FÓRMULA 1

Carlos Sainz viaja a los segundos más largos de su vida: "Igual estamos mal de la cabeza"

El madrileño ha recordado el accidente más fuerte de su carrera, cuando pilotaba para Toro Rosso en 2015.

Carlos Sainz, en las barreras en Rusia 2015./AFP
Carlos Sainz, en las barreras en Rusia 2015. AFP
Jorge Peiró

Jorge Peiró

Una persona normal y corriente jamás podrá entender lo que es sufrir un accidente de 46 fuerzas G. Básicamente, porque nunca sufrirá el peso de 46 veces su cuerpo a bordo de un Fórmula 1 contra un muro. Tampoco será capaz de comprender ese masoquismo innato en los pilotos, ese que les anima a subirse al monoplaza nada más haber sufrido un accidente fortísimo.

Carlos Sainz ha removido sus entrañas para recordar el choque más fuerte de su carrera. En los entrenamientos libres de Rusia, en 2015, perdió el control de su Toro Rosso y se estrelló contra las barreras de Sochi. Acabó en camilla después de sufrir una sensación "que no le recomiendo a nadie porque tienes un periodo de tiempo donde dices 'Dios, me la voy a pegar muy fuerte'".

"Yo nunca he sentido esa sensación de 'aquí podría perder la vida', pero sí que he tenido la sensación de 'aquí me voy a hacer daño', que es una sensación muy mala, porque tú, en la Fórmula 1, cuando te pegas una leche, tienes ese momento que pierdes el coche, que pierdes el control, igual impactas primero contra un muro y luego vas al otro como el de Rusia", ha recordado el madrileño en el podcast de Nude Project.

Carlos Sainz, accidentado en Sochi. BBC
Carlos Sainz, accidentado en Sochi. BBC

Cuando Sainz tocó el primer muro, perdió su monoplaza y solo le quedó quitar las manos del volante en un par de segundos que nunca olvidará. "En Rusia pegué primero contra un muro y luego fui sin control directo hacia otro. En ese momento, pasa igual un segundo desde que pego el primer muro hasta que voy al segundo muro, que digo 'esto me va a doler'", ha señalado el piloto de Ferrari.

La mentalidad de los pilotos es única. De masocas. Si se estrellan, solo piensan en volver a subirse al coche para tomar mejor esa curva y rascar alguna décima. "Es curioso, porque al día siguiente vuelves a subirte al coche y ya no la tienes, desaparece; o sea, igual estamos mal de la 'chola' pero no se te queda esa sensación", ha reconocido.

"Nunca he tenido un accidente donde haya dicho 'me voy a hacer daño' o me haya hecho un poco de daño y al día siguiente vayas un poco más agarrotado, todo se te olvida rápido", ha concluido Sainz, que disputó aquella carrera dos días más tarde.