OPINIÓN

El éxito del Cholo es su fracaso

Simeone, en un momento del partido en Dortmund. /EFE
Simeone, en un momento del partido en Dortmund. EFE

Toda decepción es inversamente proporcional a las expectativas que has generado. Cuando subes tanto, la caída hace más daño. Y es lógico que la ilusión se desborde y por lo tanto el vértigo aparezca. El Cholo se ha condenado a sí mismo con sus resultados.Ha hecho de la excepción un hábito y del éxito una necesidad. A nadie le vale ahora clasificarse para la Champions. Esa fiesta quedó para la época de Javier Aguirre.

Ahora, como es lo de siempre, ya no hace tanta ilusión. Es culpa de Simeone, por haber instalado al club en la élite. No solo es insuficiente repetir lo conseguido sino que hay que aspirar más. A nadie le gusta el conformismo y la resignación. Tiene difícil solución, salvo que intentes salir del oasis al que te ha llevado y te des de bruces con la realidad. Y la de este club se puede disfrazar como se quiera, pero los disfraces se caen.

Alguien ha entendido y decidido que hay que pelear por los títulos, o si no, estar cerca de ellos (no sé cuál es la cuantía numérica que consideran suficiente) y que además hay que jugar bonito (tampoco sé quién toma los trazos estéticos para comprobarlo). Esa suma de exigencias está basada en conceptos abstractos dibujados óleo sobre humo. El concepto empírico sobre el que se basa tiene tanta base científica como el convencimiento de Kyrie Irving de que la tierra es plana.

Mi valoración sobre el asunto intenta sujetarse sobre una base demostrable, dejando en un segundo plano mis gustos estéticos y el caramelo de la ilusión que cada uno cultiva. Tiene que ver con las dotaciones presupuestarias y el gasto en la mano de obra. El castillo se edifica al lado de otros dos, Barça y Madrid, que gastan el doble y el triple en estos conceptos. Tampoco en Europa aparece entre los diez más ricos. ¿El dinero lo es todo? No, pero ayuda. Por eso mi unidad de medida para el Cholo, hasta que cambien estos conceptos, es la misma temporada tras temporada. Está obligado a ser tercero en la Liga, semifinalista en la Copa y llegar a octavos en la Liga de Campeones. Si supera este listón: éxito. Si baja de él: fracaso. Y nadie me va a mover de ahí porque le exijo según los recursos de que dispone. Se me hace curioso que mantenerse entre los tres primero año tras año parezca tan sencillo. Por supuesto que es su obligación, pero es que hay infinidad de equipos que no cumplen sus objetivos. A lo mejor es que tiene su dificultad.

¿Significa esto que me guste todo lo que hace el Cholo? Por supuesto que no. No me gusta su tendencia a protegerse en exceso cuando llegan los días de verdad. Tampoco sus reparos para soltar la correa de los canteranos, aunque parece que algo está cambiando con Barrios y Riquelme. Se me hace excesiva la 'mili' a los nuevos, que tienen que pasar por un vía crucis hasta que son bendecidos por su confianza. No 'banco' ese empeño en fichajes que él pidió y que no están a la altura como Nahuel y De Paul. Preferiría que no cobrara tanto aunque lo merezca. Me decepcionó que no fuera capaz de seducir a Rodrigo Hernández para mantenerse en el club del que era hincha. Y me satura un poco su fe en las supersticiones que en cada rueda de prensa le "llevan a donde creemos que les podemos hacer daño". Y cuando valoro todo eso, lo mezclo, y hago el cocktail, me parece tan insignificante respecto a todo lo que da que no puedo otra cosa que defender el contrato vitalicio para Diego Pablo Simeone.

Lo hago porque no hay entrenador en el mundo capaz de garantizar que el Atleti no baje del tercer puesto en once años consecutivos. Porque en las diez temporadas de la antigüedad A.C. (antes del Cholo), la mejor clasificación del Atleti fue el cuarto y después el séptimo. Porque de las últimas cinco ediciones de la Champions ha 'fracasado' cayendo tres veces en los cuartos de final, cosa que el club ha conseguido en toda su historia once veces (seis de ellas con él). Ya ni siquiera me refiero a las finales ni a las semifinales de la 16-17 para que nadie lo vea prescrito. Esos 'fracasos' son los grandes éxitos de Simeone, que ha conseguido que duelan cuando antes era un suceso casi paranormal. Los resultados y los números matan a los 'haters'. Solo que se valore el fin de ciclo me parece más propio del cansancio que de la realidad. Hay un hartazgo por su figura que veo más fuera del mundo atlético que dentro, lo cual es sinónimo de respeto, le quieren fuera. Se buscaba un rival digno para los derbis y la cosa se fue de las manos porque ahora incluso los gana. La opinión publicada busca grietas para sacar al enemigo y cada derrota es una oportunidad. Puedo entender que se considere que Athletic y Dortmund están al alcance del potencial colchonero, que es cierto, tanto como que Ínter y especialmente Real Madrid deberían haber evitado esos cruces si hubieran impuesto su mayor potencial. Esos argumentos pueden utilizarse según convenga. Lo curioso es que se hable de años en blanco como crítica cuando es un halago. Ahora se cuenta con el Atleti para los títulos pese a no tener potencial para ello.

Sí, yo le haría contrato vitalicio al Cholo. Con él, una cosa está garantizada: el Atleti seguirá en la élite y competirá con los mejores. Y además, los atléticos podrán presumir de ser únicos en Europa, con el entrenador más longevo del continente. Por ese lado ya están haciendo historia. Si algo defiende el rojiblanco es que es diferente a los demás. Creo que hay una parte de fuego amigo y otra de un cansancio que raya en la pereza por ver siempre la misma cara. Es entendible, aunque mantengo que el grueso de la masa social colchonera sabe cuál es su realidad y que quien entrena sujeta al club entero con las dos manos. Si de verdad toca exigir títulos, qué menos que hacer una apuesta económica como la de Suárez. Hasta un descarte del Barça fue suficiente para ganar la Liga porque ese tipo de jugadores sí marcan diferencias y permiten dar un salto de calidad. Mientras tanto, con una plantilla basada en retales de los más grandes, los críticos del Cholo tendrán que esperar al batacazo que sería no clasificarse para la máxima competición continental. Su esperanza es el Athletic y, de consumarse, sí sería lógico el debate de la continuidad aunque mi posición no cambiaría.

Cuando eso ocurra, que algún día pasará, hay dos nombres que tienen la sangre roja y blanca en vena. El más popular es Fernando Torres que sigue su camino exitoso en la cantera del club hasta que le llegue la hora. Pero como él tiene más padrinos, que nadie pierda de vista lo que está haciendo Gabi con el filial del Getafe. El eterno capitán la está rompiendo y me hablan maravillas de él como técnico. Ya era un entrenador en el campo, no sorprende.