CELTIC-ATLÉTICO

Autocrítica atlética medio siglo después del partido más salvaje de la historia de la Copa de Europa: "A Johnstone casi le decapitamos"

Miguel Reina, 'Cacho' Heredia y Quique recuperan las mejores escenas de la batalla de Celtic Park en la que los rojiblancos, con tres expulsados, acabaron con ocho jugadores

Atlético y Celtic se enfrentan en Escocia, en 1974. /ARCHIVO ABC
Atlético y Celtic se enfrentan en Escocia, en 1974. ARCHIVO ABC
Enrique Ortego

Enrique Ortego

"El partido más salvaje de la historia de la Copa de Europa". Un titular que se ajusta a la cruda realidad. Ni exagerado, ni sensacionalista. Puede que en sus 69 años de vida, la competición por excelencia del fútbol continental, Islas británicas más incluidas que nunca, pueda presentar media docena de ejemplos de encuentros tan broncos y selváticos como aquel Celtic-Atlético de semifinales (ida) jugado en Celtic Park, el 10 de abril de 1974, pero, desde luego, ninguno alcanzó la repercusión y trascendencia del que nos ocupa. Entre otras razones, porque estaba en juego la final de la competición.

«Es una iniciativa bonita del club». EFE

Una auténtica crónica de sucesos para un partido sin goles y 51 faltas que acabó en una batalla campal antes de entrar en el túnel de vestuarios en la que los policías escoceses metieron a porrazos a los jugadores del Atlético en los vestuarios. Tres expulsados, Ayala (doble amarilla), 'Panadero' Díaz (doble amarilla) y Quique (roja directa) y otros siete amonestados en el bando 'rojo', que así vistió el Atleti aquella noche, miércoles santo: Ovejero, Heredia, Irureta, Benegas, Melo, Alberto y Reina. De los 13 jugadores que saltaron al césped, sólo Eusebio, Adelardo y Gárate no fueron castigados por el árbitro turco Babacan, a quien los cronistas españoles de la época calificaron de "loco" en los titulares del día siguiente del partido. En el bando escocés, solo un amonestado, Deans.

Juan Carlos Lorenzo era el entrenador rojiblanco. Sí, el de la famosa frase de "entre bomberos no nos pisemos la manguera". Se la repetía a todo con el que se cruzaba. Ya fuera rival o árbitro. Cuentan sus jugadores que el técnico se tomó la eliminatoria contra el Celtic como algo personal. Había sido el seleccionador de Argentina en el Mundial '66 y no olvidaba su eliminación ante Inglaterra, el anfitrión, ni la expulsión de Rattin, que estuvo diez minutos sin abandonar el campo a pesar de que el árbitro le había enviado a la caseta. Precisamente, a raíz de aquellos incidentes aparecieron las tarjetas en el fútbol. Las mismas que su equipo acumuló de mala manera en ese famoso encuentro de Glasgow. En el banquillo local, Jock Stein, un mito del fútbol británico que 11 años después, en 1985, siendo seleccionador escocés falleció de un infarto en el propio banquillo.

Irureta pelea por un balón en el partido de vuelta ante el Celtic.  ARCHIVO ABC
Irureta pelea por un balón en el partido de vuelta ante el Celtic. ARCHIVO ABC

"Los escoceses son primos hermanos de los ingleses", les decía Lorenzo a los suyos, que también parecían estar especialmente motivados por sí mismos para la ocasión, hasta el punto de que en el entrenamiento de la víspera, Ovejero y Panadero Díaz, argentinos ambos, tuvieron una bronca sublime que tuvo que calmar como pudo el capitán Adelardo. No se le olvida. "Les hervía la sangre a los dos. Ovejero se puso a la defensiva, como si fuera un boxeador en posición de combate, y 'Panadero' se iba a por él sin tener en cuenta que un puñetazo de Iselín le podía dejar groggy. Nos tuvimos que tirar todos encima de ellos para pararlos y aun así no podíamos".

A Panadero Díaz ya le tenían fichado en Glasgow. Le venía el mote de la profesión de su padre y se le quedó como nombre de guerra. Nunca mejor dicho. La Prensa británica recordó con todo lujo de detalles que era el mismo lateral izquierdo que había jugado la final de la Copa Intercontinental contra el Celtic en 1967. Entonces era jugador de Racing de Avellaneda y ya había tenido su duelo particular con el extremo Jimmy Johnstone, con quien se iba a volver a ver las caras. The killer, KO (El asesino, KO) tituló un periódico después del incidente del entrenamiento del día anterior.

Con todos estos antecedentes no fue extraño que el partido saliera como salió: violento en grado sumo. El gran objetivo atlético era frenar, como fuera, al extremo derecho Jonhstone que, aunque ya tenía 30 años y no era el extremo de clase mundial que había ganado la Copa de Europa con su equipo en 1967, destrozando al Inter de Helenio Herrera a base de regates y fintas, todavía continuaba siendo un peligro público con el balón en los pies. De hecho, aquella fue su penúltima temporada en el Celtic.

