El penalti de Koke confunde al Atlético: "Espero que él lo entienda"
Una posible mano fue seguida de un leve contacto del mediocampista sobre un jugador del Lille. Un penalti muy cuestionado.

Jugaba el Atlético en casa contra los suplentes del Lille, pero las cosas no salían. No desde el principio, hubo un rato en el que parecía ir más o menos encarriladas, pero tampoco tardó demasiado en infectarse todo de un ambiente de fatalismo, con el mantra de que si algo puede salir mal, saldrá mal. También con el árbitro.
La jugada del penalti es dudosa, no cabe duda. Hay una montonera en el área de Oblak, una de esa serie de catástrofes en los que se deja de saber dónde está el balón y quién se tiene alrededor. La pelota, juguetona, pierde el hilo y da en la mano de Benjamin André. Viene de un rebote, la posición es aproximadamente natural, no es voluntaria. Es una de esas manos tan difíciles de descifrar, que parecen más a capricho del árbitro que otra cosa.
La cosa sigue entre rebotes y barullo y termina Koke dando una patada a un delantero del Lille. Una patadita, floja, de esas en las que el defensa llega un poco más tarde que su rival y en lugar de encontrar la pelota se encuentra un poco del pie. ¿Le toca realmente? no hay un plano que de un veredicto. Otro problema para el árbitro, porque si es penalti es como mucho penaltito.
El penalti señalado en contra del Atleti.
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Y así, con la suma de las dos cosas, se termina señalando penalti. Si fuese gol, al menos en España, no hubiese subido al marcador, pues si da en la mano de un defensor nunca es legal el tanto. Pero claro, no es gol, es penalti, es otra jugada. Es un problema para Marco Guida, el árbitro italiano, y en el estadio se representa ese drama. Tarda en llegar el veredicto, se espera que el VAR diga algo, pero claro, no es fácil para ellos tampoco ¿corriges al colegiado en la colección de grises que es esa jugada?
La jugada queda en una amarilla a Simeone, que ha saltado del banquillo reclamando justicia. El técnico argentino, como buena parte de la grada, no ha entendido nada, y cuando un entrenador no entiende lo que pasa suele pensar que le han perjudicado. Está en la condición humana.
La confusión era generalizada, Oblak, tras el partido, seguía sin saber qué había pasado: "No sé qué ha pitado. Al final no sé qué ha pitado, nadie entiende, espero que él entienda, pero tampoco nos podemos quejar, porque hemos tenido ocasiones para rematar el partido y luego ellos marcan de un rebote y el penalti es otro rebote. Cuando no va, no va".