EL REAL MADRID, CAMPEÓN

Nadie hablará de Fede Valverde cuando se recuerde la última final de Champions del Real Madrid y es un error

Los blancos mejoraron en el segundo tiempo tras verse superados por el Borussia Dortmund.

Valverde progresa ante Ian Maatsen en la final de este sábado en Wembley. /EFE
Valverde progresa ante Ian Maatsen en la final de este sábado en Wembley. EFE
Albert Blaya

Albert Blaya

Si algo ha demostrado el Real Madrid los últimos años, es que el análisis racional no encaja en su forma de interpretar el juego. No en su mente. Así se explica que el dominio ajeno casi nunca se traduzca en ventajas reales y que un partido flojo de algunos de sus mejores jugadores no les deje sin opciones de tocar metal. Durante años, los blancos han cimentado su aura en una acumulación indecente de talento, competitividad y resiliencia, y ante el Borussia Dortmund todo lo que el Real Madrid ha venido siendo cristalizó en una victoria que no luce, pero sí permite entender al equipo ganador. Desde Ancelotti y sus ajustes hasta la excelencia silencios de Fede Valverde.

Solo en el Etihad, donde el Real Madrid jugó su particular final de Champions League anticipada, los de Carlo Ancelotti tuvieron más dificultad para hacerle daño al rival, para someter, hundir y hacerse notar. Ante el Borussia Dortmund, Rodrygo, Vinícius y Bellingham acumularon 10 toques en área rival, la segunda cifra más baja de la Champions, prueba del barro en el que Terzic les situó durante gran parte del partido, negando a los de Ancelotti su forma habitual, una en la que reconocerse de forma natural. Los goles nacieron del balón parado y tras un error grave de Maatsen, como si el tanto solo pudiese llegar de esta forma.

El auge imparable de Fede Valverde

Probablemente, el Balón de Oro vaya a ser para Vinícius (con la Eurocopa de Kroos como posible argumento para el alemán), y la final de la Champions tiene su sello, con la jugada que provoca el córner previo al 0-1 y el gol que certifica el título, pero quien durante muchos minutos fue el sostén blanco no fue otro que Federico Valverde, un jugador acostumbrado a una excelencia menos vistosa, una que apenas encuentra adjetivos que le hagan justicia porque nada en él se da para llamar la atención. Fede fue, en los peores momentos del Real Madrid, el jugador que mejor entendió el partido para agilizarlo y dar sentido a posesiones que no se encontraban.

Fede Valverde recibe en la zona de interiores.  WYSCOUT
Fede Valverde recibe en la zona de interiores. WYSCOUT
El pase de Fede genera una de las pocas situaciones de ventaja para el Real Madrid en el primer tiempo.  WYSCOUT
El pase de Fede genera una de las pocas situaciones de ventaja para el Real Madrid en el primer tiempo. WYSCOUT

Situado como interior diestro, Valverde demostró que su fútbol ya no es complementario, sino general. Ha ido quemando etapas sin levantar la voz, asumiendo el rol que le tocase con naturalidad y generosidad: extremo, lateral, mediocentro o interior, porque en realidad el uruguayo es un magnífico jugador de fútbol, uno que lo piensa y procesa a una velocidad mayor a la que la gente imagina, y con un golpeo y recorrido que pocos coetáneos tienen. Se nota que Kroos es su ídolo porque es proporcional su diferencia estilística como su similitud táctica.

Kroos cambia el juego para Carvajal, situado como extremo.  WYSCOUT
Kroos cambia el juego para Carvajal, situado como extremo. WYSCOUT
Valverde recibe y, de primeras, juega para verticalizar el juego.  WYSCOUT
Valverde recibe y, de primeras, juega para verticalizar el juego. WYSCOUT
Vinícius recibe la pelota en área rival.  WYSCOUT
Vinícius recibe la pelota en área rival. WYSCOUT

Su sentido táctico le regaló una ventaja estratégica a su equipo. Recibiendo en zonas interiores aprovechando que el rival se centraba en el otro perfil (Vinícius, Bellingham y Rodrygo) o desdoblando por fuera para estirar las ayudas y abrir espacios interiores, en Fede converge el jugador que nace por necesidad colectiva y el que finaliza, cerrando el círculo, para dar un sentido mayor al colectivo. No hubo pases con más intención que los suyos ni decisiones más acertadas que las que fue tomando a lo largo de los 90 minutos. Federico Valverde, a sus 25 años, es mucho más de lo que se podía haber imaginado cuando llegó al Real Madrid.

