EUROCOPA | ALBANIA - ESPAÑA

Albert Stroni, el empresario que usó un partido contra La Roja para desafiar a la dictadura de Albania y exiliarse en España

El delantero albanés, capitán de la sub-21, pidió asilo político en Sevilla después de jugar en Huelva. Hizo carrera en Segunda B y ahora regenta un concesionario en Monforte de Lemos (Lugo).

Stroni (derecha) recibe una placa conmemorativa de manos de Antonio Feijóo, directivo del Lemos. /CEDIDA
Stroni (derecha) recibe una placa conmemorativa de manos de Antonio Feijóo, directivo del Lemos. CEDIDA
Manuel Amor

Manuel Amor

Düsseldorf (Alemania).- Albania celebra su participación en esta Eurocopa como un hito imborrable. Es la demostración de su avance deportivo, por un lado, y la escenificación de la paz política y social de un país de reciente pasado convulso, por otro. Todo va de la mano y lo que menos importa (aunque tratarán de avanzar a octavos) es el resultado.

Si para alguien será especial el partido de esta noche contra La Roja (21:00, La 1) es para Albert Stroni, un exfutbolista albanés que considera a España su "casa" y cuya historia estremece a quien la conoce. Él, como tantos otros que sufrieron la dictadura comunista aislada del mundo de Enver Hoxha entre 1944 y 1985, se vio obligado a escapar para progresar, aunque eso supusiese no volver a ver jamás a su familia y duros castigos para sus padres. Andalucía y Galicia fueron sus tablas de salvación.

"Yo nací en un pueblo muy pequeño cerca de Fier (séptima ciudad más poblada), una localidad industrial en la que sólo nos divertíamos con el balón", cuenta en conversación con Relevo. Sus habilidades futbolísticas le permitieron dar pasos hacia delante: "Un entrenador me vio y me fichó para un equipo más organizado. Después, entre los 14 y 16 años, estuve en la escuela de Tirana, a donde iban los niños que destacaban. Debuté en la selección sub-18 con 16 años". El club más laureado del país, el Dinamo de Tirana, le firmó con 16 y le hizo debutar en Primera ese mismo año. Todo iba sobre ruedas… menos la nación, una de las más herméticas del planeta, con un control férreo de libertades y que construyó al menos 175.000 búnkeres para sus entre uno y tres millones de habitantes. Hoy todavía queda la huella de esos refugios en playas, cementerios y estadios.

Stroni, el día que solicitó asilo político en Sevilla.  CEDIDA
Stroni, el día que solicitó asilo político en Sevilla. CEDIDA

La Sigurimi, polícia política, cortaba de raíz cualquier atisbo de rebeldía. La periodista Margo Rejmer describió el panorama con precisión en su libro Barro más dulce que la miel: "La gente decía: si estás solo, estás a salvo. Si sois dos, estate alerta. Si sois tres, echa a correr". Stroni encontró una vía de escape en sus convocatorias con las categorías inferiores de Albania, en las que destacó desde siempre y se convirtió en uno de los proyectos más prometedores del país. Su escalada y crecimiento, con goles y buenos partidos en el Dinamo, le llevaron a ejercer como capitán de la sub-21. Y en diciembre del 90, en plena fase de clasificación para un Europeo de la categoría, eligió Huelva como punto final a su dolor.

"Nos tocó jugar contra España y, tiempo antes, reuní a mis padres para comunicarles lo que creía que debía hacer: quedarme allí y no volver", revela. "En aquel momento salir de Albania para jugar un partido era como salir ahora de Corea del Norte. Te acompañaban miembros y cuerpos de seguridad del Estado para vigilar que todo estuviese en orden y vigilar que a nadie se le ocurriese huir", narra con crudeza. Él, sin embargo, se las ingenió para conseguirlo con el apoyo de sus padres ("me dijeron que me lanzase") y la amenaza de no abrazar nunca más a su familia: "Pensaba que sería así".

