BORJA FERNÁNDEZ

Los días en el calabozo del futbolista que era inocente: "Me crucé hasta con Poli Díaz"

Borja Fernández recuerda en Relevo, cuatro años después, su detención en el caso Oikos, del que ha quedado absolutamente desvinculado y libre de cargos.

Borja Fernández atendiendo a Relevo desde su casa, en Valladolid./Relevo
Borja Fernández atendiendo a Relevo desde su casa, en Valladolid. Relevo
Sergio Fernández
Samuel Subiela

Sergio Fernández y Samuel Subiela

Ahora hasta se ríe, pero aquello no fue ningún chiste. Un sumario policial que hacía aguas por todas partes llevó a Borja Fernández (Ourense, 1981) a ver cómo una mañana como hoy de hace cuatro años, un grupo de policías entraba en su casa y delante de su hija menor de edad registraban todo su domicilio y se lo llevaban detenido. ¿Qué había pasado? Ni él lo sabía.

Borja Fernández cuenta a Relevo sus peores momentos tras el 'caso Oikos'.VÍDEO: SAMUEL SUBIELA

Se había tomado un café en Valladolid con Raúl Bravo y este, junto con Carlos Aranda, habían hablado por teléfono dejando entrever que había partidos amañados y uno de ellos podría ser del Valladolid. El nombre de Borja nunca apareció y, en cuanto la investigación avanzó un poquito quedó claro que el partido amañado nunca fue el del Valladolid.

Dio igual. Con especial interés le bajaron esposado a la puerta de su casa (podían haberlo llevado al garaje) sabiendo que había prensa en la calle. Pasó por calabozos en Valladolid, Madrid y Zaragoza, además de los de los juzgados de Huesca y el juez, en cuanto vio las "pruebas", se llevó las manos a la cabeza.

Han tardado, como siempre pasa, los "tiempos" judiciales, pero Borja Fernández está fuera del caso. Jugó con los Galácticos en el Real Madrid y fue un símbolo del Valladolid. Iba a tener un cargo precioso en el club, así se lo prometió su amigo Ronaldo, pero esta detención se lo cargó todo y esa promesa no se cumplió.

Ahora vuelve a disfrutar, como siempre, y hasta mete goles. Bueno, un gol, que tampoco ha sido nunca un killer... Disputa la Kings League con su amigo Iker Casillas y sigue buscando la oportunidad de demostrar lo que más le apetece: sus cualidades como entrenador.

La mañana de su detención

A partir de aquí ya os los va a contar todo él. El relato de cómo fue su mañana de hace cuatro años. El día que le cambió la vida.

"Recuerdo que entró mi hija de 16 años en la habitación", rememora Borja para Relevo. "Yo estaba en el baño y me estaba haciendo el remolón un poco más, pero dijo que estaba la Policía y yo, al principio, pensé que habría un incendio o algo. Pero estaba tranquilo. Después creí que le podía haber pasado algo a mi pareja de entonces, que estaba en Milán en ese momento, pero ya cuando entran en mi cuarto entiendo que no, que eso es por mí. Pero claro, no sabía nada de nada".

"Tenía contacto visual con mi hija. Ella estaba nerviosa. Se tenía que ir al colegio y yo sólo intentaba tranquilizarla. Decirle que no podía ser por nada grave. Pasado un tiempo me dan un papelito que habla del Girona-Huesca o no sé qué. Pero luego es cuando me piden el teléfono y el pin, con los códigos. No tenía por qué dárselos, pero no tenía nada que esconder y quería que eso acabase cuanto antes. Así que se lo di. Nadie me decía nada, entre ellos estaban hablándose con un grupo de Whatsapp. Venía gente a casa, la compra... y les cerraban la puerta. Llegó mi hermana para hacerse cargo de mi hija y ahí empezaron el registro. Tenía como 1.600 euros en casa y les dije dónde estaba, pero fue todo muy extraño. Estaban siempre como buscando la sospecha. Había otros 150 euros de efectivo, que es lo que yo llevaba en el bolsillo del día anterior, pero a ellos les pareció sospechoso. También encontraron dos DNI míos. Lo típico que pierdes uno, vas a hacerte otro y después aparece el primero, ¿no? Pues a ellos les debía parecer como que usaba dos identidades, o algo así. Que sólo había que leer para ver que no, que eran iguales, pero bueno...".

