Iniesta y La Roja: Luis mimaba a 'caralápida'; Del Bosque alucinaba con su 'pá, pá, pá'; el 'feeling' con Julen... y el roce con Hierro
Camacho fue, sin serlo, el quinto seleccionador de su carrera: le quiso fichar para el Real Madrid en 2006 e inmortalizó su gol con aquel "¡Ay, Iniesta de mi vida!".

La vida en azulgrana de Andrés Iniesta (2002-18) siempre tuvo una vida alternativa en rojo (2006-18). Ambas permanecerán ligadas de manera imperecedera a su figura. Andrés-Barça-Selección. Una trilogía maravillosa. No se entenderían la una sin la otra. Incluso desde antes de que debutara con el primer equipo azulgrana en Primera y con la absoluta. El Andrés de La Masía alternaba con las inferiores de La Roja desde la Sub-15, con la que debutó el 5-4-2000. Pasó por todas categorías, una por una, para completar 47 partidos antes de debutar con la A. El Iniesta 'rojo' tuvo cuatro seleccionadores... y medio. Desde el banquillo: Luis Aragonés, Vicente del Bosque, Lopetegui y Fernando Hierro... Y desde el pulpito social: José Antonio Camacho con aquel "¡Ay... Iniesta de mi vida!" tras marcar su gol mundialista y con quien antes ya había tenido una relación más que cercana... que aquí será reflejada.
La Selección, que comenzaba a identificarse como La Roja porque así la bautizó Luis Aragonés cuando llegó al cargo en julio de 2004, estaba a punto de disputar el Mundial 2006. Aquel mes de mayo, Andrés recibió tres noticias impactantes. El día 15, el seleccionador le incluía en la lista definitiva para la cita de Alemania... sin haber debutado todavía en el primer equipo; el 17 disputaba y ganaba la Champions con el Barcelona en Wembley ante el Arsenal, aunque no fue titular y el 27 se estrenaba con la absoluta en el Carlos Belmonte en un amistoso contra Rusia. Entró tras el descanso. Tenía 22 años y 16 días.
Luis ya tenía medio formado su once titular para el Mundial, pero pensó que ese chaval enclenque, blanquito, de poca presencia física, tenía algo distinto de los demás. Recuerdo, más o menos textualmente, una conversación con el técnico poco antes de viajar a tierras alemanas. "Habéis enloquecido todos con el chaval este... Pero si no es titular en el Barcelona y el Rijkaard ese no tiene un pelo de tonto... Tu jefe José Ramón, o lo que sea, no deja de hablarme de él. Ya está, aquí le tenéis, pero no creo que juegue mucho. Un Mundial es para hombres y al chico este le pilla un alemán o un francés de estos de dos metros y le manda a la grada... Voy a verle de cerca".

Lo que Luis no quería decir públicamente es que su mano derecha, José Armando Ufarte, la izquierda era Jesús Paredes, también le había hablado mucho y bien del enclenque blanquito al que terminó apodando, cariñosamente, de puertas para adentro el 'caralápida'. "Tiene usted que tomar el sol, que además tiene vitamina D...", le decía cuando se cruzaba con él por los hoteles. Ufarte había hecho debutar a Iniesta con la Sub-15 en el 2000 y después le tuvo en la Sub-20, en el Mundial de la categoría, en 2003, donde España perdió la final contra Brasil. Es decir, tenía sus referencias. Y, efectivamente, le fue viendo de cerca. En el Mundial solo jugó un partido, el tercero de la fase de grupos contra Arabia Saudita con el equipo ya clasificado... pero Andrés ya no se bajó nunca la de la Selección absoluta.
Con la Eurocopa 2008 en el horizonte, Luis le fue dando minutos en el campo y en el diván. El partido que terminó de convencer definitivamente a Luis fue un amistoso contra Inglaterra en Old Trafford porque Wembley estaba en plena transformación. Febrero de 2007. Entró por Angulo en el minuto 56 y marcó el gol del triunfo. Su primer tanto con la Selección. Con el 16 a la espalda controló un balón pasado un par de metros dentro del área y a bote pronto lo colocó en la escuadra más alejada. Desde ese día una de las obsesiones de Luis era que rematase más a puerta y que fuera más agresivo en los balones divididos. Todas las charlas entre ellos tenían el mismo argumento. "Tiene que chutar más, usted tiene un buen remate, como el Xavi este. Déjese de dársela al compañero y chute usted. Controlo y me voy, controlo, me voy y chuto... y tal".
