¿Cambio de estatus en Ferrari? Así podría afectarle a Carlos Sainz la salida de Binotto
La dimisión del hasta ahora jefe de equipo de la Scuderia llega en un momento en el que el español ha demostrado estar preparado para luchar por todo. ¿Le dejarán?

Las aguas del Panaro y el Secchia, los dos ríos entre los que se ubica Maranello, sede de Ferrari, bajan revueltas. La dimisión de Mattia Binotto como jefe del equipo de F1, prácticamente obligado a ello en los últimos meses, es al mismo tiempo bálsamo y urticante. El ingeniero suizo ha capitaneado un equipo que lleva persiguiendo el objetivo de volver a ser campeón desde 2008 y por el que han pasado desde entonces cuatro jefes de equipo diferentes. Los fallos estratégicos y la falta de desarrollo del monoplaza este 2022 acrecentaron la presión sobre sus hombros; la relación dañada con Charles Leclerc, también le ha ayudado a salir. Pero, ¿ y cómo queda Sainz en todo este juego de tronos?
Fue bajo la batuta de Binotto cuando se produjo la llegada de Carlos Sainz al equipo italiano, gestionada en mitad del confinamiento de 2020. El directivo suizo venía de haber tomado el relevo al siempre controvertido Maurizio Arrivabene a principios de la temporada 2019, en la que logró el subcampeonato, volvió a sumar un doblete dos años después en Singapur y se anotó tres victorias (dos de su joven apuesta, Charles Leclerc). Pero tuvo que firmar un acuerdo confidencial con la FIA tras las quejas de sus rivales sobre su motor y 2020 fue un auténtico despropósito. Los de Maranello acabaron sextos el Mundial, su peor resultado en 40 años (en 1980 habían sido 10º). La marcha de Vettel, cansado ya de no lograr ese quinto título tan perseguido, y la apuesta por Sainz, uno de los nombres con más reputación de la nueva generación, dieron un soplo de aire fresco al equipo.
El español se ha consolidado en estas dos temporadas como hombre de equipo, que aporta un extra a la hora de desarrollar el coche y que es capaz de sumar, aunque en ocasiones tenga que contradecir las decisiones del muro de boxes, con la estrategia en carrera. El ejemplo de Mónaco 2022 es uno de tantos en los que el madrileño ha llevado a Ferrari un paso más allá. No obstante, dentro de Maranello hay muchas voces que apuestan por Leclerc como su piloto, y es que la Scuderia ha sido siempre, o al menos siempre que ha tenido grandes éxitos en las últimas décadas, un proyecto en torno a un piloto.

Lo fue en los años de Michael Schumacher y Rubens Barrichello, y también en los de Fernando Alonso y Felipe Massa, pese a que la diferencia de éxitos entre ambos periodos es notable. Leclerc ya ha dado muestras en estas dos últimas temporadas de que siente que el equipo debe apostar por él. No en balde, se ha formado bajo el paraguas de Ferrari como piloto y dio el salto a la F1 con Alfa Romeo Sauber en 2018 gracias al apoyo de la marca italiana.
En cambio, Binotto ha preferido mantener a ambos pilotos bajo el mismo estatus desde la llegada de Sainz en 2021 como norma general. Pero en la prensa italiana, verdadero cuarto poder en el país y siempre con la lupa puesta en los movimientos del equipo de Maranello, no ha gustado este planteamiento y la campaña de presión desde el verano contra el directivo suizo ha sido continua y descarnada.
Binotto explicó su postura tras la primera victoria de Sainz en F1, en Silverstone el pasado julio. "Tratamos de maximizar los puntos del equipo en cada carrera. Los rivales no deberían ser Charles de Carlos y Carlos de Charles, sino Verstappen, Hamilton y los demás. Sé que siempre que hay órdenes de equipo, todo el mundo nos critica. Dicen que tenemos que dejarles pelear y cuando lo hacemos, entonces dicen que habría que usar órdenes de equipo. Hagas lo que hagas siempre va a estar mal", reflexionó hace cuatro meses. Leclerc ha mostrado su contrariedad con las decisiones de Ferrari de manera habitual y abierta desde el GP de Mónaco.
El enfado monumental después de que la decisión estratégica de Ferrari le dejase con neumáticos más usados que rivales tras el último Safety Car del GP de Gran Bretaña, fue el principio del fin. En Hungría calificó de "desastre" la estrategia del equipo. Y el GP de Brasil fue la guinda del pastel: después de que Ferrari no pidiese a Sainz cederle la tercera posición al monegasco, que luchaba por el subcampeonato con Checo Pérez.
Vasseur, el favorito, un hombre de Leclerc
La salida de ese dique de contención puede situar a Sainz en una posición de segundo piloto para ayudar a Leclerc a sumar siempre el máximo de puntos posible, como ocurre actualmente en Red Bull con Verstappen y Pérez. Si Frederic Vasseur es finalmente el elegido por la Scuderia, como así parece, para suceder a Binotto, el francés podría llegar con una apuesta clara: Leclerc. Conoce al monegasco desde sus tiempos en las categorías de formación previas a la F1 y compartió equipo con él en el año de debut de Leclerc en el Gran Circo. Cuesta pensar que no priorice a su pupilo en los duelos cara a cara con su compañero de equipo.
Pero Sainz ha demostrado este 2022 que cuando todo está en su sitio puede presentar pelea y dar victorias y podios a Ferrari. No obstante, ha sufrido desde el inicio de temporada y en la primera mitad de la misma para extraer el máximo del nuevo monoplaza. Eso, unido a una buena dosis de falta de fiabilidad del equipo italiano y algún error propio, le han lastrado en la general del Mundial. Pero sus objetivos siguen siendo los mismos: hablar en pista y demostrar de qué pasta está hecho en el equipo más laureado y a la vez más complejo de la F1. Hay que recordar que en su primera temporada de rosso fue capaz de batir a Leclerc por 5,50 puntos.
Así, Sainz tiene en sus manos seguir al nivel que ha demostrado en la recta final de esta temporada para poner en serios aprietos el planteamiento de su futuro jefe de cara a 2023. Tiene capacidad para dar un plus a Ferrari, pero le tienen que dejar y va a tener más miradas que nunca puestas en él. Su contrato con los de Maranello dura hasta 2024, inclusive, tras la renovación de esta primavera, y el madrileño confía en sus posibilidades. Le toca seguir trabajando duro, quizás más que nunca.