EUROCOPA | ALBANIA - ESPAÑA

La metamorfosis de España en año y medio tiene muchas aristas y varios culpables: vuela en Alemania tras arrastrarse en Catar

Han sido determinantes la renovación de la plantilla (sólo 10 del Mundial), el rol del seleccionador en comparación con Luis Enrique, el control de egos, la apuesta por los extremos, la nueva dirección...

Luis de la Fuente, en el entrenamiento del viernes, antes de recibir un pasillo de collejas por su cumpleaños. /RFEF
Luis de la Fuente, en el entrenamiento del viernes, antes de recibir un pasillo de collejas por su cumpleaños. RFEF
Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Donauschingen (Alemania).- Todo el mundo, y no sólo los españoles, se preguntaba nada más acabar el excepcional partido de la Selección ante Italia del pasado jueves en Gelsenkirchen (1-0 con exhibición) cómo era posible que se haya transformado de esta manera. Los profesionales y la afición aún recuerdan a un equipo en Catar, hace sólo año y medio, que iba de banda a banda sobando el balón para empotrarse contra un muro una y otra vez hasta la derrota final, al mismo tiempo que el ruido exterior no hacía más que enturbiar algunas relaciones personales.

La metamorfosis tiene muchas aristas y varios culpables. Para empezar, de aquel final de noviembre de 2022 no queda nadie al frente de la nave. Luis Rubiales, Luis Enrique y hasta José Francisco Molina, entre otros muchos, salieron de la Federación por la puerta de atrás. El que fuera presidente, con escándalos que le han hecho un asiduo en los tribunales. El entrenador, repudiado por el juego y las formas. Y el director deportivo de la Selección, como pago por el fracaso de Luis Enrique y como gesto solidario de su destitución y reparto de responsabilidades.

A partir de ahí, y sin la cúpula deportiva, las relaciones, las normas y la convivencia han cambiado por completo. Donde había mucha tensión mezclada con crispación ahora hay cercanía y sensatez. Y no sólo por los resultados. España venía de hacer un gran papel en la Eurocopa de 2021, donde cayó ante Italia en semifinales, y sin embargo lo extradeportivo ya se comía a los jugadores. Aquel escenario siempre a punto de explotar no tiene nada que ver con el convento en el que hoy trabaja España. Y tampoco se ha llegado a esta realidad por improvisación. El técnico tenía claro, y así lo transmitió hace meses, que quería que la crisis institucional no llegara a la concentración. Por eso, el nuevo bombazo que amenaza a Rocha no ha traspasado las paredes del Hotel Der Öschberghof donde se concentra la Selección.

Desde que salió Rubiales, todos los cambios más determinantes han nacido del laboratorio de De la Fuente. Porque el descabezamiento de la dirección también le ha dado libertad para organizar a su manera. Para empezar, apostó por un decisivo cambio de piezas, normas y comportamientos. Dentro y hacia afuera. El técnico riojano, lejos de intentar no hacer ruido para ir ganándose a la gente y adaptarse a su nueva función, decidió que esa estrategia vendría bien de cara a la opinión pública, pero que internamente había que tomar decisiones de peso. Por mucho que molestaran.

Luis Enrique dialoga en Catar con Luis Rubiales y José Francisco Molina.  GETTY
Luis Enrique dialoga en Catar con Luis Rubiales y José Francisco Molina. GETTY

Por eso, no es casualidad que en la plantilla que hoy vuela en Alemania sólo repitan 9 jugadores de la Eurocopa de 2021, que tan sólo 10 de los de Catar estén presentes tras la eliminación a manos de Marruecos y, lo más sorprendente de todo, que únicamente 14 de los campeones de la Nations League en Países Bajos de hace un año sigan en pie. Ahí, en la obsesión por no casarse con nadie y progresar, a pesar de que los éxitos vayan llegando y animen a la continuidad, radica el punto más determinante.

Normalidad sin hacer cosas raras

Y toda esta revolución se ha realizado sin guerras y con un reparto de roles más equitativo. El seleccionador actual, por estrategia y convicción está un escalón por debajo en cuanto a exposición que los jugadores. Ellos son los protagonistas. Y los defiende a capa y espada. En este torneo ha dado la cara por Laporte y ha pedido medir justamente a Fabián. No tiene estridencias que airee -no le interesan las redes sociales y no le va lo del Twitch-, sus ruedas de prensa son conciliadoras -pese a que le acusaran de haber contribuido a la lesión de Gavi- y su trato con todo el mundo es bien cercano.

De hecho, habla a todo el mundo por su nombre, concede entrevistas antes o después a cada medio y no es muy amigo de imponer normas de convivencia como si estuviera en el ejército. El recibimiento a Relevo el pasado viernes, con la mayor normalidad, hubiera sido impensable hace muy poco tiempo. Los futbolistas han notado un cambio alucinante, y sin hacer de menos a Lucho (del que también valoran sus enormes capacidades como técnico), reconocen sentirse más cómodos con las rutinas que han mamado desde las categorías inferiores. Porque ese fue otro error evidente que señalan los que lo han sufrido: los chicos venían haciendo una cosa durante muchos años y en la Absoluta, hasta ahora, se hacía otra distinta.

La única diferencia entre lo que el jugador percibía en la base con De la Fuente y lo que vive ahora en la Eurocopa, es que todo ha tomado otra dimensión. Sus charlas, el estudio de los rivales, el buen humor, los días libres, la intensidad en el trabajo y la flexibilidad en el ocio son las mismas que cuando los integrantes de esta plantilla defendían a la Sub-21. La esencia es la misma y permanece. Y para poder conservarla, el reparto de roles dentro de su staff es fundamental para De la Fuente.