En la Eurocopa ya fue titular. Luis le colocaba a la derecha en el centro del campo. Casi de extremo. Él hubiera preferido jugar por dentro, pero ahí estaban Senna y Xavi. Y hasta Cesc. Ni siquiera tenía sitio Xabi Alonso. El técnico ya formaba parte de la 'peña Iniesta'. "Parece lento, pero es muy rápido y con el balón en los pies, más. Como Gento", llegó a decir un día en una comida de amigos. Se vino arriba. Luis comenzó a cogerle gusto al juego de Andrés. "Con lo canijo que es protege muy bien el balón con el cuerpo, es difícil quitárselo. Se da la vuelta rápido. No tiene un pelo de tonto... Y es bueno robando mete la pierna así, a la 'remanguillé', como Silva, y se lleva muchos balones. Es más fuerte de lo que parece. Si me parece que hasta está cogiendo cuerpo".
"Es bueno robando mete la pierna así, a la 'remanguillé', como Silva. Es más fuerte de lo que parece. Si me parece que hasta está cogiendo cuerpo"
La prueba definitiva para saber el grado de confianza que el seleccionador tenía en el jugador llegaba con una pregunta. ¿Iniesta qué es, bueno o bonito? Así es como catalogaba Luis a los futbolistas. Buenos o bonitos. La respuesta fue inmediata. "Es un bueno-bonito, o un bonito-bueno". Andrés ya era, definitivamente, uno de los suyos hasta su último día en el banquillo de La Roja. Aquella noche de Viena del gol de Fernando Torres. Iniesta disputó con Luis 29 partidos.
Del Bosque y las charlas sobre el puesto
A pesar del disgusto que se llevó por su dimisión, Iniesta supo bien pronto que su sustituto en el cargo iba a continuar contando con él. Del Bosque no le iba a dar esas charlas que a veces parecían regañinas y que acojonaban un mucho, pero nadie iba a tocar su estatus de imprescindible. Eso sí, le iba a cambiar de banda. Tampoco con el nuevo técnico, Andrés iba a cumplir su deseo de jugar por dentro. Vicente veía a Iniesta partiendo de la banda zurda, como Zidane en su Real Madrid. Es una pequeña espina que el técnico tiene clavada, cuando le preguntas por uno de sus futbolistas preferidos.
"Yo había sido centrocampista y entendía perfectamente que Iniesta quisiera jugar por dentro, en el meollo del juego. Ahí había jugado yo siempre. Es la zona del campo donde más te diviertes. Donde más tocas el balón, participas más, donde más puedes influir en el juego. A mí me gustaba ver a Andrés en la banda. Visibilizaba que recibía ahí y estaba en una zona decisiva para encarar. Una zona imparable para él por su cambio de ritmo. Yo le veía casi más decisivo que en otra posición más interior. Sabía que él prefería jugar por dentro, lo habíamos hablado mucho, pero no me podía dejar convencer. Yo, además, sabía que tampoco era que se sintiera incómodo y no tuviera soluciones para jugar por fuera, sino que era una cuestión de influir más en el campo y en el juego desde dentro. Yo creía, y sigo creyendo, que desde la banda también influía y mucho más de lo que él pensaba. Cuando controlaba y arrancaba ya era imparable. Bien en una acción individual o con un pase. Sus pases cerca del área rival no eran los pases de seguridad de un mediocentro, eran pases de gol. Sí es verdad que en la banda tenía que tener un poco más de paciencia para esperar a que le dieran el balón".

Por estar presente en más de una charla ya ambos fuera de la Selección, soy consciente de cómo los dos afrontaban el tema. Ya no era una conversación técnico-futbolista. Era una charla de fútbol y Andrés no terminaba muy convencido de las explicaciones de Vicente. "Lo mejor de Andrés es que siempre tuvo la buena voluntad de querer ayudar donde le pusiéramos. Sabíamos lo que le gustaba, pero siempre rendía le pusiésemos por la derecha, por la izquierda, abriendo el campo... Yo le veía recibiendo el balón cerca del área, abierto. Era imparable. Cuando una defensa estaba cerrada no había otro mejor que él para abrirla y crearnos posibilidades de ataque y llegada. La pelota no le daba miedo. Lo mejor de Iniesta es que elegía el toque perfecto a cada acción. El día del partido contra Chile en el Mundial marcó con el interior, toc, un toque suave. Y, sin embargo, el día de la final con el empeine total, atacando la pelota arriba. Aquel fue un golpeo muy difícil. Lo lógico hubiera sido que el balón se le hubiese ido alto. Pero, amigo, su técnica era exquisita… Siempre recordaré que muchas veces, antes de comenzar los entrenamientos, me salía antes al césped y me sentaba a ver cómo Andrés, Xavi, Xabi... golpeaban los balones. 'Toc, toc, toc...', 'pá, pá, pá...'. Era el golpeo, una maravilla escucharlo. Sonaba distinto a otros, posiblemente porque vosotros lo hacíais todos los días...".
