ENTREVISTA

Dario Simic, el central que se coló entre Maldini y Modric: "Los jóvenes de hoy ya no son así"

Relevo habla con el exdefensor de Zagreb, quien disputó seis temporadas en el Milán de Carlo Ancelotti (2002-08). Además, fue compañero de un joven Luka en la selección croata.

Šimić (abajo a la derecha) jugó con Modric en la selección./AGENCIAS
Šimić (abajo a la derecha) jugó con Modric en la selección. AGENCIAS
Julio Ocampo

Julio Ocampo

Cuarenta años, en realidad, no se sabe muy bien si son demasiados o demasiado pocos. A esa edad Dino Zoff ganó un Mundial, mientras que a Javier Zanetti le faltaban dos o tres cuando coronó el Inter de Mourinho con la ansiada Champions League. Ese es precisamente el título fetiche de Paolo Maldini y Luka Modric (once entre ambos), que fue noticia cuando el pasado fin de semana un zapatazo del croata abrió el marcador en Liga contra el Girona. No fue un gol cualquiera; fue crema. Un Picasso como corolario. "Puede jugar hasta que quiera. Me recuerda a Paolo Maldini. Una cuestión de genética, pero, sobre todo, seriedad, dedicación y comportamiento ejemplar. Representan un don para el fútbol", llegó a decir Ancelotti en rueda de prensa. No bromeaba precisamente Carletto cuando lanzó semejante comparativa. Y es que si el central italiano se retiró al máximo nivel con cuarenta primaveras tras veinticinco años como escudero en San Siro (1984-09), el ex Balón de Oro las soplará el mes de septiembre con la oferta de renovación del Madrid encima de la mesa. Sería su 14º temporada en Chamartín.

"Yo miraba a Paolo como un ídolo absoluto", reconoce Dario Simic (Zagreb, 1975) envuelto en su aura de privilegiado. "Luka, sin embargo, era mucho más joven que yo cuando coincidimos en la selección croata". Juntos jugaron el Mundial 2006 y la Euro posterior, en Austria y Suiza. Sí, efectivamente no debe haber muchos futbolistas en el mundo que hayan compartido vestuario con estas dos leyendas.

Lo cierto es que, en medio del oro y las perlas, el ex central arribado del este —también jugó en el Inter— asiste de bisagra, de nexo, de diapasón. "Increíble. Nadie en mi país podía imaginar que Modric se convertiría en, quizás, el más grande de la historia. Ves los sacrificios que hizo para llegar hasta ahí, y te emociona. Es un ejemplo, aunque los jóvenes de hoy ya no son así. Piensa en su historia, en lo que sufrió con la guerra", explica sin resquebrajarse demasiado por tenebrismo que, desgraciadamente, hizo que futbolistas como Modric o Mario Mandzukic fueran conocidos como 'hijos de las bombas'. En el caso de Luka, tuvo que permanecer en Zadar y lidiar así con la muerte de su abuelo por parte de las hordas serbias, quienes incendiaron su propia casa. "Esos momentos difíciles le han hecho ser muy fuerte psicológicamente, porque sí, este enorme éxito que está viviendo también es una cuestión mental", apunta sin dudar un ápice.

Dario Šimić. AC Milan
Dario Šimić. AC Milan

El precoz y el tardío

Es curioso el paralelismo que hizo Ancelotti hace días, azuzando así hemerotecas y estadísticas en busca del purismo, el lirismo puro del balón. Y lo es porque, aun tratándose de dos gigantes del fútbol mundial, han alcanzado esa cima por rutas bien diferentes. Con brama silenciosa, como los más grandes.

El zaguero italiano, quien ha declinado una entrevista con Relevo, ya mostraba su jerarquía con apenas dieciocho años. Como aprendiz junto a Baresi, ya pedía la vez para levantar Copas de Europa. Luka no, él quiso que su momento culminante llegara con los treinta. A partir de ahí, su fútbol universal se convertiría en algo solo para adultos. Era como el cine de culto, el de Sam Peckinpah, Louis Malle o Ferzan Özpetek. "Siento, incluso hoy, admiración, respeto y lealtad por Paolo Maldini. Se necesita esto en el fútbol. Era carismático y humilde", recuerda Simic. Juntos ganaron un buen puñado de títulos nacionales e internacionales. Dos Orejonas, inclusive. "Sobre Modric, qué decir, es la representación máxima de un fútbol que ha mutado. Antes había más gattusos, pero él es la respuesta a Xavi e Iniesta. Es la habilidad para cuidar y distribuir un balón. Es el fútbol moderno en todas sus esferas". Sí, como el infinito, el Aleph de Jorge Luis Borges.

Hay una canción de Lucio Dalla que dice así: "la excepcionalidad hoy día es ser normal". Es un reto, casi una gesta. "También es genética, como dice el míster. Bueno, en el caso de Maldini decir que su fútbol era rapidez, colocación, sprint. Tenía problemas en los cartílagos, recuerdo. Luka, con el poco desgaste que tiene por la posición en que juega, puede durar mucho más. El delantero, por ejemplo, cuando pierde velocidad, hay problemas, pero Modric… Qué añadir. Completo, honesto, modesto e ilusionado".

Lo dicho: esto acaba de comenzar, pese a que nadie lo imaginaba entonces en Croacia. Ni en Madrid o Milán, probablemente. Solo Carlo Ancelotti pudo haber intuido algo en su día. Seguro que al descubrirlo entornó, siempre con recelo, su ceja. Sus palabras en el Bernabéu tras el Girona puede que enseñaran un boceto a lápiz para poder esconder el plano arquitectónico completo. Se lo queda para sí. "A mí también me ayudó mucho. Es una persona espléndida. Uno que te hace sentir bien, a gusto. Gané dos Champions con él, y eso no se olvida". Dario Simic, tras el club rossonero, se marchó al Mónaco para terminar su carrera en casa, en el Dinamo de Zagreb que hoy dirige Fabio Cannavaro. Tenía apenas 34 años. Miguel Ángel, cuando finiquitó la Sixtina con el Juicio Final, tenía más de sesenta. No la pintó con las manos, sino con el cerebro.