¿Qué pasa si Rodrygo cae a la espalda de Busquets? Análisis de la clave del Clásico
El jugador brasileño viene de jugar su mejor partido en meses y su titularidad amenazaría el eslabón más débil del FC Barcelona.

Si bien es cierto que no hay dos partidos iguales, a la par que no existe una jugada idéntica, sí es normal encontrar en el fútbol mismas sensaciones. Las que respira el Real Madrid antes de un Clásico definitivo (el que decidirá quién juega la final de Copa) son las de un equipo que ha chocado con la misma piedra tres veces consecutivas. No por el guion de los partidos, sino por el regusto que queda en la boca del equipo de Ancelotti, como de no haber tocado la pieza correcta. Rodrygo Goes, que viene de jugar su mejor partido, puede tener la respuesta. Y no solo por lo que puede hacer, sino por lo que el Barça le puede permitir.
El fútbol se inscribe en la dualidad, en el contraste. Lo que un equipo o jugador hace, tiene siempre como reverso lo que otro intenta contrarrestar, y es desde esa relación desde donde se gesta todo. Rodrygo Goes solo ha sido titular en dos clásicos desde que llegó al club blanco: en el 1-2 de Liga en el Camp Nou del pasado curso y en el contundente 0-4 de marzo de 2022. En ninguno de ambos jugó más de 75 minutos. A este partido llega después de haber jugado su mejor encuentro (gol y dos asistencias) en una zona que, analizando al FC Barcelona, es susceptible de convertirse en clave para el partido de Copa.

"Me gusta jugar de mediapunta". Rodrygo lo comentó después del partido ante el Valladolid, dejando clara su preferencia, una posición que viene desapareciendo por la falta de espacios en el carril interior y por la tendencia a tener más interiores que mediapuntas. Pero el brasileño no es un mediapunta al uso, sino que en él converge todo lo que el fútbol actual demanda de un atacante: agilidad gestual, velocidad en espacios reducidos y una contínua aceleración y desaceleración que le permiten hacer de su posición una actualización para los que no creen en ella. Y el Barça es alérgico a este reto.
Durante el último clásico, que terminó con victoria azulgrana, Ancelotti ajustó durante el segundo tiempo, cuando su equipo era incapaz de salir de su campo, dándole más tiempo, espacio y amenaza. Fue un cambio tan sencillo como revelador: Rodrygo entró para jugar por dentro, con libertad, buscando picotear los costados y espalda de un Sergio Busquets que terminó por plegarse ante un exceso de movimiento alrededor.
El Barça llega sin Pedri ni Frenkie De Jong, probablemente sus dos mejores centrocampistas a la hora de hacer progresar al equipo (Frenkie desde la conducción) y asentarlo en campo rival (Pedri desde el pase y control). Con un Xavi que presumiblemente vuelva a apostar por el mismo sistema (con Roberto y Kessie acompañando a Busquets), si el Real Madrid quiere hacerse con el control, tendrá más facilidades que en otros días. Pero más que el sentirse controlado, algo que el Barça ya demostró dominar en el Bernabéu en la ida de Copa, lo que desorganiza mentalmente a los de Xavi es el ritmo, y más con piezas que no se adaptan a ello.


Durante mucho tiempo, Xavi se ha referido a "la pulcritud" como el elemento clave en los momentos de duda del equipo. Pases fallados, malas decisiones, precipitación. Sin jugadores pulcros como Christensen desde la primera línea, De Jong desde la segunda o Pedri en el cuadrado, ese término se vuelve más indispensable si cabe, aunque también más difícil de lograr. Y Ancelotti, que viene apostando por un mismo plan en los últimos clásicos, puede detectarlo metiendo a Rodrygo por dentro, algo que todavía no ha hecho en ningún enfrentamiento directo.
Si bien es cierto que ante el Valladolid funcionó porque los de Pacheta concedieron muchísimo espacio dentro, el Barça de Xavi es un equipo que contra el Real Madrid suele conceder espacios parecidos, protegiendo el perfil de Vinícius y siendo agresivos en la primera línea buscando ese robo adelantado. En ese contexto, la carta de Rodrygo, que ya hizo estragos en el último choque liguero, coge más relevancia.

La clave en estas acciones es que los blancos meten a un jugador más por delante de la pelota, algo que en transición y tras robo agradecen enormemente. Desde ahí no es necesaria una acción ganadora de Vinicius o un apoyo sutil de Benzema, sino que Rodrygo ataca el eslabón más débil de la cadena en estas situaciones: Busquets.

El gran talón de Aquiles de Busquets ha sido, durante toda su trayectoria, la de no desproteger de forma evidente su espalda. Lo que le ha elevado como pieza cúlmen de una forma de entender y practicar este deporte, le ha llevado a quedar expuesto cuando el sistema a su alrededor no ha tenido la misma solidez.
Estas dos situaciones analizadas solo se dieron una vez Rodrygo entró al verde. Antes, los de Ancelotti apenas amenazaron al Barcelona porque, una vez la recuperaban, les quedaba una acción vestida de heroicidad para llegar al último tercio. Rodrygo simplifica los ataques porque les da otro ritmo, desordena la línea del centro del campo y aleja del área a los centrales, generando así más espacios para Benzema. No es extraño que el mejor partido del francés este curso llegase cerca de Rodry. El brasileño aguanta el reto que supone jugar con Benzema; añade más capas allí donde el juego ya era profundo.
Será interesante ver cómo el Barça busca encontrar el punto de equilibrio con un resultado favorable, pero tan corto que imposibilita jugar con el marcador. Repetir el guion del partido liguero se presupone complicado sin De Jong ni Christensen y ante un rival que tiene más herramientas para hacer virar el partido cuando el momento lo requiera. Para Xavi el objetivo pasa por suavizar esa teórica inferioridad y que los espacios libres no parezcan mayores de lo que son; Rodrygo es capaz de cambiar la perspectiva.