REAL MADRID

Las cinco camisetas más especiales de Juanito vuelven a casa 32 años después: "Cuando vi la foto no pude parar de llorar"

José Fouto, hijo del expresidente del Mérida, las tenía en su poder tras la muerte del genio. Ahora se las regala a Roberto, hijo de Juanito, que proyecta un museo en Fuengirola: "Este gesto de generosidad no lo olvidaré nunca".

Las cinco camisetas de Juanito que José Fouto entregó a Roberto, el hijo de la leyenda del Madrid. /SERGIO CERQUEIRA
Las cinco camisetas de Juanito que José Fouto entregó a Roberto, el hijo de la leyenda del Madrid. SERGIO CERQUEIRA
Sergio Gómez
Sergio Cerqueira

Sergio Gómez y Sergio Cerqueira

Fuengirola.- No es fácil explicar cómo empieza todo, cuándo comienza a sentirse, el instante exacto en el que se desencadena. El caso es que, de repente, una fuerza telúrica envuelve. El mismo grito agudo y ahogado de la naturaleza que precede a una remontada en el Bernabéu sorprende cuando uno se adentra en Fuengirola. Como en el Comala de Juan Rulfo, este rincón malagueño está lleno de ecos, y cuando se camina por sus calles te van pisando los pasos, los de Juan Gómez, Juanito. Intuyes su sombra dando saltos con el puño golpeando el viento y ves su rostro, en el paseo marítimo, divisando el mar con esa mezcla de orgullo y desafío que tan bien combinó con el gen del Real Madrid.

Roberto Gómez habla de las camisetas de su padre, Juanito. Relevo

A pocos metros del monumento al genio, se conserva su esencia. Y se podría convenir, con algún matiz, que incluso su imagen. Roberto Gómez, hijo de Juanito, recibe a Relevo en su casa y si en fotografías sorprende su parecido físico, en presencia impacta. Pelo negro sin domar, ojos que hierven, físico de futbolista recién retirado [fue mediocentro] y un tono de voz que descargan al mundo de años. Se le nota inquieto, consciente de que este día de comienzos de mayo va a cerrar un círculo vital, y especialmente agradecido. "Lo que va a hacer José conmigo es algo que no olvidaré en toda la vida, un gesto de altruismo y generosidad que me sorprendió y me emocionó. Cuando me lo dijo y me mandó las fotos, me puse a llorar", se abre.

Roberto habla de José Fouto, hijo del que fuera presidente del Mérida, ahora abogado y representante de jugadores y desde la infancia un amigo al que el fútbol, la desgracia y la vida le entrelazó para siempre. El vínculo nació con el fichaje de Juanito como entrenador del club extremeño, en invierno de 1991. Se conocieron de niños, un día indeterminado de entre los 141 que vivió el técnico en su aventura en el banquillo. El día 142, el 2 de abril de 1992, falleció en accidente de tráfico, en el kilómetro 161.625 de la A-5, en el término municipal de Calzada de la Oropesa. Él, que llevaba al Madrid en el alma, volvía de presenciar el partido de Copa de la UEFA entre los blancos y el Torino. Dormía en el asiento delantero, junto al conductor, Miguel Ángel Jiménez 'Lolino', preparador físico del equipo, que dio un volantazo para esquivar unos troncos que había en la carretera y se fue a estrellar con la parte trasera de un camión que estaba detenido. Juan murió en el acto y la vida de Roberto se detuvo para siempre. Para remolcarle siempre estuvo José, hacia el que no ahorra guiños. Y más en este día, cuando le entregará, 32 años después, cinco joyas de su padre.

Remate de Juanito ante el Grasshopper.
Remate de Juanito ante el Grasshopper.

"Sube, el portal está abierto", le indica por teléfono. Del abrazo en adelante, las historias salieron a borbotones, revolviéndose entre sí como si las doblara el levante. Antes, Roberto depositó sobre la mesa baja del salón, con la delicadeza de un restaurador, los cinco motivos del encuentro. Cinco camisetas que Juanito se llevó al hotel de Mérida donde residía para que le acompañaran en su amanecer como entrenador. Tal era el amor que sentía por esas prendas. La fatalidad y el paso del tiempo las dejó lejos de la familia y bajo el techo de Fouto. Hasta hoy.