«Que sepas que ya han hablado de ti»

"La Policía de Valladolid también estaba. Hubo una discusión aquí porque ellos le decían a los de Madrid que no tenían por qué esposarme y que podían meter el coche dentro para sacarme por el garaje. Que había prensa abajo y que no hacía falta que me grabasen, pero la Policía de Madrid dijo que no. El de Valladolid se puso un poco gallito diciendo que no me iban a sacar así, pero al final recibió una llamada de Madrid, de un superior, y ya no pudo hacer nada. Uno de los de la UCO de Madrid me intentó ayudar para meter el coche en el garaje, bajamos en ascensores diferentes y todo, pero allí ya me pusieron las esposas y bajé con todo puesto. Yo estaba gallito en plan "no tengo nada que esconder", pero ellos pusieron una chaqueta por encima de las esposas y al llegar abajo, el que me quería ayudar de UCO me dijo "lo siento". No me había podido ayudar ni con sus propios compañeros. Salí a la calle y había prensa allí, pero yo me enteré después, al ver fotos, a los tres días siguientes".

"En la comisaría de Valladolid estaba ya mi amigo abogado Gustavo. Me meten en un despacho, hablamos, les cuento hasta donde yo sé y les digo que es imposible que haya nada. Porque ya en el coche me iban haciendo de poli bueno/poli malo. "¿Tú te has visto con Raúl Bravo?", y les dije que sí, que la semana anterior. Intentaban llevarme no sé a dónde diciendo "que sepas que ellos ya han hablado de ti, que ya han dicho que tú estás metido en el ajo y que ellos no van a mirar por nadie". Claro, ahí me preocupé un poco porque no entendía nada. Luego me enteré de que, cuando hay secreto de sumario, tú no declaras. Pero mi abogado dijo que si no tenía nada que esconder, que no había problema así que declaré. Me hicieron unas preguntas los mismos policías que estuvieron en mi casa. Se extrañaron mucho cuando dije que sí que había estado con Raúl Bravo pero que yo no comí, que comieron mi mujer y mi hija. Ahí se miraron entre ellos como pensando que la habían liado porque no cuadraba que mi mujer y mi hija hubieran estado en esa conversación".

"También me intentaron hacer de poli bueno y poli malo en otro momento que yo estaba solo en otra sala con un miembro de la UCO. Empezaron a caérseme las lágrimas y me dijo "cómo te metes en estos fregaos...". Y yo le dije "si es que yo no he hecho nada". Y me miró como diciendo... "eso lo dice todo el mundo".

"Yo les decía: no, si vosotros estaréis haciendo vuestro trabajo, pero a mí me estáis jodiendo la vida". 

El calabozo... y Poli Díaz

"Y ahí empiezo a enterarme de que iba a pasar la noche en el calabozo, que iban a ser dos días, luego tres... Fue muy duro. Ahí me bajaron al calabozo, me hicieron fotos, yo intentaba descansar, pero hicieron mal las fotos y las tuve que repetir, me pidieron muestra de ADN... me iba durmiendo, iba comiendo algo... Hasta que a las 18 ya nos fuimos a Madrid en coche. Y ese fue el calabozo en el que iba a dormir esa noche. 

Estaba sólo en el calabozo. Unas dos horas. Me dicen que iba a dormir ahí, pero yo ni entraba en el banco ese. Luego me llevaron a un calabozo donde había más gente alrededor y ahí pasé la noche. De hecho coincidí ahí con Poli Díaz. Yo al principio no me enteré porque estaba ahí, con los brazos como cruzados en plan película, super fuerte el tío, pero al día siguiente me dijo Raúl Bravo: ¿Has visto a Poli? Y ahí ya caí...".

Borja y su encuentro con Poli Díaz.

 

"Me tuvieron que volver a repetir las fotos otra vez y tomarme las huellas. Debían estar muy perdidos... "Borja Rodríguez noséqué", me dijeron. Y yo diciéndoles que no era yo. "Que sí, que aquí lo pone". Pues vale, pues nada. 

"Y luego a mediodía ya trajeron a Raúl Bravo y a Íñigo López y al principio nos dijeron que no podíamos estar juntos, pero después nos llevaron a todos en un coche hasta Huesca".

«¿Tú qué haces aquí?»

"Raúl Bravo me decía: "¿Pero tú qué haces aquí?". Y yo le dije: 'pues tomar un café contigo'. Y él no se lo creía. "Imposible, tú has tenido que hacer algo porque si no no sé qué haces aquí". Pues, Raúl, es lo que me han dicho.

Íbamos en el coche, yo imaginaba que nos habían puesto micros y él decía "pero que no, Borja, que cómo vas a estar tú aquí", y yo intentaba hablar un poco más alto para que la conversación se grabase bien [risas]".

Ratas en el calabozo

"Llegamos a Zaragoza, donde en teoría teníamos que dormir, y nos dicen que allí no nos esperaba nadie. Que allí no nos podíamos quedar porque igual hacía cinco años que no se quedaba nadie allí y que habría hasta ratas en el calabozo. Y que no sabían qué estábamos allí. Pasamos una hora en ese calabozo y nos llevaron a otro en el que tampoco nos esperaba nadie y no podían hacerse cargo de las diligencias. Hasta se plantearon volvernos a llevar a Madrid, pero al final el encargado se hizo cargo y nos pudimos quedar allí. Era un desastre todo el rato. A la mañana siguiente ya fuimos, cada uno en un coche y escoltados, todos a Huesca, al Juzgado".

