OPINIÓN

El corazón de Maradona difícilmente descanse

Dalma Maradona, su hija, entrando al juicio por la muerte de su padre. /AFP
Dalma Maradona, su hija, entrando al juicio por la muerte de su padre. AFP

Mientras sus familiares, amigos y admiradores se horrorizan con los detalles que se ventilan en el juicio que intenta establecer lo que realmente sucedió en las últimas semanas de la vida de Diego Maradona, hay una parte del ídolo que no descansa, porque no fue enterrada con el resto del cuerpo: su corazón.

El corazón de Maradona (y también el hígado, los riñones y muestras de ADN) están preservados en el Departamento de Anatomía Patológica de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en la ciudad de La Plata. Es lo habitual en casos en los que las razones de la muerte de la víctima no están del todo claras. Pero se trata del corazón de Maradona, entonces nada de lo que sucede es usual ni normal.

Como máximo ídolo deportivo de la historia argentina, Maradona enciende pasiones y genera turbulencias incluso cuatro años y medio después de haber muerto: la mera idea de que el corazón del campeón mundial de México'86 no se haya convertido en polvo y cenizas da alas a todo tipo de ideas. La idea, por ejemplo, de que ese corazón es demasiado valioso como para terminar dentro de unos años como un residuo orgánico.

Algo de eso pasó por la mente de la barra brava de Gimnasia y Esgrima de La Plata, el último equipo que dirigió Maradona.

La muerte del ídolo llegó el 25 de noviembre de 2020. El 1 de diciembre de aquel año pandémico, apenas seis días después, el corazón de Maradona estuvo en la mira. Tanto fue así, que el traslado de la víscera hasta las instalaciones del Departamento de Anatomía Patológica fue controlado por efectivos de Inteligencia Criminal, Policía Científica, Bomberos y más de 50 agentes de la Policía de la provincia de Buenos Aires. El temor a que la barra brava de Gimnasia y Esgrima se robara el corazón, que era (es) el símbolo más preciado de Maradona post mortem, era real.

Con todo lo truculento y desagradable que suena esa posibilidad, no se trata de algo no visto en la historia argentina.

A Juan Domingo Perón, tres veces presidente argentino, le robaron las manos 13 años después de su muerte. Sucedió en 1987, un grupo que reclamó ocho millones de dólares de rescate por las manos ingresó a la bóveda en el cementerio de La Chacarita y se llevó las manos. Treinta y siete años después, la justicia argentina sigue sin poder establecer qué sucedió. Las manos nunca aparecieron.

El corazón de Maradona es especial. No tanto porque al ser extraído de su cuerpo pesaba 503 gramos, casi el doble de un corazón normal, lo que habla de lo enfermo que estaba a los 60 años, sino por su simbolismo. ¿O se recuerda algún futbolista con más "corazón" que Maradona a la hora de jugar? ¿O se recuerda a muchos futbolistas jugadores que hicieran latir desbocadamente corazones en todo el mundo cada vez que jugaban?

Así y todo, el corazón de Maradona, y el resto de sus órganos, ya no conservan su forma original, ya que las vísceras han sido sometidas a estudios. Guardado en formol, el corazón debe quedar resguardado, según los protocolos, por lo menos diez años hasta después de su muerte, tiempo suficiente para establecer de qué murió realmente.

Pero Maradona difícilmente descanse. Por un lado está previsto que se traslade su cuerpo desde el cementerio parque de Bella Vista, en las afueras de Buenos Aires, a un sitio en el centro de la capital argentina, el "Memorial del Diez". Y en el juicio, todas las semanas se vuelve a sacudir su recuerdo y su imagen, como en el primer día del proceso judicial.

Lucas Farías, el primer policía en ver ya muerto a Maradona, mostró su asombro por haberlo encontrado con el abdomen "a punto de explotar". La foto, exhibida en la sala, horrorizó a los presentes e hizo llorar a las hijas de Maradona. Farías añadió un detalle: Maradona vestía un pantalón corto de Gimnasia y Esgrima La Plata.