Un plato de lentejas explica los sacrificios de Fermín por seguir los pasos del mejor Pedri: "Mi familia lo pasó mal"
El onubense regresó a la titularidad con las dos primeras asistencias y, junto al canario, fue el motor del Barça.

Cuando era Infantil B, Andrés Iniesta llegó desde Fuentealbilla (Albacete) a La Masia del FC Barcelona a cumplir su sueño de formarse para ser futbolista profesional. No lo pasó demasiado bien al comienzo, por lo que hacía cola en la cabina de teléfonos de color verde instalada cerca de las habitaciones para llamar a sus padres, y pasaba las noches llorando y añorando, incluso en una entrevista a Relevo esta misma semana ha comentado que ahora se pensaría si a su hijo le llega una oferta así ("yo me lo tendría que pensar y analizar si ahora vinieran a fichar a uno de mis hijos"), tan lejos de la familia pero tan cerca (relativamente) del éxito. La historia de Iniesta es la historia también de Fermín López, que fue fichado por el Barcelona como Infantil A, con 13 años, y también vivió momentos difíciles, de soledad.
Lo explicó en uno de los capítulos de la serie documental en Barça One sobre el primer equipo, donde comparte cartel con Lamine Yamal. Fermín aparece en El Campillo, Huelva, con su familia, ya cerca de emprender el camino a la gira por Estados Unidos de 2023, cuando explotó con un gol ante el Real Madrid y ya nadie lo movió de ahí. En la imagen aparece una casa antigua, con muebles de madera y manteles de tela, y el mediocentro se zampaba con ganas un plato de lentejas hecho por su abuela. No hay nada como comer en casa, y seguramente más aún en una casa repleta de recuerdos de niñez, y se sinceró en ese contexto. "Mi familia y mi pueblo lo han pasado mal", reconoce, y explicó también las lágrimas derramadas en "las llamadas que hacía". Esfuerzos para alcanzar noches como la de este miércoles en Montjuïc.
El onubense de 21 años, que ya es campeón de la Eurocopa y de los Juegos Olímpicos en un 2024 mágico, no tardó ni 40 segundos en meter un pase de gol a Raphinha, que no perdonó. Un minuto de magia para poner por delante al Barcelona ante el Bayern en la prueba del algodón de Montjuïc. Su perseverancia e inteligencia, porque además de tener la academia de La Masia tiene la calle de Linares, le hizo ganarle un duelo al gigante Kim Min-jae con una mano en la espalda dudosa, al límite pero legal para los colegiados, y asistir a Lewandowski para marcar el 2-1 y poner de nuevo en ventaja a los azulgrana ("Yo creo que (Kim) es muy grande como para tirarlo. He buscado la posición y le he podido dar con la 'puntillita' a Robert"). Fermín te vale para un roto y un descosido, y aunque las lesiones le apartaron un mes y medio en este comienzo de curso, ha vuelto como si nada hubiera ocurrido.
"Es un triunfo importante, no les ganábamos desde 2015. El club y la afición se lo merecen. Todo el equipo ha hecho un gran partido, el Bayern es un equipo de mucho nivel", comentó después el futbolista, más tímido que sobre el verde, en los micrófonos de Movistar Plus+. Por donde también pasó la estela de Fermín, que es Pedri, aquel jugador que parecía incompatible con el onubense pero que Hansi Flick ha demostrado que no.
Pedri, su cénit y su sinceridad: «Estamos preparados para todo»
El canario, más cerca de la base de la jugada, en plenitud física, se sincera todas las veces que se pone delante de un micrófono: "La afición se lo merecía desde hace tiempo. Es normal que la euforia suba, estamos preparados para todo. Vamos a ir a por todas. A mí, que soy del Barça desde pequeño, te toca el orgullo y queríamos devolvérselo. Nos hace creer que podemos competir al máximo nivel". Incluso se atrevió a decir que se encontraba en el mejor momento de su carrera.
El Barça de La Masia, de Flick, es también el de Pedri y Fermín, y el de ese plato de lentejas que seguro que tantas veces ha añorado, pero que, por noches como la de este miércoles, ha merecido la pena. Pensará.