Cuando el Milan desmintió el relato de Guardiola sobre el Real Madrid: "Les respetábamos; les temíamos"
El técnico dijo que era imposible eliminar dos veces seguidas al Madrid. Relevo habla con Filippo Galli y Pietro P. Virdis, dos exmilanistas a las órdenes de un Sacchi que destrozaron al Madrid de la Quinta de forma serial y continuada en Europa.

En el año 1989 el concierto de Pink Floyd no se pudo celebrar en el Estadio San Siro porque Italia estaba preparándose para el Mundial. Lo mandaron cerca de Milán, concretamente a Monza. No fue óbice para que miles y miles de italianos vibraran con la banda rock-progressive londinense, quienes llegaban con una criatura recién nacida: Learning To Fly. Como tema habría sido un perfecto catalizador para el grupo de Arrigo Sacchi, quien desmintiendo las últimas declaraciones de Guardiola ("Al Madrid no se le puede eliminar dos veces seguidas en Champions") dilapidó, desmembró los sueños de la Quinta del Buitre dejándola sin su ansiada y deseada Champions. Ese Milán herético, además, ya estaba experimentando con la psicodelia del balón.
Una vez más el pasado regresa, aunque se desconoce si es para actualizar el catálogo o bien surtirlo de más telarañas. Cierto es que la vuelta de cuartos en el Etihad ha desenterrado un capítulo memorable de la historia del fútbol reciente. El de un equipo que estaba aprendiendo a volar gracias a un sabio de provincia ungido en su idea obsesiva, transgresora, pirotécnica y genial. "Ese Real Madrid era espectacular. Tenía muchos intérpretes para enarbolar un fútbol muy atractivo. Le respetábamos con nuestro sistema de juego novedoso, estilo Sacchi: agresivo, con mucha velocidad, pressing alto, achique de espacios, línea de retaguardia muy arriba y dominio del bloque-tiempo. Creo que ese día cayeron más de veinte veces en fuera de juego. Quizás eso fue determinante, también la humildad de temerle y respetarle. Probablemente nos hizo mejores, sin duda", sintetiza Pietro Paolo Virdis, un delantero vintage con el título de capocanonniere en el 87, y que perdió algo de protagonismo con la llegada de Gullit y Van Basten arriba. Sin embargo, el italiano tuvo minutos tanto en el 5-0 thriller de San Siro (vuelta de semis en 1989) como en la final contra el Steaua de Balint, Lacatus y Gica Hagi.
Fue precisamente esa la primera de las dos finales Champions que ganó Sacchi de forma consecutiva.En ambas mandando al Madrid a escribir epitafios. El Milán no disputaba una desde hacía veinte años, pero ese curso la máquina era perfecta y desconocida. Los rossoneri habían dado un mordisco a la historia convirtiendo su fútbol en arte: se pasó del medioevo de Giotto al futurismo de Marinetti. Y todo se extrapoló al balón. "Jugamos esa eliminatoria como todas. Ninguna preparación especial. Sabíamos lo que podíamos hacer", recuerda.
Y lo hicieron. Tras un empate en el Bernabéu (goles de Hugo Sánchez y Van Basten), los de Leo Beenhakker -con Míchel, Butragueño, Gordillo…- fueron pisoteados en Milán con una manita que pasó a la historia del fútbol. En materia de goles se encargó una cooperativa supina: Ancelotti, Rijkaard, Gullit, el cisne de Utrech y Roberto Donandoni. Algo cambió para siempre en la historia del balón. Algo que siempre viene y va. Que se despierta para después hibernar. Quizás por miedo a ser castigado por el olvido. De ganar el City, se cerraría con un zarpazo este capítulo de aventuras italiano que incluso hoy pide protagonismo. Pero si quien pasa es el Madrid, la obra de Sacchi terminará por ingresar en la Pinacoteca de Brera. ¡Por única, eterna e inimitable!

