La letra pequeña de la sentencia de la Superliga señala los siguientes pasos: "El tribunal les ha dicho: 'Siéntense a negociar'"
El catedrático Francisco Fonseca interpreta en Relevo los puntos más importantes del fallo conocido este jueves.

La sentencia definitiva sobre el caso entre la Superliga y la UEFA del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sacude al fútbol mundial y provoca el tambaleo de sus cimientos. Un texto de vital importancia para el futuro del balompié y que esconde múltiples particularidades. Algunas de ellas imperceptibles para el gran público. Por eso, Relevo ha recurrido a Francisco Fonseca Morilla, un jurista experto en la materia.
Francisco Fonseca es director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid y de Doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Gracias a su participación en la negociación de los tratados de Maastricht y Ámsterdam, así como en la convención que elaboró la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, textos fundamentales en el devenir de nuestros días, su análisis de la sentencia resulta revelador.
Además, Francisco Fonseca fue director de la Representación de la Oficina de la Comisión Europea en España entre el 2009 y el 2015, año en el que volvió a Bruselas como director general adjunto de Justicia y Consumidores. Su travesía por Europa le convierte en un gran conocedor del contexto jurídico europeo y de sus normas y sus leyes.
«Una derrota» de la UEFA
En su opinión, la sentencia conocida este jueves es "una derrota" de la UEFA porque limita su capacidad para restringir el acceso al mercado futbolístico. "Naturalmente, la UEFA puede prohibir en el futuro algo como la Superliga, pero no como hasta ahora", explica Fonseca.
"Las federaciones tendrán que ajustar mucho más con criterios objetivos y proporcionales cuáles son las condiciones para que otros competidores accedan al mercado y puedan organizar competiciones deportivas. El TJUE ha sido muy tajante al afirmar que los criterios actuales de la UEFA no son objetivos y proporcionales", continúa el catedrático.
En ningún caso, continúa, la sentencia pone en duda la organización piramidal del deporte que rigen las federaciones, algo protegido también por los tratados europeos, pero considera deben primar "las reglas generales de la Unión Europea en lo que se refiere al libre acceso del mercado a empresas competidoras en situación no monopolística".
"Parece claro que el TJUE considera que el deporte profesional es una actividad económica sujeta a las reglas del mercado interno y que las restricciones, que son posibles, deben ajustarse a los criterios fijados en los tratados a efectos de evitar situaciones de monopolio y de abuso de posición dominante", explica Fonseca.
Una sentencia que llevará a una negociación
En su opinión, la sentencia del TJUE equilibra las posiciones y llevará a una negociación. "Esta sentencia, frente a lo que dicen unos y otros, dice: "Oigan, siéntense a negociar cuáles son las condiciones justas y proporcionales que permiten hacer esto", resume Fonseca.
"Que lleguen a un acuerdo entre Superliga y Champions, eso es lo que llama el tribunal criterios objetivos y proporcionales", interpreta el catedrático. Y si a la Superliga le parecen restrictivos, tendrá que volver a recurrir. La Superliga tendría que volver a solicitar este evento deportivo y llegar a un acuerdo con la UEFA, que como no tiene el monopolio no lo puede prohibir".
"La sentencia demuestra que todo operador económico que funciones en territorio europeo tiene que cumplir las normas europeas y que las especificidades legítimas, como puede ser la organización cohesionada de una actividad deportiva desde la base hasta el nivel profesional, pueden ser justificadas a condición de que se hagan siguiendo los criterios estrictos que se describen en la sentencia. Y, por ello, de alguna forma, cabe esperar que empiece un diálogo entre UEFA y Superliga", concluye Fonseca.
¿En qué puede consistir esa negociación? Pues la compatibilización con las competiciones nacionales o la Champions, el reparto solidario del dinero de las televisiones, etc. Lo que está claro es que la sentencia de este jueves no es el punto final de esta batalla, sino el punto y aparte de una guerra por el control del fútbol europeo a la que le quedan aún varios capítulos.