Cambios concretos en la RFEF ya: unos dejarán de tener cartel de buitres y otras, como oigo, de niñatas

La carta de las futbolistas del pasado viernes, el comportamiento, la paciencia, la valentía y la determinación en esta crisis federativa originada hace un año, y agravada hace casi un mes en Sídney, ha sido ejemplar. Con alguna mala coordinación en los tiempos, con baches en la asesoría, en la redacción de las razones y en la ejecución, pero aun así histórica y hasta conmovedora. De esos golpes encima de la mesa que se estudiarán.
Sin embargo, como en toda lucha, hay divisiones, señalados(as) y puntos negros. En ese caso veo alguna laguna y una duda que nadie me ha sabido aún aclarar, con un fin de semana de por medio incluido. ¿Cómo se puede pedir lícitamente, como condición para reconducir las cosas, cambios profundos en el departamento de comunicación o en el área de márketing -por poner dos ejemplos- y no hacer lo mismo con el actual presidente de la Federación que es la mano que mece la cuna? ¿Por qué permite el CSD ciertas cosas como que estrujen que haya tantos oídos sordos? El último comunicado de la Federación pasando de nuevo la patata caliente, la presentación de Montse Tomé como si fuera un funeral y su primera lista, con pinta de órdago y sin tanta ilustre, pone los pelos de punta. Todo hace pensar que el '#SeAcabó' es más bien el '#NuncaSeAcaba'.
Pedro Rocha, que para el que no le suene aún su nombre fue puesto ahí por el dimitido Luis Rubiales tras años y años de entrega a su filosofía, aceptó sin que nadie le pusiera una navaja en el cuello una triquiñuela previa a la Asamblea de la discordia para convertirse en su sucesor -con todo lo que ello conlleva- y aplaudió a rabiar después un discurso vergonzoso. Como Vilda, pero sin estrella. Pero si aún no se han aclarado con el papel que ha ocupado y ocupará el dirigente extremeño, piensen en tantos otros dedazos en cadena en puestos de mando y lo entenderán. Algo que hemos visto y asimilado en España con una normalidad sorprendente -sin votos de por medio- desde que un dictador nombró heredero a un cazador de elefantes en Botswana. Así nos va.
El texto firmado hace tres días por 39 jugadoras decía en uno de sus párrafos más contundentes: "(...) Desglosamos de manera detallada los cambios solicitados para que este tipo de actitudes no vuelvan a suceder, y con el fin de tener una transparencia absoluta: reestructuración del organigrama de fútbol femenino, reestructuración del gabinete de la presidencia y secretaría general, reestructuración del área de comunicación y marketing, reestructuración de la dirección de integridad y dimisión del presidente de la RFEF". Aquí, en este último punto, reinó la ambigüedad y mi desconcierto. Atendiendo a los tiempos, con Rubiales ya dimitido, no hay lugar a dudas a que se referían a Pedro Rocha. Pero, según deslizaron las propias jugadoras después pensaban en Rubiales al teclear. Algo así como que habían pedido cinco cosas en todo este tiempo y, por ahora, sólo se ha cumplido una...
Imprecisiones aparte, se ha perdido una ocasión magnífica para, de verdad, cambiar las cosas. ¿Qué hubiera pasado si llegan a pedir, con argumentos y educación, la cabeza de Rocha? Hubieran acelerado y aclarado este proceso. Alargar el bochorno se está haciendo tedioso. Hay quien dice dentro de una Asamblea que ya huele a podrido que Rocha es un buen hombre, que no tiene afán de protagonismo y que se mantiene al frente de la nave por responsabilidad, antes como interino y ahora como líder de la Comisión Gestora que iniciará -con desgana, sin prisas y haciéndose los remolones- el proceso democrático de las elecciones. De hecho ha prometido (veremos) que no se presentará en el futuro como candidato. Y nadie niega sus virtudes, su currículum o que sea un hombre cabal y digno que no necesita esto para comer. Sólo dudo de la sensatez para dejarse utilizar como hombre de paja. Reunirte por la mañana con tus socios, acatar las súplicas de las jugadoras por la tarde e informar por la noche a Rubiales sólo lo puede hacer un funambulista o un trilero.
