OPINIÓN

Diez segundos interminables que encierran todo lo que le duele a Luka Modric

Luka Modric, durante la conferencia de prensa de este lunes. /EP
Luka Modric, durante la conferencia de prensa de este lunes. EP

Uno se sienta a ver a Luka Modric con la certeza de que algo va a suceder. Y que será bueno, ejemplar. Los balones que le llegan a sus pies, mejoran cuando salen de ellos. Los asuntos complejos, se aclaran como si la solución jugara entre líneas y hubiese dibujado el desmarque perfecto. Este lunes utilizó una sala de prensa, que es lugar donde otros se escurren como el agua sobre el lomo de un elefante, para conversar, poner voz firme y claridad sobre lo que duele. Lo hizo como juega: sin estrépito ni populismos y con la naturalidad con la que da un pase de exterior. Aunque en este caso lo que había que desenmarañar era el interior.

Antes del duelo vital de Anfield, el croata lanzó cuatro disparos. Y dio la impresión, por su precisión, de que llevaba tiempo deseando sentarse ante los medios. Reconoció haber cometido un error al no descansar lo suficiente después del Mundial, insistió dos veces en que no quiere que le regalen la renovación y explicó que el Madrid no le ha sugerido que abandone la selección. Pero donde se evidenció la pena fue al aparecer un concepto: transición.

Se necesita una palabra para herir y un silencio para constatar ese dolor. Y el de Modric duró casi diez segundos que suspendieron la rueda de prensa en el aire y que parecieron interminables. Incluso un periodista intentó desatascarle: "¿Quieres decir tener memoria?". Luka sonrió: "No, no es esa". Lo que al 10 le anudó el léxico es la desconsideración que siente en estos tiempos de impactos frenéticos y necesidad de novedades. No entiende por qué, de súbito, se ha instalado el mantra de que Kroos y él no pueden jugar juntos, de que él está para batallas menores cuando en diciembre se clamaba por su renovación, de que se lancen sentencias con las luces cortas puestas... De que se dude.

Modric y su silencio cuando se le pregunta por la transición.

 

Sin embargo, en este caso, como en todo, lo importante es el subtexto, que en cine y teatro es lo que se dice sin decir. A Modric le molesta la desconfianza creciente extramuros, pero lo que más le incomoda es que el club aún no haya hablado con él para renovar el contrato (y sí con otros compañeros) y que él parezca un mendigo que, sombrero en mano, suplique quedarse un año más. El croata sabe cuál es la exigencia de un club como el Real Madrid, que no espera a nadie, y él se siente aún en la agenda para seguir montado en la ola. Tanto que a pesar de tener, según publicó El Mundo, una oferta mareante de Arabia prefiere continuar a toda costa. Pero el Madrid no lo tiene claro...

Quien esto escribe no pretende que a Modric le donen un contrato, porque parto de la base de que el Madrid no es ninguna ONG. No obstante, hay casos en los que una empresa debe aflojar la cuerda y este es uno de ellos. Lo del balcánico va más allá de sus pases en largo y en corto, de sus ruletas y toques, de su Balón de Oro. En su menudo tarro se encierra también el peso de lo intangible. Representa valores en un fútbol cada vez más ruidoso y tribunero. Un liderazgo sencillo, pero que habla sin ambages, ejemplar. Y no hay nada más complicado de encontrar en un vestuario que eso. Pero se tome la decisión que se tome, que se haga ya. La incertidumbre desgasta más que un Mundial en Catar.