¿En qué minuto corea el Camp Nou la vuelta de Guardiola?

Aquí estoy. Una jornada de Champions y escribiendo del Barça. Hay puñaladas que tardan menos tiempo en cicatrizar que el presente europeo de este equipo. Es lo que tiene ver un City-Bayern desde este rincón del mundo con la nostalgia de lo que pudo ser y no fue y, sobre todo, con el enfado de lo que nunca, salvo milagro y limpia en los despachos, será.
Las estadísticas, los gráficos y los power point que pasea Tebas por el planeta para promocionar con su mejor intención el campeonato se caen por su propio peso cuando el balón echa a rodar. Si la Premier es otro nivel superior al de LaLiga, lo de la Champions parece un deporte diferente. La comparación es tan odiosa como necesaria.
Salvo el Real Madrid, que se entrena los sábados y domingos para imponer su dominio entre semana, uno mira lo que hay en nuestros campos y tiembla viendo unos y otros ritmos. Basta con poner el foco en el líder que ahora mismo tiene España para ver que únicamente se atisba un fondo negro: da la sensación que para que un día recupere la grandeza perdida necesita casi una refundación y fichajes de primera línea en vez de sucedáneos como excelentes complementos. Se hace complicado imaginar que alguien en el mejor torneo de cuantos existen (con permiso de la Kings League) morderá el polvo en el destierro de Montjuïc al que está abocado la próxima temporada.
Todos los grandes equipos que aparecen por la pantalla tienen mejores atletas, jugadores más diferenciales y un futuro perfectamente apuntalado. En el Barça no está claro ni el porvenir de Gavi. ¿Cuántos jugadores blaugranas podrían ser ahora titulares en el City o el Bayern? Ter Stegen, Araujo, Christensen o Balde, sin pasarse, Pedri y pare usted de contar. Donde algunos ven a Rodrigo cantar bajo la lluvia, yo pienso en Busquets persiguiendo sombras. Donde más de uno destaca a Bernardo Silva burlando rivales, en mi cabeza se repite la imagen de Raphinha chocando contra un muro. De Haaland ya ni hablamos.
Por eso, puestos a pedir cosas complicadas, vintage y esperanzadoras en el Camp Nou, sería más lógico exigir a gritos -en el minuto que mejor venga- el regreso de Guardiola que el de Messi. El entrenador que dio la gloria al Barça con escasos tachones tiene 20 años de brillante y ascendente carrera por delante, mientras que el mejor jugador de todos los tiempos, con el que ya se arrastró el equipo por Europa, apura su final en una ligar menor. Allá cada uno, pero hay reivindicaciones en mi patio de vecinos mejor coordinadas.
De Guardiola ya está su currículum mil veces aireado y están todas las hostias dadas. Tiene a una buena parte del mundo en contra entre un amplio sector del madridismo, los mourinhinistas -que no es lo mismo-, algunos politólogos sin título y aquellos que prestan más atención a cómo desarrolla su comunicación verbal (ruedas de prensa) y no verbal (salivazos y regüeldos) que a lo que sucede en el campo. Sin embargo, bajen al verde y pregunten. Los técnicos le tienen como un referente sin parangón y los jugadores, incluso los que no le soportan, reconocen que pierden o ganan, jueguen o no, les ha enseñado siempre algo. Si lo que él ha conseguido lo hubiera hecho Camacho, por poner un ejemplo bien cañí que goza de consenso nacional, habría ya levantada una buena estatua en Colón.
Ahora, tras este espectacular 3-0 en el que Pep volvió a cambiar el partido con sus sabias decisiones, el que no pueda contenerse que analice morfosintácticamente una frase en zona mixta fuera de contexto, que denuncie algún gesto de cara a la galería o, si no tiene munición a mano, que recuerde que gastó tropecientos millones para no ganar como citizen la Champions. Yo prefiero seguir haciendo mi análisis de puertas para dentro. Porque no deja de ser paradójico y debido a que es mucho más edificante.
Por un lado, mientras el lunes Florentino se subirá al avión rumbo a Londres, para presenciar la vuelta ante el Chelsea, Tebas tendrá que olvidarse de las rencillas y se verá obligado a poner una vela para que su Madrid elimine a otro inglés, como hizo con el Liverpool y debería hacer luego con el City. Es la única vía para mantener con vida el relato. Y por otro, qué cosas, Laporta cogerá el coche a esa hora para enfilar su estadio y justificar como pueda el 'Caso Negreira', deslizando guiños para destensar y hacer creer que el futuro pasa por Messi cuando él, si pudiera porque es listo, volvería a abrazarse a Guardiola. El fútbol. Y la vida. Qué duro es no tener el balón y depender de los que hacen cada día malabares con él.