El ajuste de Ancelotti en el descanso para ahogar a su rival

Carlo Ancelotti pastorea a los suyos desde una azotea demasiado alta como para tratar de alcanzarla. El italiano suma cinco Champions (más que nadie) y la seguridad en sus decisiones de quien ya ha fallado más que nadie como para saber qué hacer y qué no hacer, pero a la vez no hay en Carlo nada que haga pensar en su enorme palmarés, porque el técnico pregunta, escucha e incluye al resto en sus decisiones. Es un entrenador que hace partícipes a los jugadores y solo desde ese prisma bidireccional se puede entender la forma en la que el Real Madrid le da la vuelta a planteamientos adversos.

El primer tiempo fue dominado, de cabo a rabo, por el Dortmund. Desde un 4-4-2 muy agresivo, con Sabitzer saltando sobre las recepciones de Kroos, los de Terzic incomodaron al Real Madrid, cortaron su principal vía de comunicación y explotaron con contras precisas el mal retroceso blanco. Un juego directo, pulcro y concentrado. Y Ancelotti actuó. El principal cambio fue la posición de Kroos, que pasó de jugar acostado en un perfil a hacerlo prácticamente como un líbero, recibiendo tan abajo que ningún rival le saltaba, tejiendo los hilos desde una altura demasiado baja como para llamar a la presión. Fede perdió altura, pero su pérdida se compensó con Rodrygo en ese perfil, que por lo menos hizo acto de presencia en la final.

Kroos entre Rüdiger y Nacho, Rodrygo en derecha y Fede Valverde más bajo, los principales cambios de italiano.  WYSCOUT
Kroos entre Rüdiger y Nacho, Rodrygo en derecha y Fede Valverde más bajo, los principales cambios de italiano. WYSCOUT

Además, defensivamente el Real Madrid viró su plan de partido. En vez de buscar presionar desde un 4-4-2, pasó a defender de forma pasiva en un 4-5-1, perdiendo altura a cambio de forzar al Borussia Dortmund a llevar la iniciativa, algo que les salió a cuenta pues a pesar de tener menos pelota, el rival tendría menos espacios para correr. Eso generaría una falsa sensación de dominio mientras le daría al Real Madrid mayor seguridad y tiempo para poder correr. La grandeza de Ancelotti reside precisamente en tomar decisiones que a priori parecen minimizar a los suyos, como vistiéndose de novatos en una final, para demostrar que en realidad ganan más que nadie porque no hay estilo que no sepan acatar.

4-5-1 del Real Madrid con Rodrygo como 9.  WYSCOUT
4-5-1 del Real Madrid con Rodrygo como 9. WYSCOUT

El partido estuvo marcado por la ineficiencia de los alemanes y la puntualidad del Real Madrid. Como siempre, su rival no supo aprovechar las opciones que tuvo en sus mejores minutos, escurriendo así la oportunidad de ponerse por delante, y los blancos tomaron el mensaje con diligencia. Física y técnicamente son jugadores de un nivel superior, y eso hace que a los 85 minutos jueguen de la misma forma que en los primeros 30, negando cualquier atisbo de duda en sus gestos.

La única verdad, que es incontestable, es que lo que más te enseña la victoria como forma de vida es a volver a ganar, a hacer todo en cuanto esté en tu mano para que esta te vuelva a llegar. El estilo del Real Madrid, del que tanto se debate cuando gana, no es otro que un amor irracional por aquello que huele una vea toca metal.