Jimmy Johnstone va hacia el córner en el partido de ida.  ARCHIVO ABC
Jimmy Johnstone va hacia el córner en el partido de ida. ARCHIVO ABC

Juan Carlos Lorenzo estaba obsesionado con él y, de paso, obsesionó a Panadero Díaz. Al parecer, el argentino había secado al extremo en el partido de ida de la final de la Copa Intercontinental. Sin embargo, no se pudo repetir el 'mano a mano' porque el lateral no jugó ni la vuelta en Buenos Aires, ni el desempate en Montevideo. Por el contrario, el técnico apenas concedió importancia a que por la otra banda, la izquierda, con el '11' en el pantalón, -los verdiblancos no llevaban número en la espalda- se movía un tal Kenny Dalglish, que a sus 23 años ya era un extremo determinante y que también tuvo una gran influencia en el encuentro.

En plena exaltación de que la consigna era 'salir vivos de Celtic Park, para comérnoslos en el Vicente Calderón", Lorenzo formó un once de gladiadores. Sin Ufarte, sin Luis, sin Becerra... Por delante de Miguel Reina, una defensa de cuatro centrales: Ovejero, Heredia, Benegas y Eusebio; y dos laterales: Melo y 'Panadero'; dos medios: Adelardo e Irureta; y dos delanteros: Gárate y Ayala. Cuando el equipo se quedó con nueve por las dos primeras expulsiones de Ayala y Panadero, dio entrada a un lateral izquierdo, Quique, que fue el tercer expulsado, por Gárate.

"Nosotros nos pasamos pegando patadas, al Johnston, casi le arrancamos la cabeza, pero lo que hizo la Policía en el aeropuerto con nuestros jugadores argentinos no se puede consentir"

Miguel Reina Exjugador del Atlético

Los protagonistas de aquel partido no pueden disimular que están un poco cansados de repetir las mismas batallitas cada vez que ambos clubes se han vuelto a enfrentar posteriormente: 1985-86 (Recopa) y 2011-12 (Europa League), ambas veces con triunfos rojiblancos. O bien en aniversarios muy redondos... A pesar de todo, entran en materia desde la premisa de que en este casi medio siglo que ha pasado desde entonces los recuerdos se van desvaneciendo y solo quedan los que ya tienen memorizados por repetición.

Miguel Reina, por ejemplo, es toda vitalidad para meterse en el túnel del tiempo. "Yo ya sé que cada vez que toca el Celtic o el Bayern me van a llamar para que hable de Babacan, de los expulsados de Glasgow o del dichoso gol de la final... Casi es peor lo segundo que lo primero. Al fin y al cabo al Celtic le ganamos en Madrid en un partido extraordinario. De aquella noche escocesa, muy fría por cierto, recuerdo el ambiente. Nunca había visto algo parecido. Ni antes, ni después. Se habla mucho de lo que sucedió sobre el campo, pero no debemos olvidar el comportamiento deplorable que tuvieron los Policías escoceses con nosotros en el túnel de vestuarios y después en el aeropuerto".

Desde su Córdoba natal, 49 años después, quiere diferenciar lo ocurrido dentro y lo ocurrido fuera. "Lo peor fue ya lo del aeropuerto, que tiraron los pasaportes de los jugadores argentinos al suelo e incluso, creo, que escupieron al de Ovejero. Lo que pasó en el césped no estuvo bien. Soy el primero en reconocerlo, pero estábamos todos en caliente. Yo no sé cómo pudimos aguantar hasta el final con el empate. Aquello sí que era 'leña'... Ahora veo a los jugadores cómo fingen y son un poco mentirosos. Soy el menos indicado para decir nada, porque tengo a un hijo, Pepe, jugando todavía al fútbol, pero no se puede consentir cómo se tiran siendo profesionales... El fútbol es un deporte de contacto y si te tocan, no mientas. Se tiran y parecen que les han matado... Dar fuerte fue lo que dimos nosotros en Glasgow, ellos también, que conste, pero lo nuestro... no hay derecho todo lo que les dimos. Yo no sé como el Johnstone este salió vivo del campo. En algún momento pensé que iba a salir decapitado. Le pegamos una a los dos minutos que por poco le arrancamos la cabeza. Fue tremendo. Yo le decía a Panadero... déjalo ya hombre, que le vas a matar".

