B. DORTMUND 4 - ATLÉTICO 2 (5-4)

Caos, apiñamiento y golpes en el acceso al Dortmund-Atlético: así lo viví en primera persona

Los aficionados rojiblancos vivieron su particular 'infierno' en el acceso al Signal Iduna Park.

Embotellamiento de aficionados a las puertas del Signal Iduna Park. /Alberto Pérez
Embotellamiento de aficionados a las puertas del Signal Iduna Park. Alberto Pérez
Alberto Pérez

Alberto Pérez

Todo pintaba y sonaba muy bien para la afición atlética hasta que llegaron al Signal Iduna Park. RELEVO se había infiltrado entre los seguidores colchoneros para vivir con ellos un día entero del viaje hacia un sueño que terminó en pesadilla. Pasó mucho menos de lo que pudo pasar y es mejor hacer una reflexión ahora, sin consecuencias más graves, para que la UEFA tome medidas. Lo que ayer ocurrió y pude vivir no es propio de la mejor competición de clubes del mundo, ni siquiera de un partido doméstico de la Primera RFEF.

Aficionados del Atlético de Madrid y los problemas para entrar al estadio. Alberto Pérez

Los casi 4.000 seguidores rojiblancos representaban, después de las finales de Champions, el viaje atlético más numeroso jamás visto. A nadie pudo sorprender algo que se conocía desde hace diez días. Todo transcurría según lo previsto y la marea colchonera se daba cita en el punto de encuentro, la céntrica plaza Alter Markt, desde última hora de la mañana. Según información enviada por el club a los socios, la hora de encuentro era las 17.00 horas para salir hacia el campo entre las 17.30 y las 18.00 horas recorriendo a pie un trayecto de una hora. De este modo se cumpliría con la recomendación policial de estar a las 19.00 horas en el estadio. El grueso de aficionados rojiblancos estaba presente mucho antes de la hora marcada, pero la policía alemana no inició el trayecto hasta pasadas las 18.15 horas. La cosa empezaba a torcerse.

Después del citado recorrido por las calles de Dortmund, y con algún conato de enfrentamiento con hinchas alemanes que se acercaron para dirigir unas palabras a la muchedumbre, no se llegó al estadio hasta pasadas las 19.00 horas. Lo sorprendente es que, después de estar escoltados todo el camino, esa separación desapareció a la llegada al campo donde el filtro con los aficionados alemanes fue nulo y del mismo modo el proceso organizativo de acceso al campo.

Así fue la entrada de los aficionados del Atleti al estadio alemán.Relevo |Alberto Pérez

Así las cosas, cerca de dos horas antes de arrancar el encuentro, miles de aficionados del Atleti se dirigían por cuenta propia al punto de entrada y se encontraron con un tapón descomunal, por delante, por la izquierda y por la derecha. El número de seguidores aumentaba mientras apenas un par de pequeñas puertas permitían ir pasando a 5 o 10 seguidores en turnos que no eran precisamente rápidos. Se formó un apiñamiento tal que no había forma alguna de moverse hacia ninguna parte, mientras los nervios crecían. Cada mensaje por la megafonía era respondido con pitos y gritos hacia la policía y seguridad del estadio, que pedía una paciencia imposible de tener. Los menos solidarios intentaban solucionarlo al grito de 'avalancha', empujando a los que tenían por delante que se veían aplastados contra el de delante o contra las verjas que ejercían de 'paso a nivel con barreras'. La tensión iba en aumento porque el tiempo pasaba y la marea apenas se movía. Personas mayores sufriendo el insoportable embudo y la sensación de que cientos de seguidores no iban a llegar al inicio del partido, pero ya casi era lo de menos. Se trataba de salir de una pieza.

El caos, desde dentro

El que suscribe se escapó de la masa para intentar ver la perspectiva del desastre desde un punto más amplio, como hemos ofrecido en las fotos y vídeos de Relevo. Consigo entrar a las 20.55 horas al estadio mientras observo cómo en torno a mil personas siguen paradas detrás de mí, aplastándose unos contra otros. De haberse producido algún enfrentamiento o carga policial fuera, el peligro era máximo dado la nula opción al movimiento que existía en ese espacio.

Nada más acceder al primer filtro, observo a un seguidor rojiblanco cuya edad estimo entre 55 y 60 años tirado en el suelo siendo atendido y junto a su hijo, que se muestra muy enfadado. Me acerco para interesarme por su estado y certifico que es uno más de los seguidores que no pudieron soportar el apiñamiento y sufrió un mareo. Me ruega que no dé su nombre ni suba ninguna foto para no asustar a su mujer. Huelga decir que, ni era de mi conocimiento ni lo hubiera hecho jamás.

Para superar el primer filtro, los clásicos 'stewards' hacen el tradicional cacheo que ya es mínimo porque se han visto desbordados. La gente quiere entrar de la manera que sea, algunos de forma absolutamente insolidaria, y las escenas de tensión se suceden. Veo a una chica que pide ser cacheada por un agente masculino para entrar cuanto antes, pero este se niega.

Aficionados del Atlético de Madrid en Dortmund. Alberto Pérez

Una vez dentro del estadio, con muchísima gente todavía por entrar, voy a acceder a la zona de la grada donde tenía mi localidad para seguir el encuentro con los seguidores colchoneros. Era el bloque 61, en el Fondo Norte, el opuesto al 'muro amarillo', una zona de pie donde no hay filas ni números porque no hay butacas. Ya sabía que iba a ver el partido de pie, que era el objetivo, teniendo en cuenta que RELEVO iba a estar también viviendo desde dentro el mito del Dortmund. Cuál fue mi sorpresa cuando voy a acceder y los empleados me dicen que está "lleno", que "no se puede entrar, ya no hay más capacidad". La última vez que me pasó algo así fue en una discoteca en Salamanca. Has pagado una entrada y no puedes acceder porque no hay sitio. Como bien dice mi madre, lo barato sale caro. 18'50 euros sonaba de maravilla, lo que desconocía es que faltaba una letra pequeña donde debería haber puesto "entrada libre hasta completar aforo".