Gran 'feeling' con Lopetegui.
Acabó la era Del Bosque (2008-16) y llegó la de Lopetegui (1-9-16), que comenzó con una victoria en Bélgica (0-2). Andrés, lesionado de la rodilla, no estuvo en los dos primeros partidos, pero fue el propio Julen quien se encargó, con una visita particular a su domicilio en Barcelona, de expresarle su total confianza y que le tenía reservado un papel especial en el equipo para cuando estuviera recuperado de su percance y metido ya en la dinámica de su equipo. Así fue, apenas un mes después, Iniesta ya estaba en la lista del partido contra Italia. "Es un jugador ejemplar y su importancia para nosotros, va más allá del terreno de juego", decía el técnico.

Entre ellos corría el 'feeling'. Iniesta fue titular siempre quesu estado físico se lo permitía y el seleccionador tuvo el detalle de retrasar tres días la lista definitiva para el Mundial de Qatar, para no eclipsar un acto de homenaje que había programado el Barcelona por la marcha de Andrés. Por supuesto, Iniesta estaba en ella. "Juegue donde juegue Andrés es un jugador vigente", sentenció el seleccionador.
Nadie podía prever entonces lo que pasaría poco después en tierras qatarís con el despido de Lopetegui, pero Iniesta fue de uno de los jugadores que más criticó la decisión de la Federación. De hecho, fue a uno de los primeros que se lo comunicó el presidente Rubiales y se encontró con una respuesta tajante del futbolista. "No estoy de acuerdo con la decisión de destituir a Julen". A las pocas horas, Fernando Hierro era nombrado nuevo seleccionador.
Lo de Hierro, olvidado, pero no perdonado
A poco más de 48 horas de estrenarse el Mundial, su cuarto campeonato del mundo, se encontraba con su cuarto seleccionador. Iniesta fue titular los tres primeros partidos del grupo y en el cruce contra Marruecos fue suplente. Fernando Hierro habló con él la víspera del partido y le dijo que no iba a ser titular. España perdió en los penaltis y la eliminación le costó el puesto al técnico. Posiblemente, también influyó su decisión de dejar en el banquillo a Iniesta.
Hasta públicamente, Hierro, poco amigo de hablar de individuos, había manifestado en su etapa de director deportivo de la Selección, que Iniesta era su niño bonito. Pasado el trance, Fernando aceptó su responsabilidad y dio su versión de los hechos con naturalidad. "Fue al único jugador que le dije en la concentración que no iba a jugar al día siguiente. No fue fácil. Fue una cuestión táctica. Pensaba que el partido nos iba a pedir una cosa y que a Andrés lo íbamos a necesitar más tarde, o en la prórroga, si había. Fue solo una decisión futbolística. No era un castigo. No tenía por qué castigarle. ¿Por qué? Fue una decisión de entrenador que pensaba que Andrés en la última media hora me podía ganar el partido. Así de claro. Me sentía yo peor que él, seguro. Estaba convencido de que Rusia iba a bajar su físico y ahí íbamos a encontrar su espacio y frescura. Acabamos jugando con Rodrigo, Isco, Iniesta y Aspas, cuatro delanteros. Y los laterales. Yo por Andrés sentía y siento adoración".
El jugador, por su parte, aceptó esas palabras, pero nunca las comprendió. En este caso olvida, pero no perdona. "Yo siempre respeté las decisiones de mis entrenadores y aquella decisión la respeté, pero no la podía compartir. Él creyó que era lo mejor para el equipo y para el partido. Es respetable, un entrenador no va a hacer algo que piense que puede perjudicar al equipo, pero no lo podía compartir, ni por el momento, ni por todo. Fue muy duro. Lo pasé muy mal".
Camacho protagonizó su momento más blanco
... Y aunque nunca fuera su entrenador ni, por supuesto, su seleccionador, Andrés Iniesta tiene en su carrera un técnico que expandió su figura como nadie, con aquel "¡Ay, Iniesta de mi vida!" tras el gol de Johannesburgo. Incluso antes de aquella frase que dio la vuelta al mundo, Camacho ya había entrado en la vida de Iniesta mucho antes. Concretamente en junio de 2006. Andrés ya era jugador del Barcelona y estaba en plena fase de renovación-prolongación de su contrato. No le había gustado nada ser suplente en la final de Wembley contra el Arsenal y el Real Madrid estaba en pleno periodo electoral tras la dimisión de Florentino Pérez en el mes de febrero.
