Ni insultos ni patadas: lo que más preocupa de Vinicius son 15 minutos
Ancelotti, que le protege sin planes anti-presión, se centra en pedirle que arranque más concentrado los partidos. Tiene motivos.

Vinicius, dicen los que le conocen bien, lleva con una madurez impropia de su edad todo lo que está sucediendo últimamente a su alrededor. En el campo y fuera de él. Insultos, pitadas, amenazas, persecuciones, patadas y provocaciones que muchas veces le han sacado de quicio, le han perjudicado y han podido descentrar al equipo. El brasileño, en ocasiones y sin tergiversar quién ha sido realmente la víctima de las polémicas, también se equivoca. No es un santo. Sin embargo, el Real Madrid no ha activado ningún plan específico para que el delantero sepa adaptarse mejor a estar en la diana. De hecho, el club cuenta con un importante departamento de Psicología Deportiva y Vini, sin hacer de menos a nadie, prefiere sonreír y seguir bailando.
Ni el futbolista está preocupado por la situación que abre telediarios ni el vestuario anda inquieto por el estado anímico de su compañero. Al revés. Es junto a Militao y Rüdiger de los más animados siempre para mantener la caseta de Valdebebas con la moral alta. De hecho, Ancelotti está mucho más centrado en pulirle como jugador que en desgastarse cada día con las cosas que le pueden decir o hacer y con sus reacciones. Lo que más tiempo mantiene ocupado al italiano con él es el hecho de sacarle el máximo rendimiento en cada uno de los minutos que está sobre el campo. Pretende que sea más que un extremo de increíbles fogonazos. Y si ya está manos a la obra es porque puede apoyarse en su excelente relación. Tanta que es habitual ver a Vinicius bromear con el técnico sobre esa oferta de Brasil que les podría mantener juntos en un futuro bastante cercano...
En concreto, Carletto y su hijo Davide trabajan con la obsesión de que recupere la fiabilidad en sus primeros minutos de los partidos. Sobre todo fuera de casa. El runrún en torno a su figura sí que ha variado diversas estadísticas en las que antes era notable o sobresaliente. Entre que se adapta al infierno que le preparan en sus intervenciones iniciales y a los primeros careos con sus marcadores, salvo excepciones, Vinicius no es Vinicius. Es únicamente una desconexión de un cuarto de hora. Pero eso en la élite es un mundo.
Parte de los malos arranques colectivos se le achacan a él porque propicia contras tontas, evita la continuidad en el juego y desajusta la presión. Además, los análisis arrojan que encara lo justo, no es eficaz en el regate, pierde más balones que nunca y no ve puerta con la facilidad que demuestra con tanta desenvoltura después. Los primeros roces habituales le desconcentran de una de las máximas de este equipo, la presión tras pérdida. Y ahí le exigen que mejore.

En Liga, que al final es el campeonato de la regularidad donde realmente las comparativas cobran peso, se nota más que en ninguna otra competición. Vinicius, que lleva esta temporada 18 goles en total y siete en el campeonato nacional, empezó haciendo tantos tempraneros al Espanyol y al Betis, por ejemplo, en sus primeras sacudidas (jornadas 3 y 4). Y desde entonces siempre marca la diferencia en las segundas partes, o en las prórrogas (véase el derbi de Copa), cuando el rival decae y él pasa como un rodillo por encima. En la Champions le sucede más de lo mismo. El partido de Anfield pasará a la historia por la respuesta colosal del equipo en la segunda parte, pero a los técnicos no se les olvida cómo empezó la eliminatoria...
Clave en la presión alta
Hablar de la mejoría que tiene por delante Vinicius durante los primeros 15 minutos no puede empañar lo que está haciendo cada día durante los 75 restantes. Técnicos y futbolistas están impresionados con su compromiso y desgaste. Algo en lo que ha ido evolucionando. Hacia atrás, reconocen en Valdebebas, le sigue costando replegar, ayudar a su lateral y ser lo solidario que se desea. Nacho es más insistente a la hora de corregirle y pedirle colaboración. Alaba, que de central manda y ordena, de lateral es más callado. Pero hacia adelante, Vinicius es una bestia presionando. Por eso le ven como una pieza clave en este Clásico en el objetivo de someter al Barça. Es, junto a Rodrygo y Valverde, los preferidos de Ancelotti en esa primera línea de presión. Aun así, el que según las métricas del club tiene más eficacia defensiva es, con diferencia, Camavinga. Edu, como le llaman cariñosamente, ha pasado como un avión a Tchouameni.
La duda estos días en la Ciudad Deportiva ha girado en torno a qué estrategia defensiva plantearle al Barcelona. Acuciado por las bajas, el cuerpo pide ir a tumba abierta con la presión alta. Y más conociendo en el vestuario el nuevo enfado de Florentino Pérez por el empate ante el Atleti el pasado fin de semana. Sin embargo, el uno contra uno en campo contrario que Ancelotti planteó el curso pasado en el Bernabéu saltó por los aires. Xavi salió catapultado en aquella última visita con un 0-4.
El debate radica en si es responsable repetir la idea, animados por el estado de forma de Kounde y, sobre todo, por la baja de Pedri a la hora de recibir y mantener la presión y la de Dembélé para romper a la espalda. La alternativa es esperar más atrás, sin meterse en campo propio. Un plan que es del agrado de los pesos pesados para salir luego a la contra. Lo que Ancelotti tiene claro es que Araujo será quien se encargue de intentar atar a 'Vini'. El 20 ya lo sabe. Para superarle, el jugador más decisivo del Madrid tendrá que demostrar su estado de forma desde el minuto 1, que no desde el 15.