La muerte del verdugo
La doble eliminación consecutiva del club más laureado de Europa -última hasta el momento- tuvo mucha repercusión. Especialmente en Italia, donde el Real Madrid se había convertido en verdugo perenne durante toda la década. Y es que sólo entre 1981 y 1986 se cargó al Inter de Beppe Bergomi en tres competiciones diferentes: Liga de campeones, Recopa y UEFA, hasta en dos ocasiones. Era el Madrid de Santillana, la gran bestia negra de los nerazzurri. Además, en el 87 mandó a la lona a la Juventus de Platini y el año siguiente hizo lo propio con el Nápoles de Maradona. Le faltaba uno para completar el póquer de víctimas.
No pudo hacer lo propio un curso después con el Milán… Y tampoco el sucesivo, donde se volvieron a ver las caras, esta vez en octavos, con Toshack en el banquillo: 2-0 (Rijkaard y Van Basten) en la ida para los italianos, que claudicaron en la vuelta con un único gol -estéril- de Emilio Butragueño. Virdis ya no estaba allí, pero sí seguía un soldado indispensable para los milanistas: Filippo Galli, quien además ganó su tercera Orejona en Atenas contra el Barça de Cruyff. Como titular, en sustitución de un Baresi lesionado. "Bueno, eso es otra historia. Centrémonos en el Madrid. Tras ganarle por segundo año seguido volvimos a levantar la Copa de Europa", recuerda a Relevo.
En esta ocasión contra el Benfica. "No sé decirte el secreto, por qué solo nosotros podemos presumir de esto en la historia contemporánea. Racionalmente, insisto, no te sé decir cómo se elimina al Madrid dos veces seguidas de su competición. Hay que resaltar a nuestros futbolistas, que interiorizaron la cultura del trabajo infundida por Sacchi, un revolucionario en un país especulativo. Sí, nuestra fuerza era la organización defensiva, pero íbamos a cualquier campo a ganar. El grupo era osado, y no hacía distinción entre jugar fuera o en caso. Fue una revolución, sí. Antes no hubo nada igual".
Han transcurrido varias décadas, aunque Filippo Galli (Monza, 1963) no ha olvidado la mística del Bernabéu, "un estadio con mácula capaz de condicionarte". Se sabe aún de memoria esa defensa blanca ("Sanchís, Gordillo en la izquierda…") y siente aún hoy admiración por la Quinta del Buitre. "Un equipazo. Jugadores extraordinarios… Quizás la única diferencia con nosotros es que también los teníamos, pero estos se movían en torno a un colectivo solidificado". Era como un acordeón, que se estiraba y encogía al unísono. Sin versos libres soeces o melancólicos. Sin epopeyas o elegías. "Quizás, individualmente, eran mejores pero nuestra armonía marcaba la diferencia. También nuestra fuerza mental. Sí, ellos habían ganado muchas veces al Inter… Me acuerdo de Juanito o Santillana. No sé, puede que les ganáramos porque le teníamos un poco de miedo. Del miedo nació nuestra valentía, nuestra convicción".
Las palabras, inteligentes y profundas, provienen de este ex marcador de la vieja escuela, gran predecesor de Costacurta, otra pieza sublime de ese arquitrabe que encajaba como un cubo de Rubik.
El miedo como motor
Con una memoria lúcida y una inteligencia, una pasión supina por el fútbol, Galli se despide subrayando la importancia de los años en que -ya retirado- fue entrenador del Primavera Milán, además de responsable de la cantera en Milanello e incluso ayudante -junto a Tassotti- del propio Ancelotti. Tiene un blog titulado La complessità del calcio. En él aparece, en grande, una cita de Bielsa: "No se vive celebrando victorias sino superando derrotas".
Antes habló, junto a Virdis, de miedo, de consideración, de asombro ante la erótica del Bernabéu en las iracundas noches de Champions. En este caso es inevitable que venga en mente la ceremonia de pesaje antes del combate de boxeo por el título mundial entre Cassius Clay y Sonny Liston, a quien llamó "gran oso feo". Fue la previa de la célebre frase que soltó como una sacudida, tras prometer que llevaría su cuerpo al zoo: "Flotaré como una mariposa y picaré como una abeja". La frecuencia cardíaca ahí -en reposo- era de 120 pulsaciones. La traducción es que le estaba dando un ataque de pánico. Luego le derrotó sin miramientos y soltó un último latigazo: "Soy el más grande". Quizás había algo de todo eso en ese altivo Milán. Sí.