertido? Pues que obviamente ganó él, pero hay gente que se quedó con la imagen de mi celebración y piensa que Óscar fue segundo.

Erik Zabel en una rueda de prensa admitiendo el uso de sustancias dopantes. Reuters
Erik Zabel en una rueda de prensa admitiendo el uso de sustancias dopantes. Reuters

Once victorias de etapa en el Tour de Francia y ocho en la Vuelta. Tu magnetismo con la ronda española siempre fue especial. La simbiosis fue mutua. ¿Por qué?

Te lo explico, porque es fácil. Al inicio de cada temporada en mi equipo (Telekom) siempre nos preguntaba qué Gran Vuelta pretendíamos correr. El Tour lo querían todos, el Giro unos pocos y la Vuelta casi nadie porque era la última, así que suponía un esfuerzo grande. También para los periodistas alemanes, quienes normalmente declinaban. Era perfecto para mí porque no había presión mediática de ningún tipo. Si perdías no pasaba nada ya que a nadie le importaba, pero si ganabas… Me gustaba la Vuelta mucho, sí.

¿Allí conociste a Federico Martín Bahamontes?

Sí. Me acuerdo aún de su apodo: The Eagle of Toledo. Recuerdo que mi equipo siempre hablaba de él: mecánicos, entrenadores, otros ciclistas… Decían que fue el mejor escalador de su generación, y probablemente de todos los tiempos. Mi respeto y admiración hacia su figura es profundo, porque lo que hizo es historia. Devoró montañas en vida; yo simplemente traté de subirlas como medianamente podía, muy despacito porque esa no fue mi especialidad. Descanse en paz, porque fue un ciclista superior.

Zabel, sobre la figura de Bahamontes.

Hablando de escaladores, para grabar el documental sobre Ullrich varios periodistas estuvieron en Cesenatico hablando con los padres del gran Pantani. ¿Viste el documental?

No, pero espero que pueda encontrar el camino para volver a la comunidad ciclista. Quizás esto sea el primer paso para Jan.

Se cumplen diez años de tus inflamantes declaraciones al diario 'Suddeutsche Zeitung', donde admitías haberte dopado sistemáticamente desde 1996 a 2004. Recurriste al EPO, pero también a cortisona e hiciste transfusiones sanguíneas. La Katusha te suspendió. Siempre dijiste que entonces "querías mantener una vida de ensueño, dominada por el egoísmo". ¿Lo ratificas?

Sí, claro que me dopé. Es cierto todo lo que dije en su día. Hice uso de sustancias dopantes, pero eso ya es pasado. Desgraciadamente sucedió así, pero espero que la nueva generación aprenda de nuestros errores. Hoy creo que el ciclismo está limpio. Lo deseo.

Erik Zabel, ganador de cuatro Milán - San Remo en su conversación con Relevo.  Julio Ocampo
Erik Zabel, ganador de cuatro Milán - San Remo en su conversación con Relevo. Julio Ocampo

La primera vez que confesaste, en realidad, fue en 2007, cuando estabas en la escuadra de Petacchi: Milram. "Antes del Tour del 96 tomé EPO. Sin doping no se vence", dijiste llorando. En esa ronda gala, que ganó finalmente Riis, estabas en la T-Mobile. Recuerdo que pediste perdón. Una comisión de investigación del estado francés reveló que, además de ti, Cipollini resultó positivo por EPO en el Tour'98. Tu caso prescribió, pero cuando hablas de doping ¿lo haces en plural o singular?

Siempre en singular, siempre hablo por mí, de mi experiencia. Los demás ciclistas no sé.

¿Tienes amigos ciclistas?

¿Sabes? Nunca nadie me hizo esta pregunta. Cuando corríamos era difícil tenerlos, porque había tensión, estrés y competitividad. No hablábamos mucho. Ahora todo es más sencillo, porque estamos relajados, y sí, los viejos rivales son amigos en algunos casos.

En las nueve ediciones de participación de l'Eroica alguno habrás encontrado… Este año finalmente no pudo venir Bugno.

Atmósfera fantástica en Gaiole del Chianti. Vengo porque me gustan las bicis antiguas, y porque no me interesa ganar ni ser el más rápido sino divertirme y conocer gente. Es un perfecto escenario para eso.