MANCHESTER CITY

Pep Guardiola ante la última puerta: todo empieza con cuatro defensas

El Manchester City ha goleado al Bayern en el partido más jerárquico en Champions de los ingleses desde que Guardiola es el entrenador.

Pep Guardiola durante el encuentro. /AFP
Pep Guardiola durante el encuentro. AFP
Albert Blaya

Albert Blaya

Josep Guardiola lleva 15 años disputando de forma ininterrumpida (salvo su año sabático) la Champions League, una competición salvaje que traza su arco narrativo en el descontrol, el drama, la incertidumbre. Etiquetas que durante toda su trayectoria el entrenador catalán ha buscado eliminar de forma obsesiva en pos de un control total. Y la Champions, que es más grande que todo, siempre tenía la última palabra. Pero lo presenciado en el Etihad ante el todopoderoso Bayern es una pantalla nueva. La versión definitiva de uno de los mejores equipos de este siglo.

Cuatro centrales, un mediocentro y un volante haciendo de extremo. Guardiola buscó, por encima de todo, nacer desde la defensa, entendiendo la eliminatoria desde un respeto creativo, uno que no coartase las virtudes de sus futbolistas, sino que les supusiese una red de seguridad sobre la que lanzarse hacia adelante. Akanji, Aké, Stones y Dias serían la defensa, sin laterales, cuatro defensas que lo mejor que hacen es defender, ganar duelos, anticipar y apagar fuegos. Desde ahí, Guardiola empezó a dominar a Tuchel.

La Champions requiere siempre ajustes distintos, supone una anomalía para la mayoría de equipos, pues obliga a variar lo que se hace cada fin de semana, por muy buenos resultados que de, porque cuando el himno suena, las leyes cambian. Al instante. Y al City de Guardiola le ha costado muchas eliminatorias el ser capaz de leer con mimo esa variación, de construir su identidad de forma distinta, respetando la esencia germinal del proyecto, pero adaptándola a estas arenas movedizas. Con Tuchel delante, el que le ganó la única final que ha disputado desde que salió del Barça, el reto era enorme.

La presión marca el camino

Guardiola es uno de los entrenadores más defensivos que ha habido, porque su principal inquietud reside siempre en minimizar el riesgo, cortar el camino al contrario y reducir la incertidumbre. Pero es defensivo siendo proactivo, buscando tener la iniciativa. Y ante el Bayern, su mejor argumento fue la presión. En la élite, cada metro cuadrado cuenta, porque no hay espacio que no sea fértil, y el City gana así, entendiendo el verde en su globalidad, poniendo el máximo foco de detalle en cada presión, salto y trayectoria. Orientando siempre hacia donde el Bayern se sintiese más incómodo, ajustando en cada salto para que los maravillosos futbolistas rivales (Musiala, Gnabry, Sané, Coman) no encontrasen nunca una recepción clara.

Hasta 4 jugadores del City en primera línea, buscando tapar pases dentro a la vez que llevar la pelota fuera siendo agresivos.
Hasta 4 jugadores del City en primera línea, buscando tapar pases dentro a la vez que llevar la pelota fuera siendo agresivos.
Una vez Davies conduce hacia dentro se encuentra con hasta cuatro jugadores del City en pocos metros que imposibilitan una conducción dañina. Stones y Rodri, siempre cerca de sector de balón.
Una vez Davies conduce hacia dentro se encuentra con hasta cuatro jugadores del City en pocos metros que imposibilitan una conducción dañina. Stones y Rodri, siempre cerca de sector de balón.

Ese dominio inhabilitó a los alemanes de poder transitar y encontrar recepciones cómodas a su espalda. Apenas las hubo, y eso que el Bayern las encuentra siempre. El orden mental táctico, como contó Michel en Relevo, es fundamental en Guardiola. No hay fase del juego que no esté integrada en la siguiente, en un armonía que la Champions se negaba a aceptar como propia. Hasta que el City ganó de una forma en la que no lo había hecho todavía; por jerarquía.

No fue necesaria la brillantez sino que Guardiola abrazó la contundencia, haciéndose gigante en ambas áreas, aprovechando el poderío de Haaland y Rubén Días, dos futbolistas que deciden partidos. Apostó por Bernardo Silva en banda porque en estos partidos hay muy pocos como él. "Es uno de los mejores jugadores que he entrenado, es especial", contó Guardiola. Eligiendo a Bernardo para jugar, pero sobre todo para presionar, siendo uno de los mejores del mundo en ese aspecto. Nadie ganó más duelos (12) ni hizo más entradas (8) que el portugués.

El City tuvo menos posesión (46) y precisión en el pase (82 vs 87%) que su rival. Y fue superior. Porque Pep Guardiola hace tiempo que es mucho más de lo que sus detractores (y hooligans) predican. Su noche más dominante en Europa nació desde lo primigenio; el control total, sin dejar casi nada sin guión. Guardiola desde los cuatro defensas para llegar donde antes no llegaba. ¿Será este su año?