Personalmente no lo conozco y sólo he podido verle pulular por Granada hace unos días, como abanderado de la Selección, repartiendo abrazos y poniendo morritos en las fotos rodeado de interesados. Estar ahí, por mucho palco que pises, es un marrón. Pero si ya se tenía que haber negado en su día a aceptar que Rubiales echara a un lado a siete vicepresidentes de la Junta para dejarle solo a él de manera estratégica como adjunto -anticipándose a lo que iba a suceder-, ahora bien podría haberse apartado, quedar como un señor y convocar unas elecciones a la presidencia para que 140 asambleístas, y no sólo unos cuantos amigotes de una Junta en entredicho, se pronuncie. No veo mejor fórmula para empezar a cambiar el panorama y acabar con esto. Aunque luego en 2024 haya otras elecciones. ¿Votar no es tan sano? Así fue como entró Rubiales en la RFEF y así es lo que va a suceder ahora, por ejemplo, en la federación de basket. Si se quiere, se puede.
La Gestora se crea para convocar elecciones. Y Rocha lo que sigue siendo, aunque le vistan con otro nombre, es presidente interino en funciones que ha ratificado hoy mismo a Rafa del Amo al frente de la inestable sección femenina que dirige. Castilla-La Mancha, Madrid, Comunidad Valenciana, Cantabria y Las Palmas votaron el pasado viernes en contra de esperar hasta 2024 -incluso después de los Juegos como alguno pretendía-, con el objetivo de que se vote por un nuevo presidente cuanto antes, como dicen los estatutos (punto 31.8), y empezar a dar una pulcra imagen de limpieza. De hecho, estos dos últimos, junto al barón de la federación Vasca, ratificaron su dimisión de la Junta para dejar claro que no quieren formar parte de esta Gestora con pinta de sainete. Y otros cinco presidentes más se abstuvieron pese a que se votó a mano alzada y no en secreto como pidió la Tinerfeña. Ellos, antes o después, y por mucho que en algunos casos lo hayan hecho algo tarde o tengan sus intereses, han mostrado en algún momento oposición al Rubialismo. Que no es poco en ese ambiente de presiones. Y eso, ya de por sí, les da más crédito en esta oscura historia para poder ser escuchados en el futuro con bastante más credibilidad.
Varios presidentes territoriales han llegado a pedir un informe externo sobre el tema de las elecciones que se eleve al CSD en atención a lo que marca la normativa. El CSD explica que tiene competencias hasta donde tiene y que, más allá de aprobar que las elecciones se celebren en el primer trimestre del próximo año, poco puede hacer más. Y lleva razón y en parte es entendible. Pero una cosa son las competencias y otras las intenciones: el CSD tampoco puede obligar a un presidente a dimitir y con Rubiales bien que le suplicaron por aire, mar y tierra que se apartara sin casi respetar la presunción de inocencia. Además, convendría que alguien le explicara al Consejo cómo Andreu Camps y Tomás González Cueto, guías de Rocha y esbirros de Rubiales, manosearon la ley y la espachurraron a su antojo en la pasada Junta -confundiendo al personal que no se sabe las leyes al dedillo como ellos- para salirse con la suya, alargar este proceso y, a fin de cuentas, dilatar la llegada de las soluciones. Tampoco vale poner de excusa que esto es lo mejor para la viabilidad de la candidatura al Mundial 2030. No hay mejor imagen que demostrarle al mundo que en España se depuran las responsabilidades.
"Mientras manden ellos, o hagan como que los echan y los recolocan aunque sea de conserjes, todo seguirá igual", reflexionan en Las Rozas. De hecho, es lo que ya está sucediendo, con algún que otro asesor jurídico pavoneándose como uno de los interlocutores con el Gobierno para poner orden en un problema que ellos mismo han creado y que les da pereza, por egoísmos, resolver. A la Federación se le llena la boca con la necesidad de realizar cambios "cuando se esclarezcan ciertos comportamientos y conductas", pero si las jugadoras no dicen dónde con nombres y apellidos, los que gobiernan esta institución no harían ni un amago para desenredar la madeja.
No vale con echar a un seleccionador que ya estaba herido antes de campeonar, ni con recolocar a un responsable del gabinete de presidencia, ni pedir un adelanto electoral que estaba cantado y aferrarse al cargo siete meses más prometiendo sin ejecutar. Venden la urgencia de la estabilidad, y a lo que se abrazan de verdad es al inmovilismo de siempre. Cambios concretos. Ya. Con consenso y por escrito. Así, unos dejarán de tener el cartel de buitres y las otras, como oigo, de niñatas. Si no, la imagen que hemos visto de Montse Tomé en su día supuestamente más feliz, siendo agridulce, no será la última en este ridículo mundial. Tener a Jenni fuera de la lista y a campeonas que no se sabe si acudirán a la llamada o si volverán algún día tras quedarse fuera es duro e indigesto. Basta ya. Normal que el psicólogo de la Selección femenina tuviera claro, desde el viaje de vuelta de Sídney, que prefería quedarse en la Absoluta sin doblar turno y que le supliera otro.