En el mundo del fútbol, los comicios electores son sinónimos de promesas electorales en forma de futbolistas. Camacho iba en la candidatura de Juan Palacios, uno de los candidatos. Su futuro puesto, en caso de victoria, sería ser entrenador. Para la dirección deportiva, el tapado era Vicente del Bosque, que recibió oferta de tres de los aspirantes a la presidencia. Como buen 'rey de la prudencia', Del Bosque no dijo públicamente a quién iba a ayudar, pero por su amistad casi fraternal con Camacho, todos los medios de comunicación de la época insinuaban que el salmantino volvería al Real Madrid en caso de que ganara esa candidatura.

Con la fecha electoral a 48 horas vista, en una comida con la Prensa que había seguido la campaña de Juan Palacios, Camacho anuncia que en caso de victoria tienen apalabrado para jugar en el Real Madrid a uno de los mejores centrocampistas españoles. Horas después, la SER anuncia que ese jugador es Andrés Iniesta. Comienzan a conocerse más detalles. Una conversación de un miembro del equipo de Palacios con Ramon Sostres, abogado del jugador, saltó a la palestra. Al mismo tiempo, no se niega por el entorno del jugador su malestar por la oferta de prolongación y sobre todo, por no ser indiscutible para Rijkaard sobre el terreno de juego. La cláusula de recisión del jugador era 'sólo' de 60 millones de euros y su contrato finalizaba en 2010 porque había sido renovado en noviembre de 2004. Camacho al acabar aquella reunión, callaba, pero no paraba de reirse.
Con el tiempo, tanto él como quien iba a ser su presidente reconocieron que la operación estaba en marcha y que Iniesta, en esos momentos, no veía con malos ojos un billete de puente aéreo. Nunca se pudo saber si aquella oferta hubiera fructificado o no. Ganó las elecciones Ramón Calderón. Pero mucho de verdad debía haber en esas presuntas negociaciones, cuando Pedja Mijatovic, director deportivo del presidente elegido, recibió una llamada preguntándole si el Real Madrid seguiría interesado en el fichaje de Iniesta ya con un presidente en el cargo. El montenegrino consultó y la respuesta fue afirmativa. Nuevas negociaciones. Hace unos meses, el propio Pedja reconocía públicamente en un programa de televisión que su club había podido fichar al azulgrana en ese verano de 2006. "Hubo negociaciones con su representante a través de su padre. Estábamos dispuestos a pagar la cláusula. Era un jugador al que ya admiraba. No sé si estuvimos cerca, pero le queríamos fichar y hubo negociaciones". Lo que pudo ser, pero nunca fue.
Camacho tira balones fuera siempre que se le plantea el asunto, pero nunca ha podido disimular su debilidad por Iniesta. "Que Andresito no tenga un Balón de Oro es una de las mayores injusticias que se han cometido en la historia del fútbol. Si ese premio lo votan los entrenadores, los jugadores y los periodistas es que ninguno saben de fútbol. Es más, al menos dos tendría que tener. Yo, cuando fui seleccionador de China, le voté a él primero, por supuesto".
Sobre su frase en el momento del gol, José Antonio tiene una teoría. "Todo el mundo me dice que me escucharon decir lo que dije y no es verdad. Es más, creo que no se enteró casi nadie en ese momento porque todos estaban celebrando el gol, cantando, gritando, llorando... y lo menos escucharon fue mi frase. Del 'Iniesta de mi vida' se enteraron después, en la repetición. En ese momento nadie me podía estar escuchando. La frase me salió y ya está. Eso no se puede llevar ensayado. Además yo era un entrenador no un locutor o un periodista. Lo que sí tengo claro es que ese gol no es sólo de Iniesta y se lo he dicho varias veces. Fue el gol de todos los españoles y de toda la gente del fútbol que, muchos de ellos, llevaban años y años buscando algo así y nos lo encontramos con el gol de Iniesta... ¿Que cuántas veces he visto el partido grabado? No muchas, no creas, dos o tres. Eso sí, el gol con mi frase me lo ponen hasta cuando voy andando por la calle".
En su despedida, Andrés Iniesta dirá adiós también a sus 131 partidos internacionales, que podían haber sido más de 150 si no hubiera sido por culpa de las puñeteras lesiones. Rememorará que ganó un Mundial y dos Eurocopas y marcó un gol para la eternidad. Su vida sin La Roja nunca hubiera sido igual.