La misericordia de Cesare Prandelli con el Valencia que nunca se contó: "Hoy podría ser accionista"
El exentrenador atiende a Relevo, ya en su retiro, para aclarar, entre otras muchas cosas, su salida del conjunto che.

Precisamente en marzo de 2023 -dos años después de su última experiencia en los banquillos con la Fiorentina- Cesare Prandelli (Orzinuovi, 1957) anunció oficialmente su retirada. Amante de las flores y los árboles, prácticamente es su primera primavera relajada, ya como técnico jubilado. Un momento idóneo para sentarse con Relevo y hablar de la vida en varias nomenclaturas. Sus alegrías, sus experiencias, sus frustraciones expuestas. Los éxitos y los desengaños futbolísticos. Arabia y el gatillazo en Valencia, pasando por Coverciano, donde consiguió ensamblar una dupla de culto con un talento inaudito que no admitía conjeturas, tampoco juicios de valor. En ocasiones, haciendo caso omiso a la razón o la ética, no es la oscuridad sino la excesiva luz que puede liquidar. Él lo sabe.
Ha pasado mucho tiempo. Ahora es la madurez quien, sosegada y tranquila, pide la vez para tomar la palabra, porque ya no se siente intrusa, huérfana o desnuda. Sigue teniendo mucho crédito el bueno de Cesare. El suyo siempre fue otro fútbol, cosido con un hilo de color distinto, y eso tenía un precio a pagar. A veces, demasiado alto. Lo monetizaba económica y emocionalmente, a sabiendas que su renuncia era a pactar con la vida, la hipocresía, para sobrevivir sin daños colaterales. No, eso no. Nunca; jamás.
Recuerdo la primera vez que le entrevisté, meses antes del Mundial 2014. Venía de jugar la final de la Euro contra España dos años atrás. Su Italia era contractual, pero le notaba cansado, casi con ganas de dejarlo. ¿Qué sucedió en Brasil?
Habría que comenzar por el principio: la preparación, los viajes… No tiene sentido justificar nada. El partido contra Inglaterra jugamos muy bien, luego contra Costa Rica no conseguimos marcar gol, y eso condicionó todo. El último choque, ante Uruguay, jugamos con diez por una expulsión injusta de Marchisio. Hubo varios episodios dudosos, que con el VAR hoy… No quiero volver atrás. Hicimos un gran trabajo en los cuatro años que estuvimos juntos. Implantamos un estilo e hicimos debutar a muchos chicos. Dimos la oportunidad a jóvenes como Immobile, Verratti o Insigne. Todos debutaron con nosotros.
Su gran milagro fue hacer cohabitar dos genios frágiles e inconstantes: Cassano y Balotelli. Nadie lo había hecho antes; tampoco después. Con usted vivieron en una isla feliz. ¿Cómo fue?
Han funcionado bien. Tenían calidad y potencia. Estaban sostenidos por un centro del campo importante, con futbolistas técnicos como Pirlo, Motta, De Rossi, Montolivo o Marchisio. Las individualidades brillaban porque al final estaban dentro de un colectivo importante. Todos me decían que jugaba como España, pero no es verdad. Yo quería sacar lo mejor de mis futbolistas, no quería jugar como nadie. Sólo valorizar las características del grupo.
Sus dotes como psicólogo con Mario y Antonio no hay que infravalorarlas. Ese mérito es suyo, exclusivamente.
No fue difícil, porque querían triunfar con la Azzurra. Estaban motivados, y eran aceptados por el grupo. El problema es que cuando las cosas no van bien enseguida necesitamos un responsable. En ese momento di un paso al frente asumiendo las críticas yo. La ecuación es simple, nada maquiavélica.
Tenían una personalidad volcánica. Usted siempre dijo que Cassano no era egoísta. De hecho, en esta entrevista me lo ha advertido varias veces.
Il regista verdadero era Cassano. De la mitad del campo en adelante todo viraba en torno a él. Y no te olvides de una cosa sobre su ego: en el campo jamás fue individualista. Es un estereotipo. Su problema es que a veces se le encendía la vena y podía perder la concentración, pero egoísta jamás. Fue demasiado altruista, y pudo haber marcado más goles. Podemos estar aquí hablando de él hasta el fin de los días: sí, visceral, directo, sin filtros, pero desde el lado humano jamás decepcionó a nadie en nuestra Italia.
No sabía que usted escribió el prólogo del libro 'Il campione innamorato', un largo relato desde la antigüedad hasta nuestros días donde se juega el partido más difícil, contra la homofobia, la prevaricación o el racismo. Hay un caso impactante: Dora, hermafrodita que participó en los Juegos del 36. Sí, delante de Hitler.
