Radiografía al problema defensivo del Barça de Xavi: la casa se derrumba y se señalan las puertas y no las columnas
En 2024 el equipo blaugrana ha encajado 13 de sus 24 goles recibidos en un centro lateral.

Año nuevo, vida nueva. O eso dicen. No para un Barça que en lo que llevamos de 2024 ha recibido 24 goles en 12 partidos disputados, o lo que es lo mismo: dos goles por partido. Una cifra desproporcionada y alarmante que ha transformado el relato de Xavi en apenas mes y medio. Si en enero se hablaba de las cuatro competiciones en las que el equipo seguía con vida, en febrero ya solo quedan dos: una está en duda y la Champions se encara con cierto miedo y no con la ilusión que tocaría. ¿Por qué el Barça está siendo tan vulnerable?
Desde enero, el Barça es una de las peores defensas de LaLiga. No solo por los números absolutos, sino también la estadística avanzada que señala al Barça como un equipo mediocre en este apartado. Los de Xavi son el quinto equipo de LaLiga que más cerca le permite rematar al rival (15,7 metros), permiten 1,13 xG al rival (el pasado curso la cifra fue de 0,8), y son el séptimo equipo que más remates claros permite al contrario, con 2,4. Pero analizando los goles, existe un patrón que está destrozando al Barça de Xavi en este lapso de tiempo: el centro lateral.
De los 24 goles recibidos, 13 han sido a través de un centro. Más de la mitad. Nada ha cambiado pese a que Xavi haya metido a Christensen como mediocentro, reforzando la medular y ganando centímetros, porque Alavés y Granada han marcado cuatro goles en este tipo de acciones. El problema hace tiempo que no tiene nombres propios y sí estructurales. Apuntar a Araújo, Koundé, De Jong o Cancelo es como ver una casa que se derrumba y señalar las puertas y no las columnas. En este caso, las columnas son los conceptos colectivos que se trabajan día a día y que el Barça parece haber olvidado.
Además, de los 24 goles totales, 12 se reparten en los primeros 15 minutos de cada tiempo. Cuatro entre el 0-15 y ocho entre el 46 y el 60. Muchos de los tantos que recibe el Barça se dan después de un gol de los blaugranas: ante el Betis encajaron dos goles seguidos tras el 0-2, el Alavés recortó distancias un minuto después del 0-2 y el Granada anotó en seis minutos dos goles. Datos que confirman la sensación de que el equipo no controla el ritmo del partido, que es incapaz de apaciguarlo cuando lo gana, algo que Europa suele castigar con puño de hierro.
Un equipo demasiado largo incapaz de defender donde quiere
El Barça se reorganiza mal cuando no tiene la pelota. No existe una estructura que ayude al jugador a defender y descansar, sino que se agrieta por todos lados y esto facilita que el rival lleve el balón hacia el costado con un Barça incapaz de mantener su altura defensiva una vez se sobrepasa la primera línea, lo que termina hundiendo a todo el bloque en área propia sin una agresividad que le permita ser dominante.

Pedri haciendo de lateral, De Jong y Christensen sin saltar ni hacer el campo más corto y una defensa que tiende a hundirse por su propia inercia son demasiados factores que transforman el bloque medio del Barça en un caos total. Sin referencias zonales, y solo al hombre, es muy difícil que el equipo de Xavi pueda mandar la línea defensiva allí donde le interesa porque no tiene la capacidad para ello.

El error de Frenkie De Jong es grave, porque en la primera imagen se aprecia cómo es él el jugador que inicia la carrera al lado de Ricard, que termina rematando, pero este fallo viene precedido por unas carencias estructurales que facilitan la tarea al contrario. De hecho, el Barça no reclama la excelencia al rival para que le haga una ocasión en este tipo de situaciones, sino que le basta con dos o tres pases para desordenar a los de Xavi y estar en disposición de rematar en el área contraria.
En los últimos siete partidos ligueros, el Barça ha recibido 31 centros que han encontrado rematador. El problema no es la cantidad, que es ligeramente inferior a los 34 que concedió el equipo el pasado curso en el mismo lapso de tiempo, sino el cómo se prepara el Barça para defender estas situaciones.
Primero presión y después defensa individual
El Barça de Xavi ha sido reconocible todo este tiempo por ser un equipo agresivo que busca recuperar la pelota rápidamente. El egarense tocó el cielo como jugador en un fútbol en el que siempre tenía el balón y nunca lo perdía; apenas defendía. Como técnico y ya en Catar, Xavi apostó por un modelo ultra ofensivo y vertical con especial énfasis en los primeros diez segundos tras perder el cuero. ¿Qué sucede cuando el equipo se ve forzado a defender más tiempo del que quiere?
La opción que ha elegido el Barça para defenderse es una defensa individual, con poco reparto de espacios, priorizando defender al jugador en un duelo que a acortar distancias y minimizar riesgos como unidad. Esto funciona cuando la dinámica es positiva y el jugador está capacitado para repetir esfuerzos, porque sino el descosido es mayor. Muchos de los centros están llegando precisamente porque al Barça se le supera fácilmente a través de paredes, bien sea en campo propio o en la frontal rival, desordenando al jugador que salta y haciendo evidente que no hay estructura que proteja al futbolista.

En situaciones como las de la imagen anterior, el Barça acude sin la agresividad ni la premura necesarias, permitiendo que ese uno-dos en banda del Celta deje fuera de la imagen a dos jugadores y facilitando así la progresión de su equipo. Es muy fácil desnudar al Barça de Xavi porque haga frío o calor siempre se viste de la misma forma, lo que facilita los planes de partido de los entrenadores rivales.

Si un desorden a 50 metros de la portería termina en un remate franco para el contrario significa que el equipo no está capacitado para defender lejos, porque no es capaz de robar con recurrencia ni, lo más importante, de evitar que el contrario llegue a zonas de peligro. El Barça es el tercer equipo que más lejos sitúa a su línea defensiva (48 metros), y el tercero que más agresividad imprime a las recepciones del rival con un 0,22, según StatsBomb. Esta estadística cuenta el porcentaje de pases que el equipo presiona, realiza una entrada o una falta a los dos segundos de haberse producido.


El dilema del mediocentro y Christensen como parche
Sin una defensa zonal que minimice este tipo de acciones, el Barça tiene complicado sobrevivir en partidos de ida y vuelta, porque cada jugador queda eliminado de la jugada a la primera de cambio, impidiendo así que los futbolistas puedan limitar las acciones del contrario. Además, otro de los puntos que quedan encima de la mesa con este tipo de defensa es el más evidente y el que lleva torturando a Xavi y su staff desde agosto: la pérdida de Busquets y su no reemplazo.
En la mayoría de los goles que ha encajado el FC Barcelona queda patente que la frontal del área propia está mal defendida. El experimento con Christensen ha dado mayor libertad a sus compañeros, sobre todo a Pedri y Gündogan a la hora de estar cerca del gol, pero no ha solucionado los principales problemas del Barça a nivel defensivo.

La mayoría de remates que ha concedido el Barça en estas situaciones han sido tiros liberados. Los centrales están teniendo una mala temporada, dejando más tiempo del debido y perdiendo la referencia del rematador, y tanto Gündogan como De Jong han demostrado no ser jugadores con aptitudes defensivas en este tipo de situaciones. ¿Cómo solucionar estas desatenciones defensivas constantes? ¿Son corregibles añadiendo o cambiando alguna pieza? La Champions será la prueba del algodón para un Barça poco acostumbrado a estas exigencias.