"Me dijeron que no hablaban de mí. Que era la Policía la que creía que hablaban de mí. Mi abogado entonces se puso un poco nervioso porque llevaba tres días en el calabozo y no salía mi nombre en ningún sitio. Y el juez me dijo que seguramente me dejarían y me apartarían del caso. Tardaron un año y medio porque el caso se convirtió en macro-causa pero mi nombre seguía sin salir en ningún sitio. Hasta que uno de los encausados dijo en un audio: "Es que del Valladolid no sabemos nada. Donde están los siete comprados es en este partido". Y nombró el otro, que no tenía nada que ver con el Valladolid. La Policía no quiso investigar, fue todo muy rocambolesco, se inventaron las cosas, les cuadraba muy bien su versión y ahí estuve yo en el calabozo y un año y medio en boca de todo el mundo".

Llorando en el water

"El momento al que mi cerebro se va cuando recuerdo todo esto es a la mañana en la que, sentado en el water, leo que ya no estoy en el caso. Era un correo de la procuradora, que no tenía ni buena pinta, de hecho pintaba súper mal cómo lo había redactado el juez pero de pronto, cuando leo el final y veo que cambia... "Sobreseimiento parcial"... hala... Estaba yo solo en casa, empecé a llorar, hice una captura, se lo mandé a mi familia, a mi abogado... Ese fue el momento más impactante de todo. Sentado en el water y llorando como un descosido. Se me caían los mocos, estaba inconsolable... ¡por fin!

"Mi peor recuerdo fue ya en casa, que tenía una oferta del Valladolid que había aceptado, pero fue pensarlo y creer que mi vida ya había cambiado. Que tenía que vivir de lo que había podido ganar, de las rentas, porque el fútbol se había acabado para mí. Con esta sospechas... ese momento fue muy duro por todo lo que había trabajado en estos años. Me acababa de retirar, llevaba 10 días en los que todo todo lo que me estaba pasando era muy bonito...".

"Y luego en el calabozo lo peor era darle vueltas a qué estaría pensando mi familia de mí, y si mis abuelos estarían bien. La incertidumbre de si les había pasado algo a mis abuelos era de lo que más me atormentaba. Yo estaba tranquilo en el calabozo pero hubo un momento en el que, con mucha tensión al declarar, no sabía qué hacer. ¿Lloro? Porque me sale llorar, pero igual piensan que me estoy arrepintiendo. ¿O estoy tranquilo? Porque si finjo estar tranquilo pensarán "mira las tablas que tiene este".

«No te pongas cordones»

"Necesitaba ir al baño porque no había podido ir. Bueno, sí, pero se metía una persona conmigo. Me dijeron "no te pongas cordones", que cuando ya escuchas eso piensas que te vas al calabozo, claro. Que es real". 

"Ahora estoy bien porque yo tengo la actitud que tengo, pero esto le pasa a otro y está toda la vida de psicólogos. A mí el club no me apoyó. Yo tenía un contrato de cuatro años y necesitaba que el club dijera que yo era su jugador y confiaban en mí. Y luego que si había hecho algo malo, pues vale, lo que fuera, pero si hubiera sido culpa mía. Eché eso de menos. Personalmente sí estuvieron pendientes de mí tanto Ronaldo como Carlos Suárez (ex presidente del Real Valladolid), pero como club, no. Por Ronnie sí me sentí muy arropado".

Reencuentro con Raúl Bravo

"A Raúl Bravo me lo he encontrado dos veces en Madrid cenando. Una de ellas estaba celebrando mi aniversario y estaba él en la misma terraza. Y bien porque Raúl es amigo de toda la vida. Si ha hecho algo malo, o no, si es una víctima... son cosas diferentes. Nos conocemos desde los 15 años y aunque después de jugar juntos no hemos tenido una relación cercana, sí que cada vez que nos vemos pues hemos vivido cosas muy chulas juntos. El me preguntó: "¿Cómo está lo tuyo?", y a la segunda, cuando ya me habían liberado, me dijo "He visto que ya está, ¿no?". Yo le dije que sí, que cómo iba lo suyo y me dijo que no tenían noticias. Hay varios que han pedido un sobreseimiento, pero sólo me lo han dado a mí".

Han pasado cuatro años desde aquel día que todavía no ha conseguido olvidar. Jugó en un Real Madrid con Raúl, Beckham, Ronaldo o Zidane, y fue el motor de un gran Real Valladolid, del que llegó a lucir su brazalete de capitán. Pasó tres días de película de terror por una investigación cogida por los pelos en la que algunos tuvieron muchas prisas y lo terminó pagando muy caro laboral y personalmente.