¿Qué se esconde detrás de la ventana del mural más famoso de Maradona en Nápoles?
El rincón del Quarteri Spagnoli se ha convertido en uno de los lugares de peregrinaje de los 'maradonianos'.

Ser ateo en Nápoles es algo utópico. Su centro histórico te invita a callejear, a perderte de la mano de Maradona. La figura del Diego está presente vayas donde vayas. En forma de altar, de fotografía o murales. Es imposible doblar una esquina y que no haya un Diego esperándote. En el Quartieri Spagnoli está el que posiblemente es el mural más famoso del mundo de Maradona. Lo que anteriormente fue uno de los pocos aparcamientos de las serpenteantes calles de la ciudad se ha convertido en un lugar de culto y peregrinaje.
Cuando el Nápoles ganó el primer Scudetto, en 1987, las paredes del barrio español de Nápoles comenzaron a hablar. Y todas hablaban de lo mismo: del Diego. Un pintor napolitano, Mario Filardi, recaudó dinero para hacer un gran retrato del futbolista argentino. En un par de noches lo tuvo listo. Sin embargo, un tiempo después un vecino abrió una ventana que no tocaba y decapitó a Maradona.
Mario Filardi, un pintor del barrio, tenía 23 años y organizó una colecta para hacer un enorme retrato de Maradona. Consiguió el dinero y lo pintó en dos noches y tres días en el paredón de un estacionamiento. Hasta que le cortaron la cabeza al mural. En 2016, tras una nueva colecta, la leyenda del Nápoles volvió a la pared del edificio. En 2020, con la muerte de Diego, aquel mural se hizo viral a través de las redes sociales. Lo más curioso de este es que la cara de Maradona está pintada justamente encima de una ventana que, para no 'romper' el mural, no puede abrirse. ¿Qué se esconde detrás de ellas?
¿Quién vive ahí?
Eso mismo se preguntó el periodista Álvaro Nantón. "Hay que sacar la chapa de argentino en Nápoles, ahí la conversación cambia", comenta a Relevo. Álvaro preguntó a varios napolitanos de la zona si sabían quién vivía en ese piso. Pero como Maradona, todos gambetearon sus preguntas. Hasta que de un chispazo, apareció un hombre que le dijo que el propietario trabajaba en una charcutería. Luego se esfumó.
Álvaro fue hasta la charcutería, que a esa hora estaba llena de clientes. "Entré con mi italoargentineidad y mi sonrisa", recuerda un Álvaro que vivió durante unos meses en el país. En aquel entonces, la primavera flotaba sobre Nápoles y el conjunto de Spalletti, líder y rezando por alcanzar su tercer Scudetto, recibía aquella misma noche al Milan en la ida de los cuartos de final de la Champions. "El contexto era favorable, la gente estaba feliz", apunta.
Entró al local y preguntó. Le respondió Ciro: "¡Es mi casa!". Y aunque al principio no estaba muy por la labor de dejarle entrar -la charcutería está a una calle del mural- finalmente accedió.

Tras cruzar el portón viejo de la entrada, un ascensor que para poder usarlo hay que meter 10 céntimos. Le dijo Ciro que se sube en ascensor pero se baja andando, "cosas del presupuesto". La finca es antigua, pero el apartamento está reformado. Nada más entrar, Blanca, la perrita de Ciro, le dio la bienvenida. El propietario le dirigió hacia la ventana.
La 'cara' de Maradona esconde el baño del piso de Ciro. "Lo primero que vi cuando abrió la luz es que detrás de los portones donde está el mural había dos pantuflas rosas. Las pone ahí para poder ventilar el lavabo, para que no se cierre del todo. Pero no puede abrirlas al completo", recuerda Álvaro, que actualmente trabaja en Coma Studio.
Cuenta la leyenda que la ventana solo se abre cuando el Nápoles es campeón, aunque reconoce Ciro que él no la abre por Maradona. De hecho, sí que le 'decapitó' cuando Argentina ganó el Mundial de Catar. Sin quererlo, Nápoles ha llevado a Ciro a vivir en el que Álvaro describe como "el Vaticano de la iglesia maradoniana".
El mural de Maradona es, al fin y al cabo, un retrato de Nápoles. Es el culto a Diego en un edificio que tiene ventanas asimétricas. "Cada vez que uno visita la ciudad encuentra murales nuevos, porque existe la necesidad de mantenerle vivo", explica Álvaro. La figura del argentino es lo único que permanece intacto entre el caos que ordena la ciudad.