La nostalgia de la Barcelona más napolitana: "Maradona ganaba con diez carpinteros..."
Barcelona y Nápoles están unidas por algo más que el fútbol. Tres restauradores nos explican similitudes y diferencias entre ambas ciudades.

"Los edificios, el casco antiguo, el mar, el puerto, el clima, la gente… Barcelona me recuerda a Nápoles", comenta Raffaele, propietario de la Bella Napoli de Poble Sec. De alguna forma, en los años 80 Maradona trajo a la luz unos hilos invisibles que siempre han conectado las dos ciudades mediterráneas. Acercó dos ciudades que también están unidas por la pasión por el fútbol. Y desde hace años, muchos napolitanos recorren el camino inverso de Diego para ofrecer a los catalanes su producto y su cultura. Muchos jugadores del Barça han pasado por sus mesas.
"En Barcelona me siento cerca de mi casa", dice Patrizio, del Spaccanapoli, al lado de Arc de Triomf. Patrizio llegó a la capital catalana de vacaciones y se terminó quedando, hace ya ocho años y medio. Se define como "napolitano de pura sangre" y vive en la Barceloneta, barrio que le recuerda al suyo, Corso Garibaldi. Callejeando cerca del mar uno puede descubrir donde vive muy fácilmente: de su balcón cuelga una bandera de cinco metros con el escudo del Nápoles. Si hay algo en común en todos aquellos que dejaron atrás el sur de Italia es que en la maleta también se llevaron la pasión por su equipo, que sigue ocupando una parte trascendental en su día a día.
Carlo llegó a Barcelona hace una década. Abrió un restaurante junto a dos socios, precisamente, en la Barceloneta. Un año más tarde, entre la ilusión y el miedo, abrió el suyo propio, el Don Kilo, en la calle Girona. "Creo que somos bastante parecidos", afirma Carlo. "Hay algunos catalanes que no se sienten españoles y eso pasa también en Nápoles. Hay quien dice que no es italiano, que es napolitano. Italia no es un país muy patriota, hay mucha rivalidad entre norte, centro y sur. Cuando uno dice que es napolitano, no es una buena tarjeta de visita. El napolitano tiene un corazón muy grande, como el catalán", cuenta.

Cualquier conversación entre un napolitano y un catalán desemboca inevitablemente en fútbol. Y eso conduce a Maradona y Messi de manera irremediable. Raro es el caso de los niños de ambos territorios que no han nacido cerca de un balón. "Cuando paseo por la Barceloneta y veo a los niños jugar a fútbol en la calle, me paro y me acuerdo de cuando era pequeño. Ahora el móvil lo ha quitado un poquito. Pero si no sabes jugar en el potrero, no eres jugador", apunta Patrizio, que recuerda con cariño los torneos entre barrios que celebran cada año en la Piazza Mercato.
«A Maradona se lo debemos todo»
Patrizio, Raffaele y Carlo tienen en común que nacieron cuando Maradona acababa de llegar a la ciudad. De Diego tienen vagos recuerdos envueltos del aura del argentino que tiñe a todo napolitano. "Él nos ha dado todo. Es lo que nos ha dado como persona. Antes Nápoles era conocida por la camorra, por la basura. Se lo debemos todo", afirma Patrizio. En Italia y Argentina, las conversaciones sobre Maradona tienden a la comparación con Messi. Y en Nápoles no hay resquicios para las dudas.

"La historia da más peso a Maradona, él podía jugar con diez carpinteros y los transformaba en jugadores", dice Carlo. "Messi es un dios del fútbol, Maradona es otra cosa. Ganaba por el pueblo", expone Patrizio. "En Nápoles consideramos a Messi un genio, el mejor del mundo. Pero creemos que Maradona es algo superior", cierra Raffaele.
Si Nápoles es en sí mismo un altar a Diego, sus restaurantes no son menos. "En todo piso de Nápoles hay o una camiseta de Maradona o una camiseta del Nápoles", asegura Patrizio, que dice tener también una de Boca. En el Spaccanapoli preside el comedor una camiseta firmada por Diego. Barcelona y Nápoles respiran fútbol, pero los napolitanos creen que el ambiente en los estadios es más fervoroso en su país.
El sueño cumplido de irse con un Scudetto bajo el brazo
Al fin y al cabo es el espacio donde se traslada ese romanticismo. Todos los napolitanos tienen una historia de amor distinta con su equipo. También Patrizio. "En agosto perdí a mi padre por un mal incurable. Su sueño era ver al Nápoles ganar la liga por última vez. El Nápoles le ha hecho un regalo muy grande. Se ha ido muy feliz. Cuando él murió, le compré una camiseta con su nombre y se fue con ella", explica con los ojos humedecidos. Ahora ve los partidos con una fotografía de su papà al lado.

En su familia también hay pasión por el Barcelona. Su cuñado, también napolitano, tiene tatuado el escudo del Barça y la senyera. Y en su último viaje a la capital catalana vino a ver el 5-0 del femenino al Real Madrid. Vino con un objetivo y lo logró: que Aitana le firmara la camiseta.
Messi y su yate; futbolistas blaugranas en busca de pizzas a medianoche
El Bella Napoli de Raffaele ha visto pasar por sus mesas a leyendas barcelonistas. Guarda una buena relación con Pepe Costa, íntimo amigo de Leo Messi, Luís Suárez o Sergio Busquets, quienes han acudido, como Ronaldinho o Eto'o anteriormente, a su restaurante. De la relación entre Raffaele y Leo nació una anécdota que uno de sus amigos recordará siempre. Lo cuenta él mismo.

"Yo estaba en Barcelona y Messi estaba de vacaciones en Nápoles. Había alquilado un barco y no dejaban acercarse a él. Había cierto secretismo porque de haber sabido que estaba Messi, la gente hubiera ido nadando hasta su barco. Un amigo mío se acercó con su canoa y le llamó. Leo se giró y le dijo que era amigo de Raffaele, de Barcelona. Y Messi le dejó pasar y subirse al barco. Se hicieron una foto juntos. Fue un detalle por parte de Messi que nunca olvidaré", relata.
Barcelona y Nápoles están unidos por algo más que el fútbol. La ciudad condal ha acogido a muchos napolitanos que ahora alimentan incluso a futbolistas blaugrana. Un jugador que abandonó el club en los últimos años acudía a un restaurante napolitano pasada la medianoche en busca de pizzas. Pocos pueden decir que sienten más pasión por el fútbol que los napolitanos, aunque algunos no pueden obviar lo que les ha dado Barcelona. "Nápoles es como mi mamá, Barcelona lo tengo como un padre que me ha hecho crecer. Tendré el corazón dividido", cierra Carlo.