Al Atleti no le da para más: la final que el Real Madrid no quería

La Copa del Rey se vistió de máximo lujo en sus semis. Casi como si fuera la mismísima Champions. Martes y miércoles de pasión futbolística, casi en vísperas de la otra pasión que conmueve a parte del país. Tras el partido del Bernabéu en el que los errores pudieron más que los aciertos (4-4), el Atlético-Barça, comenzó a jugarse inmediatamente después de que el Real Madrid se clasificara para la final. Pasó a ser un desafío a tres bandas con los aficionados de los tres equipos como grandes protagonistas en espera de lo que más tarde ocurriera sobre el terreno de juego.
Que por la noche no se jugaba un encuentro del montón, lo comprobé por lo pronto que comenzaron a sonar los pitidos de Whatsapp. Los primeros mensajes fueron de los que se consideran tan íntimos que se toman la licencia de abrirte los ojos antes de las nueve de la mañana. Los madridistas estaban bien despiertos a pesar de que se habían acostado tarde. Ni resaca tenían los tíos. Leo a Miguel e imagino su bigote. Es blanco, blanco como la leche y la horchata juntas. Tenía bien claro con quien iba a ir por la noche. "Yo voy con el Atlético. Tal y como estamos, el Barça nos lleva por delante en la final como en la Supercopa o en la Liga. Si entre el Leganés y la Real nos han metido seis en el Bernabéu en dos partidos, mejor no ofrecerles otra oportunidad y encima en terreno neutral".
Llega el turno de un rojiblanco de pro, se llama Enrique y ya ha paseado hasta al perro. Su segundo equipo, a veces, incluso, primero, es el que juega cada jornada, sea de la competición que sea, contra el Real Madrid. "Me da lo mismo la final, que pase el Barça. Después de lo de la Champions y lo de Lisboa y Milán, no quiero una final contra los 'vikingos'. No quiero ni plantearme la posibilidad de viajar a la final. Mejor perdemos y me quedo en mi casa viendo como el Barça le gana al Madrid".
Los amigos culés no tardaron en entrar en escena. Se llama Antonio y está crecido hasta confesar que le daba lo mismo quien ganara por la noche. "A los dos nos lo llevamos por delante en Sevilla. Puestos a elegir, que pase el Madrid. Les tenemos comida la moral. La final de Copa vale más si se la ganas a los blancos. En el fondo, el Atleti nos cae bien. Tenemos un enemigo común". Las cartas de los tres contendientes estaban planteadas. Solo faltaba jugar el partido de verdad.
🦈 El colmillo del tiburón está más afilado que nunca en la Copa.
— RFEF (@rfef) April 2, 2025
🎙️ "Es un gol que he disfrutado muchísimo con los compañeros".@FerranTorres20 jugará su segunda final después de dar con su tanto la clasificación al @FCBarcelona_es.#LaCopaMola🏆 | #CopaDelReyMAPFRE pic.twitter.com/JPDEQ7yehk
Y en las pizarras, la primera sorpresa. Lewandovski, suplente. A este Flick que se alimenta de los abrazos a sus jugadores, no le tiembla nunca el pulso. Al menos hasta ahora. Se deja llevar por sus intuiciones. Ferran, su relevo, abrió el marcador y comenzó a materializar en el marcador la inmensa superioridad de su equipo. Acunado entre el alemán y el inglés y huyendo de expresarse en español, para no tener que dar muchas explicaciones sobre sus decisiones, el técnico alemán parece bendecido. Todo lo que prueba le sale bien y sus jugadores parecen dispuestos a ratificar que estamos ante un entrenador ganador.
Simeone, la noche del juicio final, montó su once con la cabeza puesta en Yamal y Raphinha. De ahí que Azpilicueta y Reinildo fueran titulares. El objetivo no era otro que cerrar los caminos hacia el gol a los azulgranas. Defender antes de atacar, aunque el partido comenzaba en empate. El soporte defensivo estaba a camino entre los cuatro y los cinco defensores y el centro del campo planteaba una evidente inferioridad numérica, precisamente donde el Barça acumula hombres. Mientras el Barça iba a lo suyo, a lo de siempre, a presionar arriba y multiplicar sus ataques, Simeone abrió su 'puerta giratoria'. Llorente dejó la banda para buscar a Pedri por la parcela central. Giuliano cambio de banda y Griezmann y Álvarez no podían disimular que no estaban en la pelea. Pálpitos de que no era su noche.
El resultado y las sensaciones exigían más madera rojiblanca y tras el descanso el técnico argentino quemó lo que le quedaba en el banquillo, Sorloth incluido. Al menos durante 20 minutos largos, mejoró tanto el Atlético como empeoró el Barça, pero no fue suficiente ese baño de agua fresca. Más amagues que golpes. No tardaron los de Flick en recuperar el control y, sin alardes, lejos del nivel mostrado en los últimos duelos, fueron dejando pasar los minutos con el convencimiento de ser superiores y que el 'tran-tran' le iba a servir para defender su victoria.
Al Atlético se le acabó la temporada. Estos dos meses le van a parecer una eternidad. Su última oportunidad fue ficticia. Tras los últimos resultados, el equipo demostró no tener capacidad para la reacción ni futbolística ni mental. El curso 24-25 ya es historia.