OPINIÓN

Anestesia total y letal

Ibrahima Konate agarra a Vinicius para intentar frenarle. /AFP
Ibrahima Konate agarra a Vinicius para intentar frenarle. AFP

Poco puede hacer el rival, aunque se llame Liverpool, cuando el Real Madrid entra en su vestidor y se pone el traje de la Champions. Todas las teorías sobre las pasadas desconexiones de los blancos (Juventus, Chelsea...), cuando llegan con ventaja de los partidos de ida, quedaron disipadas con el comportamiento de los de Ancelotti desde que el balón comenzó a rodar. Anestesia total. Anestesia letal. Un Madrid serio, concentrado, defensivamente certero; con Kroos y Modric en plan mandón y con Vinicius tan clarividente como casi siempre, echó al rival del partido.

La consigna era evidente. Clara predisposición a que en situaciones como la que tocaba es siempre mejor atacar que defender. Además, invitaba a ello la alineación del enemigo. Klopp quiso impresionar con cuatro delanteros olvidándose de que un gran tanto por ciento de los partidos se ganan en el centro del campo. Sin centrocampistas no suele haber juego y sin juego no suele haber gol, ni siquiera ocasiones.

Donde el Liverpool puso dos volantes (Fabinnho y Milner), Ancelottti puso tres que en realidad eran cuatro (Valverde, Modric, Camavinga y Kroos). Ahí cimentó el equipo madridista su control de la situación. Hasta en el correcalles del primer tiempo con ocasiones en las dos porterías y dos guardametas tremendos de reflejos, el Madrid mostraba su superioridad. Mejor en el ida y vuelta y mejor en el juego posicional.

Me defiendo atacándote le dijo sin decírselo Ancelotti a Klopp. Le salió bien al italiano porque al alemán le salió mal. Posiblemente el germano no tenía otra salida que acumular delanteros ante las lesiones de los Henderson, Thiago y Bajcetic... pero quedó claro que el equipo no sabe jugar con esos elementos. Equipo demasiado largo, roto en dos mitades y sin contundencia en ninguna de las dos áreas.

Con la eliminatoria sentenciada, Ancelotti no quiso airear el banquillo, que parecía lo más natural. Debía estar tan ensimismado con la clasificación para octavos que ni siquiera pensó que el domingo los suyos se juegan una final en el Camp Nou. Solo cuando Benzema cerró la clasificación dio descanso a los titulares. Era su particular premio a su buen partido.