El amor tiene muchas formas, y esto debe dejar de ser un tabú. Basta con etiquetas, guetos… Hay que comenzar explicándoselo a los niños. Lo importante es que en el centro de todo esté la persona.
Lógicamente, quería preguntarle también por el Valencia. Abrir un amplio capítulo aquí. Un periodo exprés de tres meses (finales 2016), que sin embargo comenzó con una victoria en Gijón. ¿Qué pasó? ¿Qué no sabemos aún? Los resultados fueron muy malos, y al marcharse se le acusó de cobarde, incluso. De escudarse en nimiedades para escapar.
Ya llegué con mil dudas, y algo perplejo. Los responsables, a nivel de contratos, consideraban al equipo entre los cuatro primeros. Sin embargo, desde mi punto de vista a nivel técnico no era así. Me prometieron una serie de fichajes que luego no llegaron. Hubo incomprensiones, pero sobre todo fue difícil para mí aceptar que los jefes quisieran diseñar exclusivamente la plantilla. Recuerdo que hicimos debutar a Joao Cancelo, muy técnico, muy bueno. Todos decían que no podría jugar de extremo, y si ves su carrera sigue moviéndose bien ahí, con toda la banda para él.
¿Y de la afición qué me dice?
Es muy buena y exigente, como se debe. Era muy pasional, y nosotros teníamos que estar a su altura. Nos habría gustado haber programado la temporada de forma diferente, pero repito que hubo muchas incomprensiones. Cosas que no estábamos dispuestos a aceptar.
¿Respecto a qué?
Sobre todo, en temas de cómo gestionar el club. No quiero dar nombres de directivos porque está feo, pero es la verdad. Yo también asumo muy cuota de responsabilidad, que pagué por ella.
Tenía fichado a Simone Zaza, que lo consideraba indispensable para su idea de fútbol. Llegó un año después, pero no por usted. ¿Por qué no se hizo en su momento?
Sí, hablé con él. Simone quería venir. Lo quería, pero los directivos me dijeron que no venía finalmente. Estaba todo hecho; también con la Juventus. También pedí a otro que no me trajeron, pero es absurdo dar más nombres. Con esos mensajes subliminales comprendí que algo no iba bien, lógicamente.
Usted perdió mucho dinero dimitiendo. Tenía un gran contrato por dos temporadas, creo recordar.
Exacto, aunque aprendí mucho de todo lo sucedido, algo desagradable. Piensa que después el club me denunció por haber rescindido mi contrato unilateralmente. Perdí el juicio, y tuve que pagar mucho dinero. Una cosa buena que hice, y creo que nadie lo dijo, es que di mucho dinero a la Fundación del Valencia. Quedé dicho que ok, que aceptaba pagar porque así lo determinaba una cláusula en el contrato, pero pretendía que el dinero fuera a los socios. En teoría, podría ser accionista del Valencia a día de hoy. Esto no se contó.
Efectivamente, no tengo claro que esto se sepa en España
Creo que no, porque el club jamás lo dijo. Me sentó mal, sinceramente. Lo que sí se sabe es que me denunció porque -agarrándose a esta cláusula- la entidad podía acusarte de daños y perjuicios. Fuimos al tribunal, y lo que te conté: pagué todo, aunque la mayor parte la di como beneficencia a esta asociación. Ojalá lo sepan los tifosi, porque esto nadie lo ha hecho público.
En la temporada 2017-18 se marcha a entrenar a Arabia: Al-Nassr. Hoy está de moda. ¿Qué experiencia vivió allí?
Acepté, porque al volver a Italia encontré algunos problemas. Hubo negociaciones con clubes, pero eso suponía aceptar ciertas cosas con las que no andaba de acuerdo. Sí, me marché a Arabia. Querían crecer. También crear una ciudad deportiva importante. Lo estábamos consiguiendo… Cuando la cogí, estaba cuarta por abajo… La dejé tercera por arriba, en dos semifinales importantes… En definitiva, el crecimiento fue enorme en poco tiempo.
Le sucedió algo insólito
Sí, jamás vi nada igual en el mundo del fútbol. En una de las semifinales, nos pitan un penalti a favor ya casi al final. Lo marca nuestro delantero, y entonces el árbitro lo anula y nos pitan falta en contra. Me cabreé mucho. Tuve que documentarme para comprender que, meses antes, la FIFA había añadido un punto, un asterisco más en el apartado penaltis… Prácticamente, si el árbitro consideraba que la carrera del futbolista para lanzarlo resulta ofensiva, lo puede anular y amonestarlo. Ahí terminó mi carrera en Arabia. Sí, mejoramos en todo, pero se necesitaba un chivo expiatorio, un responsable para lo acaecido. Cuatro o cinco días después, el Emir tomó la decisión de echarme.
¿Cómo fue desde el punto de vista humano?