"Cuando ocurre lo que ocurre, los más cercanos no están en recoger este tipo de cosas, como es obvio. Nosotros teníamos una relación muy cercana y fuimos a recoger sus objetos personales al hotel. Incluso quedó su coche, un Marbella rojo. Estaban sus pertenencias y entre ellas, esto. Al final, pasaron los meses, el tiempo... Me fui a la universidad, cambié de casa. Yo con Roberto he seguido manteniendo relación y nunca salió el tema. Hasta que me cuenta la tarea en la que está metido, su proyecto de hacer un museo de Juanito en Fuengirola, que va a salir adelante y en el que todos debemos aportar. Y le digo: 'Joder, tío, pues el otro día en el traslado de casa vi que conservo de tu padre una colección de camisetas que tenía allí. En manos mías no hacen nada, esto es tuyo, vuestro'. Es un legado de Juan y le pertenece a la familia, no a mí", explica José Fouto. Roberto se mantiene callado, escuchando mientras mantiene la mirada clavada en el suelo. La gratitud marca su aspecto. Y se arranca: "Yo no sabía qué me decía. Y me manda una fotografía con las camisetas. 'Esta es la camiseta icónica del día… Es la camiseta…'. Lo primero que hice fue llorar. Me pilló totalmente desprevenido. Cogí la moto y no paraba de llorar".

Juventus, Videoton, Mönchengladbach...

Es entonces cuando se aproxima a la mesa y comienza a ponerle nombre a esos cinco griales: "Mira, esta camiseta es la de la final de la Copa de la UEFA ante el Videoton [1985]; esta otra es la de la Juventus, del día en que mi padre marca su último gol con el Real Madrid en Copa de Europa, el de la tanda de penaltis [1986]; la que pone su nombre delante es la de su homenaje [1989]; esta roja es la única que no identifico aunque creo que es de un partido en el que se enfrentaron leyendas de todo el mundo; y la del Real Madrid la conozco de memoria, porque he visto esas imágenes 20.000 veces. No pone en ningún sitio a qué partido perteneció, pero es que el abanico se cierra tanto que sólo puede ser esa, la de la vuelta contra Mönchengladbach. Lo doy por hecho. ¿Por qué? Porque es de esa temporada, además porque no podían cambiar camisetas en partidos de Liga, lo hacían en competiciones europeas y torneos de verano. Es decir, que si no la cambió… No hay camiseta que le despertara mejores sensaciones que aquella". 

Aquel día, un 11 de diciembre de 1985, el Bernabéu levitó ante el Borussia Mönchengladbach, en la vuelta de octavos de la UEFA. Después de perder 5-1 en la ida, la remontada entraba dentro del terreno de la utopía, ese en el que tan bien se manejaban Juanito y los suyos. Los alemanes se vieron atropellados y en el último minuto de encuentro, Santillana marcó el 4-0 y consumó la gesta. Juanito fue cambiado en esa icónica imagen dando saltos hasta la banda. "Para mi padre, este partido está muy por encima de la alegría de cualquier título que haya ganado", añade con relajado convencimiento.

José Fouto posa con Roberto Gómez y una camiseta que perteneció a Juanito.  SERGIO CERQUEIRA
José Fouto posa con Roberto Gómez y una camiseta que perteneció a Juanito. SERGIO CERQUEIRA

En ese instante, el salón ya se había convertido en una galería de exposición a la que uno se asomaba con idéntico respeto, silencio y asombro con los que uno entra en una catedral. Roberto fue descubriendo, de manera gradual, una colección de más de 120 camisetas que pertenecían a su padre y que él preserva con dedicación y mimo: "Guardo todas las prendas que él intercambiaba, sus contratos, sus nóminas, recibos, felicitaciones de Navidad, cartas… Hasta el traje de cuando fue olímpico". En perfecto estado y dobladas con rigor, exhibe la camiseta de Phil Neal, de la final de la Copa de Europa de 1981 ante el Liverpool ("A través de un intermediario me la quiso comprar; no la vendo"); una del Aberdeen, de la final de la Copa de la UEFA de 1983; la de Ray Clemence del Tottenham; varias de Brasil; del Atlético, del Barcelona y de Argentina; del Manchester United; del Colonia; del PSG con la publicidad RTL; del Progrès luxemburgués; del Partizán; del Manchester City del 'antiguo testamento'… En el muestrario también hay pantalones, medias, banderines, chaquetas, chándal, correspondencia ("Hay cartas de Maradona, de Kubala…") y hasta una pequeña escultura del Giuseppe Meazza, de la semifinal con ese Inter ante el que acuñó el aviso de que "Noventa minuti en el Bernabéu son molto longo". Una carrera y una vida.

