Campeones del mundo en perder contra el Real Madrid

Tengo un amigo argentino que esta mañana me volvió a mandar un mensaje con una foto de una réplica de la Copa del Mundo: "Ha pasado un mes y ocho días desde que levanté la copa… Y me vienen recuerdos". Me la ha podido pasar unas 38 veces ya. Le decía que era igualito que De Paul, lo que pasa es que mi amigo no es millonario y sí tiene que trabajar duro para justificar su sueldo.
La condición de Rodrigo de Paul para la afición del Atlético es de sospechoso habitual. Lleva un mes y ocho días festejando el Mundial. El Cholo se apostó gran parte de la temporada con sus tres campeones del mundo de inicio. Nahuel Molina y Correa no despiertan ese sentimiento de animadversión, porque, independientemente de sus aciertos y errores, no se duda de un principio básico en la filosofía colchonera, el de coraje y el corazón.
Jugó antes que Kondogbia, Pablo Barrios, Witsel, Carrasco o Reguilón. Pero el '5' del Atleti, contra pronóstico, respondió en el Bernabéu. Fue entonces cuando empecé a entender de alguna manera lo que vivieron los argentinos en Catar. La fuerza de creer en algo impensable es lo que puso el Cholo en el campo. Algunos lo llaman suerte, como lo que le digo yo a mi amigo cuando me repite constantemente que son campeones del Mundo. Otros, fe.
Y la fe mueve montañas y hasta centros buenos de Nahuel Molina, que asistió perfectamente a Morata en el gol. Pero la fe duró 78 minutos hasta el gol de Rodrygo. Ahí es cuando se derribó el castillo de naipes y apareció el fantasma invencible del Real Madrid. No hacía falta esperar a la expulsión de Savic en la prórroga para saber que el Atleti no iba a emular lo de Argentina ante Francia o Países Bajos. "Cholo quédate", cantaba animadamente el Bernabéu. Este Atleti no tuvo suerte. No fue como Argentina. Tuvo delante un equipo con aún más flor y que siempre gana.