"Salir de Albania para jugar un partido era como salir ahora de Corea del Norte"

Albert Stroni Exfutbolista albanés

En aquel desplazamiento a Andalucía habían viajado juntas la sub-21, que perdió 1-0 en el Nuevo Colombino el 18 de diciembre, y la absoluta, que al día siguiente se midió a España en el Sánchez-Pizjuán (el partido acabó 9-0 y con póker de Butragueño). Stroni aprovechó las horas libres para escapar del Hotel Los Lebreros: "La idea era ver el partido de los mayores en Sevilla y marcharnos. Dedicamos la mañana libre a comprar radiocasetes y por la tarde cogimos un taxi para dirigirnos al estadio. Íbamos cuatro compañeros y el conductor. Yo sabía, sin que me lo hubiese dicho explícitamente, que uno de ellos (Ilir Sina) tenía el mismo plan que yo. Le dije: "¿Tú no quieres volver a Albania, verdad? ¿Nos bajamos aquí mismo?". Pedimos al conductor que parase y le pagamos. Llevábamos 100 dólares cada uno en el bolsillo. Nos quedamos sin nada. Los otros dos nos suplicaban que no lo hiciésemos".

Sin saber muy bien los pasos a seguir, Sina tiró de un as: "El día anterior, en Huelva, se había quedado con el teléfono de un periodista que se le acercó a preguntarle un par de detalles. Lo llamamos desde una cabina y vino a ayudarnos". Ahí empezó todo: el plumilla -del que Stroni no recuerda ni el nombre ni el medio para el que trabajaba- les llevó a una comisaría y de ahí a Cruz Roja. Pidieron asilo político para dejar atrás, como explicó Sina en una entrevista en El País, la Cuba europea. "Bueno, en realidad era diez veces peor que Cuba: no te daban pasaporte, no te dejaban entrar ni salir, censura, televisión controlada, nula libertad de expresión... Yo necesitaba desarrollarme sin fronteras", recordó. Su caso fue un boom y salió en todos los periódicos. "No nos quedamos tranquilos hasta que supimos que la expedición se había marchado a Madrid para coger el vuelo", dice Stroni.

Muchos actores, denuncia, vieron en ellos un arma publicitaria: "El primer día dormimos en un hostal y el segundo en un hotel de cinco estrellas. Las instituciones políticas querían demostrar que ayudaban a los pobres albaneses". El Real Betis también se involucró y les invitó a unirse a los entrenamientos. Problemas burocráticos con FIFA impidieron su fichaje y verles en acción. A los padres de Stroni, mientras, les cortaron todas las vías de ingresos y les despidieron del trabajo.

Stroni, con el Lemos.  CEDIDA
Stroni, con el Lemos. CEDIDA

Un golpe de suerte

Afortunadamente, los ecos de la dictadura de Hoxha, que varios historiadores definen como "especialmente dura" de entre todas las que existieron el siglo pasado en Europa, se terminaron a los pocos meses de que Stroni se asentase en España. "Entonces ya pude volver y ver a mi familia", afirma. El fútbol, eso sí, se quedó en un segundo plano: "Regresé al país en plena reestructuración para ayudar en lo que pudiese, pero dejé el deporte. Ya teníamos suficiente con buscar cómo cubrir las necesidades básicas". En situación mejorada y después de un parón, el delantero puso rumbo de nuevo a España y completó una carrera más que digna: Compostela y Ourense en Segunda -no llegó a debutar por problemas de papeleo- y Toledo, Mérida, Don Benito o Gimnástica Segoviana en Segunda B, además de pasos destacados por clubes más modestos como el Lemos gallego (es uno de los jugadores más importantes de su historia), el Ponte Ourense o el Lalín y aventuras en Francia (Angers) y Portugal (Maia).

"La única pena que me da es no haber progresado más. Era un buen futbolista, pero después de parar esos meses ya era un jugador corriente", confiesa. Carlos Uriarte, representante de Seedorf o Capello en España y amigo personal de Ranieri o Wenger que después presidió el Badajoz, le ayudó a buscar destinos.

Luego, colgadas las botas después de un tiempo como entrenador-jugador en el Lemos, Stroni se pasó a los banquillos y abrió un concesionario de coches en Ourense, a poco más de 40 minutos de Monforte, la villa en la que hoy reside y a la que ha trasladado su negocio. Mirar atrás da vértigo y por eso sólo quiere dirigir los ojos a lo que viene: "El Albania-España lo veré con mucha ilusión". Él, que siente ambos territorios como suyos, tiene claro su deseo: "Que gane hoy Albania y que España levante la Eurocopa. Sólo puedo desearle lo mejor a la tierra que me acogió tan bien y me permitió vivir".