"A lo largo de mi carrera me dieron muchas patadas, pero nunca tantas en un mismo partido como hicieron aquellos argentinos del Atlético. Nunca entendí por qué fueron tan duros si jugaban bien"

Jimmy Johnstone Exjugador del Celtic

Evidentemente, también Johnstone, Jinki para sus más allegados, fallecido en 2006 con 61 años, siempre tuvo recuerdos para aquel partido. En una entrevista a José Sámano en El País en 2002 se confesó con resignación. "A lo largo de mi carrera me dieron muchas patadas, pero nunca tantas en el mismo partido como hicieron aquellos argentinos del Atlético de Madrid en las semifinales de la Copa de Europa de 1974. Era un gran equipo... Pero nunca entendí por qué era tan duro si sabía jugar muy bien. Recuerdo que tenía muchos argentinos y... ¿el técnico también, no? Juan Carlos Lorenzo. Ése, ése. Fue un partido tremendo, inolvidable, con mucha tensión. ¡Qué patadas me dieron! Después de lo que ocurrió aquí, también me acuerdo de lo mal que lo pasamos en Madrid. Nos pusieron policías por todos los sitios, nos acompañaban fuéramos donde fuésemos. Eso nos puso muy nerviosos, aunque luego nos ganaron bien (2-0)".

Los jugadores del Atlético celebran el pase a la final de la Copa de Europa en el partido de vuelta.  ARCHIVO ABC
Los jugadores del Atlético celebran el pase a la final de la Copa de Europa en el partido de vuelta. ARCHIVO ABC

También Cacho Heredia tiene mucho que contar de aquella noche escocesa en la que la primera parte la jugó con el '7' a la espalda, el número de Ufarte, y en la segunda salió con el '5', que era el número que llevaba ya Ovejero. ¿Error o estratagema para despistar a un árbitro que antes de sacar las tarjetas siempre miraba el número de la espalda? "Sí, algo me comentaron con el tiempo de que jugamos con dos '5', pero no sé por qué... (sonríe). Es algo anecdótico con todo lo que sucedió allí. Lo mío sí que fue grave. Pude acabar en la cárcel, menos mal que no me pillaron. Cuando, al final del partido, se montó la bronca en la banda camino de los vestuarios, varios policías estaban pegando al perro Becerra con unas varillas que tenían. A uno de ellos se le cayó la gorra y entonces le pegué una colleja en el cogote y salí disparando y gritando a Chercoles (el utillero) que me abriera la puerta y la ducha para meterme en ella y disimular que yo no había sido. Me desnudé en tres segundos, me metí bajo la ducha y me puse a cantar. Los policías entraron hasta allí, pero no pensaron que podía ser yo el de la colleja porque me estaba ya duchando. Siguieron buscando y al final no se llevaron a nadie. Pero si me pillan me podían haber hecho preso fácilmente".

"En el túnel le pegué en el cogote a un policía que estaba pegando a Becerra. Salí disparado para el vestuario, me desnudé y me metí en la ducha. No me pillaron, si lo hacen me llevan preso"

Cacho Heredia Exjugador del Atlético

Sobre por qué se fue calentando el ambiente poco a poco en el terreno de juego, Cacho tiene su teoría. "Panadero me decía que cada vez que entraba a Johnstone le llamaba 'hijo de puta' en inglés. Me decía que no le entendía, pero que tenía que ser algo grave... Y se fue calentando y calentando. Y después, el árbitro fue un sinvergüenza con botas blancas. Me quiso echar dos veces que me quedé en el suelo tendido porque me habían dado e hizo todo lo posible para que nos hicieran un gol. Pitaba faltas constantemente, sobre todo por las bandas. En el aeropuerto fue aún peor, a nuestro presidente, Don Vicente, un policía le pegó con uno de sus zapatos en el culo. Nos tiraron los pasaportes y los pisoteaban".

La expulsión más inesperada de todas fue la tercera, la de Quique, Enrique Vicente Hernández, que había entrado al campo tras la expulsión de Panadero y que tenía que pasar a marcar a Johnstone. A pesar de ser lateral izquierdo puro, siempre había tenido fama de defensa comedido, con buen trato de balón y poco dado a las patadas. Desde Salamanca, donde ahora vive, recuerda la jugada que provocó la tarjeta roja. "Siempre me decían que para ser defensa pegaba pocas patadas y así era, pero aquel partido estaba muy caliente cuando yo entré y por mi banda llegaba todo el juego ofensivo del Celtic. Despejé un balón y el delantero vino con la plancha por delante y me dio. La falta fue suya. A mí se me escapó una patadita abajo y me vio el árbitro. Fue la única expulsión de mi vida, me parece. Sé que no obré bien y el equipo se quedó con ocho, pero fue una respuesta instintiva".

En la bronca de vestuarios del final del partido asegura no haber participado. "Como estaba ya expulsado me metí ya para dentro rápido y luego me contaron lo que había pasado. Yo escuchaba el tumulto, pero no quise salir. Estaba enfadado por la expulsión".