Ante esa situación, nos instan a ocupar la grada 60. Todo ello mientras veo que algunos seguidores quieren entrar sí o sí en la 61 mientras les intentan parar y se producen enfrentamientos y algún que otro golpe, sin que la cosa se acabe desmadrando. Voy camino de la grada 60 pensando que, si no hay espacio en la 61, será que esos lugares han quedado libres. Iluso de mí. No hay sitio material. Nadie te dice que no entres, directamente porque no hay nadie, custodiando el acceso, pero al llegar (concretamente cuando sonaba el himno de la Champions) compruebo que las escaleras están atestadas porque no hay un metro cuadrado libre. No sé cómo soy capaz de estar de pie toda la primera parte en un lugar con menos separación que en el Sonorama. Hay tantos nervios que se producen enfrentamientos entre seguidores rojiblancos por el sitio, el paso y esas cosas que ayudan a sofocar los más sensatos. Veo el partido como puedo, lo que capto es porque me pongo de puntillas y mido 1'82. Escucho a muchos que ya no tienen ni ganas de ver el partido ante el caos y agobio que han sufrido y están sufriendo.

El descanso no mejora la situación. Me cuentan aficionados que se ha producido una batalla a golpes entre aficionados y miembros de la seguridad, debido a los accesos. Algunos intentan aprovechar las salidas al baño y a los bares para ocupar la zona que su entrada reflejaba. Nada, es absolutamente imposible. No había sitio para nada ni para nadie.

En el segundo tiempo consigo un lugar que parece algo mejor. Tengo detrás de mí la pared y al menos un lugar donde apoyar mi maltrecha espalda. Sigo de puntillas, hoy sufren mis gemelos, y ni aun así consigo ver con nitidez los goles del Atleti. Le dejo mi lugar a un aficionado que lo tiene peor que yo, mide 1'70 y no ve absolutamente nada. Es fácil imaginarse que los goles provocan un terremoto en el que, por suerte, se evitan caídas mientras caen líquidos de los vasos. Hay mucha camaradería entre los aficionados que me rodean y que se ayudan y se comprenden los unos a los otros. ¡menos mal! Desde arriba hace tiempo que se ha visto cómo todas esas normas enviadas a los seguidores son papel mojado. Se supone que han de pedir el DNI y yo no vi absolutamente a nadie que lo hiciera. Quizá antes alguien pueda decir lo contrario. Estaban absolutamente prohibidos los botes de humo y bengalas. Sirvan las imágenes que ha mostrado Relevo para comprobar que el exceso de celo en el acceso al recinto no fue motivado precisamente por este motivo.

La vuelta a Madrid... también se retrasó

Del partido todo el mundo sabe lo que pasó. El día ya había empezado torcido y acabó peor. No fue mucho mejor el regreso, menos agobiante pero igualmente caótico. Los vuelos chárter gestionados por el club salían (en teoría) a las 02.00 de la mañana. No fue el caso. Se tardó muchísimo en salir debido a otro embotellamiento, esta vez de vehículos, y el avión no despegó hasta las 03.45 de la madrugada. A uno le da por pensar qué hubiera pasado de haber terminado la eliminatoria en los penaltis. Así las cosas una llegada que estaba prevista para las 04.30 de la mañana no se produjo hasta las 06.15 horas. Y ahí no había terminado todo. El retraso en Barajas de las jardineras mantuvo más de media hora a los aficionados dentro del avión, ergo hasta las 07.00 horas no se pudo respirar el aire de Madrid. Ya era de día, con el consiguiente perjuicio en tarifas de parking, horarios de trabajo, descanso y demás inconvenientes.

Horas antes de empezar el partido ante el Dortmund. Alberto Pérez

Me contaban seguidores del Atleti que el acceso en Milán fue igualmente caótico. Solo puedo decir que he visitado campos de un montón de países, de forma particular o infiltrado en aficiones y jamás me encontré una situación así. Por momentos pensé que faltaba muy poco para que pasara algo gordo. Hace mucho tiempo, por suerte, que las tragedias vividas en las propias gradas por el apiñamiento de aficionados han desaparecido. Mi sensación es que ayer se daban condicionantes, como mínimo, para pensar en que hay que extremar las precauciones para el futuro antes de que pueda pasar algo peor.

Los aficionados del Atleti ya imaginaban que algo malo iba a ocurrir cuando se encontraron con un día de perros en Dortmund y un guía portugués en el autobús que les instaba a celebrar la clasificación en la fuente de Cibeles. Atrás quedaba el himno del Atleti que había hecho sonar el piloto del avión y el operario de Barajas a pie de pista que confesó sus colores y su rápida diligencia si eso servía para que el Atleti estuviera en semifinales.

No fue así y tampoco fue el mejor viaje del mundo para los miles de aficionados atléticos. Lo único para rescatar es el aplauso mutuo entre aficiones y el reconocimiento de fans del Dortmund que me decían que habían visto pocas hinchadas que animaran tanto. Urge una reflexión de la UEFA, el Dortmund, el Atleti o quien corresponda. Lo que se vivió ayer no puede volver a ocurrir. Que sea antes de que pase algo peor.