Excepcional. Una cosa tengo aún en mente: eran muy religiosos, recuerdo que rezaban cinco veces al día… En los entrenamientos, en muchas ocasiones, nos teníamos que parar con el máximo respeto para que rezaran. ¿Sabes? Sonaba esa voz... Lo interesante era durante el partido, porque en el descanso bajábamos para corregir ciertas cosas, tranquilizar o arengar… Lo que se hace en Europa, en resumidas cuentas. Lo curioso es que encontrabas las alfombras ya listas para rezar. Esos cinco minutos de pausa, de rezo, de reflexión, de concentración, creo que son necesarios en cualquier lugar para, a través del silencio, coger fuerza, energía, paz, energía positiva. Lo respetaba, me parecía interesante ese ritual.
Luego vuelve a Italia, concretamente al Genoa, donde explotó Thiago Motta como futbolista en el Calcio. Antes lo citó. ¿Se lo esperaba así de bueno como entrenador?
Sí, claro. Nació para el fútbol. Siempre fue rápido en la manera de pensar. Creo que es el mejor entrenador de Europa en este momento, el más innovador. No es rígido, ni está atado a preconceptos, una tónica habitual en los banquillos de hoy. Mira, hoy muchos técnicos repiten de forma serial y maniquea sus ideas, y esto hace que el rival te estudie y termine por neutralizarte. Él se basa en el concepto del juego, no en la rigidez del desarrollo. Es decir, los centrocampistas rotan a derecha e izquierda, no da puntos de referencia, crea pequeños triángulos, ocupa muy bien los espacios vacíos… Esto valoriza el trabajo de Thiago Motta. Es el mejor, porque además tiene personalidad, carisma, determinación, carácter, y a los futbolistas les mejora: el ejemplo es Zirkzee, a quien propone cosas que sabe hacer, que sólo sabe hacer. No imposibles, utopías, sino lo que ya sabe hacer. Así le hace más grande, claro.
Parece fácil dicho así.
En Italia desde hace muchos años se intenta comprender por qué ya no hay buenos delanteros. Hay que hacer una reflexión: el último fue Immobile. ¿Te das cuenta? Si tú vas a ver cómo entrenan las categorías inferiores… Yo voy a menudo… A los puntas les piden jugar de espaldas para fijar las defensas contrarias, y después amortiguar el balón para los que llegan desde atrás. El famoso juego de espaldas. Así se pierde el sentido y la sensibilidad cara al gol. No se puede mejorar así.
Con Scamacca casi siempre lesionado, es probable que el delantero en Alemania sea Mateo Retegui, quien se tuvo que nacionalizar hace poco más de un año.
Me lo pones fácil. Llega de Argentina, donde nace delantero atacando bien la profundidad, pero si le traen aquí e intentan alterar sus características… Imagínate. Por suerte, su entrenador es Alberto Gilardino, que fue un gran atacante. Seguro que le pide lo que sabe hacer: marcar goles, moverse bien en el área. Tener pegada, tirar a puerta, muchas veces.
En 2021 usted dejó bruscamente la Fiorentina. Se despidió así: “Questo mondo nos fà più per me”. Dejó entrever que se sentía un impostor, un intruso. Se especuló incluso que lo dejaba por temas de ansiedad. Es cierto que la coherencia y la sensibilidad extrema siempre le acompañó. ¿Qué sucedió realmente?
Es un mundo que va adelante, y yo no tengo miedo del futuro. Es normal que, tras haber entrenador tantos años, decida dejarlo. Ahora es todo diferente. En mis tiempos todo giraba en torno a relaciones personales y humanas, al respeto por el grupo. Esto se anteponía a lo técnico. Crecí con esto, aunque ahora es todo diverso. No quería cambiar la idea de veinte personas… Luego decidí cambiar yo. Lógicamente, la ansiedad y el estrés también forma parte del trabajo. Creo que llegó el momento de decir adiós. No me falta nada. Estoy tranquilo, feliz, con mi vida, mis hijos, mis nietos. Eso sí, sigo teniendo mucha pasión por el fútbol, lo veo, lo sigo, sigo con muchas ganas de ver partidos, aunque mirándolos de forma diferente. El fútbol italiano necesita cambios. Sí, es verdad que luego siempre emergemos, nos levantamos, pero hay que hacer cambios importantes.
Dino Baggio dice lo mismo.
Es que si creces con unos valores es difícil aceptar otros que vienen a extrapolar los tuyos. Dicho esto, me gusta el fútbol base. Los jóvenes son nuestro futuro. Tienen que conocer el fútbol en todas sus esferas. Ser flexibles para crecer, humildes para mejorar. La clave es entrar en la mente de los jugadores. Importa lo coral. Motta, con mucha energía porque es joven, ahí es un fenómeno. Su Bolonia es envidiable. ¿Ves lo que está haciendo?