"No suelo hacer esto, mi hijo Roberto que ahora tiene 10 años y mi hija Adriana, de 11, sólo lo habrán visto una vez", revela Roberto instantes antes de agacharse a por tres camisetas. "Mira, José, esta del Mérida me la dejó mi padre la noche en que murió. Después del partido ante el Torino. Y esta de Santi Cañizares, que era su portero en el equipo, fue para mi hermano". La emoción quiso cortarle la voz, pero se rehízo y le dio la vuelta a la situación, como Juanito hacía sobre el verde, para devolverle a Fouto el detalle: "Y esta, ahora, te la regalo yo a ti. Es la que llevó mi padre en el homenaje a Camacho". El extremeño se rinde ante la emoción: "Esta va para el museo del Mérida".

Juanito y la revolución en Mérida

Fouto, con la camiseta del '7' del Real Madrid en la mano, viaja al pasado. "Mi familia tenía mucha relación con Juanito desde antes de que fichara como entrenador. En la temporada 1990-91 mi padre ya lo quiso contratar como jugador. Fue el año del ascenso a Segunda y el equipo lo dirigía José Enrique Díaz. Cuando mi padre le propuso la contratación de Juan, Díaz le dijo algo así como: 'Mira, tenemos ya más o menos la estructura de la plantilla, no necesito ahora un atacante sino más otro tipo de jugador'. Al final no vino. Esa temporada subimos y la siguiente, la 1991-92, la empezó en el banquillo Eduardo Caturla porque José Enrique Díaz había firmado por el Xerez. Los resultados no fueron buenos, se prescindió de él y ya, ahora sí, mi padre apostó por Juan como técnico", rememora.

Juanito ve amarilla ante la Real Sociedad.  JOSÉ GARCÍA
Juanito ve amarilla ante la Real Sociedad. JOSÉ GARCÍA

La aparición de Juanito en Mérida fue casi mariana. Tenía tanto carisma que no necesitaba hablar para decirlo todo. La primera opción del club era José Antonio Camacho, pero se dio marcha atrás al conocer que el malagueño pasaba por un bache económico. Camacho no sólo lo entendió sino lo respaldó: "Primero, Juan". "Su llegada fue un boom. Hay que situarse en aquel escenario, año 1991, Juan era lo que hoy podría ser Raúl y Mérida, un escenario humilde, muy arrinconado, rural. En aquella Segunda había gigantes como Betis, Celta, Las Palmas, Eibar, Málaga, los filiales de Real Madrid y Barça… El Mérida era de jugar juntito, de verlas venir y Juan venía de otra escuela. Futbolísticamente lo cambió todo. Fútbol desde atrás, fluido, de ataque, los laterales. Yo creo que fue el primer entrenador así. Fue contemporáneo con Cruyff. De hecho, ese año el Barcelona gana la Copa Europa. Fue un revolucionario en el sentido de coger un equipo humilde y empezar a jugar con los laterales para que lleguen, con los mediocentros para que lleguen, jugando con alegría. Un fútbol muy ofensivo", indica el extremeño.

Las cinco camisetas más especiales de Juanito vuelven a casa 32 años después: «Cuando vi la foto no pude parar de llorar»

Aquel accidente cortó de manera abrupta una carrera en los banquillos que tenía el Santiago Bernabéu como parada natural. Por personalidad y condiciones. No en vano, en un club por el que han pasado estrellas como Di Stéfano, Puskas, Gento, Amancio, Butragueño, Raúl o Zidane, Juanito es el único futbolista al que Chamartín rinde tributo en el minuto 7 de todos los partidos. El madridismo lo tiene en los altares y su figura, en opinión de Roberto Gómez, cuanto menos merece un museo en su tierra. Ese proyecto, el de reunir todos los recuerdos del genio en un recinto en Fuengirola, se ha convertido en su motor. Sin embargo, aunque parezca una mala broma, se está encontrando más obstáculos de los previstos. "El Ayuntamiento me ha dicho que este año no puede ser, que el año que viene tampoco… Pero voy a seguir intentándolo", se promete.

En el fondo empuja ese optimismo desmesurado que abrasaba a su padre hasta convertir los imposibles en materia y alegría. "Es que es una cosa que tiene que salir adelante, ¿cómo la ciudad donde nació Juan, a la que amaba y llevaba por todo el mundo, no va a tener un lugar donde esté concentrada toda su esencia?", se pregunta Fouto, incrédulo, mientras dobla la camiseta número '7' del Real Madrid, aquella que el mito portó en el homenaje a Camacho y que en breve se honrará en Mérida, la ciudad que revolucionó con su nervio y en la que también se adivinan sus pasos.