Pablo Amo es clave en esa relación directa con la caseta. De él valoran mucho dentro su sensatez, lo bien que traslada el mensaje, siendo concreto y claro sin irse por las ramas, y también tienen en cuenta cómo entiende al futbolista. Entre otras cosas porque él lo fue. A otros ayudantes técnicos que han tenido, como Robert Moreno, sabiendo mucho, lo veían como más intervencionista y al futbolista le quedaba la sensación de que en vez de un primer espada como entrenador tenía a varios, y a veces con mensajes contradictorios. Normal, que al final él y Luis Enrique acabaran cada uno por su cuenta.

Adiós a las malas caras

El tema de los egos es precisamente otro de los grandes puntos en los que ha evolucionado este equipo de manera decisiva. Si algo detesta el actual staff técnico son las malas caras o las estrellitas. Y en el año y medio que llevan en el cargo las han visto y las han sufrido. De ahí algunas bajas. Sin que hubiera problemas personales entre ellos, De la Fuente entendió que hay jugadores que valen para ser abanderados en su mejor momento de forma pero que, sin embargo, les cuesta aceptar el banquillo cuando toca. Asensio es uno de ellos. Y por eso no ha sido convocado. La prioridad es el equipo. Y no es una frase hecha. El técnico sabía que tiene que dejar estos días a 15 estrellas cada partido sentadas, a 10 sin que participen porque sólo hay cinco cambios e incluso que hasta tres internacionales (o más) no iban a poder jugar de inicio nunca en esta fase de grupos. De ahí que necesite a gente que sepa dónde está: desde Navas a Fermín. Joselu, que ha sido el único conato de enfado en Berlín, ya vuelve a sonreír. Y eso que todavía no ha debutado por mucho héroe que sea para el madridismo.

De la Fuente, posando para las fotos oficiales que difunde la UEFA en la Eurocopa.  GETTY
De la Fuente, posando para las fotos oficiales que difunde la UEFA en la Eurocopa. GETTY

Y luego está el estilo y el juego. Una vez que fue llamado a capítulo por la Federación para sustituir a Luis Enrique -a pesar de la insistencia de gente de dentro de la casa que no debía para abrazarse a Marcelino-, De la Fuente analizó a conciencia aquellos partidos de la Selección en Catar que ya había visto en su momento. La sensación inicial, que fue descorazonadora como la del resto, se acentuó al volver a contemplar cómo el fanatismo por un estilo, el del supuesto tiqui-taca, estaba llevando a España al sumidero. Así que si algo tenía claro el míster con su equipo de trabajo es que había que evolucionar a la misma velocidad que lo estaba haciendo el fútbol europeo: guste más o menos, la velocidad y el físico se estaban imponiendo a la posesión. Y la conclusión a la que llegaron fue clara: por qué renunciar a alguna de estas virtudes si tenemos todas. La clave estaba en la confección de las convocatorias. Ver lo que sucede en el verde y no escuchar tanto al pueblo.

Y ahí fue donde De la Fuente puso todo su bagaje y conocimiento. Más allá de los lesionados (Gayá, Balde, Gavi y Yeremy) y retirados por decisión propia (Alba o Busquets), de la lista del Mundial de Catar se han caído hombres como Pau Torres y Eric García. Centrales que sacan el balón jugado de maravilla pero que pierden duelos. O Koke, Carlos Soler o Sarabia, a los que la savia nueva le ha pasado por encima. Y ni qué decir de futbolistas que han perdido su áurea como Ansu Fati. Aquí, quien no esté pitando en su club no es convocado. La prueba es que Pedri fue sometido hace nada a un examen.

De los errores se aprende

En la Nations League lograda ante Croacia el pasado 18 de junio, ya empezaron a verse los cambios en la pizarra y esa nueva mentalidad. Sin Busquets, que duerme los partidos como nadie, se pasó a la omnipresencia de Rodrigo y Fabián. Y desde esa nueva intensidad, que va desde la presión más alta a una ruptura de líneas a menos toques, empezó a crecer más y más la Selección. Con menos tiempo de posesión pero con una constante llegada al área mientras, a la vez, atrás se ganaba en contundencia. La nacionalización de Le Normand, las apariciones de David García y ahora de Vivian ejemplifican que en la zaga lo primero es defender bien y luego ya atacar cuando se pueda y quien deba.

La Selección tiene pesadillas desde Catar con las defensas encerradas. Así que para neutralizarlas, el plan pasa por dos elementos determinantes: abrir el campo con extremos que no dejen de encarar una y otra vez y, mientras se va de banda a banda en busca de agujeros, que haya mediapuntas que amenacen a la espalda de los mediocentros rivales. El 1-4-4-3 que tanto gustaba ha mutado muchas noches en un 1-4-2-3-1 que da muchas más alternativas de llegar al área rival. La prueba de que los cerrojos ya no impresionan se vio frente a Italia. El cambio de guion arroja una maravillosa noticia para Nico y Lamine Yamal. Ellos son y serán los dueños de las bandas. Pero también hay otra que no se puede obviar: en el puesto que queda vacante por detrás del delantero, hay un solo sitio para muchas alternativas (Pedri, Oyarzabal, Fermín...). Y más ahora con la intención de llevar también a esa parcela a Olmo.

Lo que está claro, por encima de todo, es que aquí ya no caben los experimentos. El día del debut con la Absoluta, De la Fuente apostó por este once ante Noruega (3-0) para la fase de clasificación a esta Euro: Kepa; Porro, Nacho Laporte, Balde; Rodrigo, Merino; Olmo, Aspas, Gavi; y Morata. Tres días después, en Escocia, decidió rotar para tener a todos enchufados, mostrar músculo y contentar al personal. Y cayó 2-0. Jugaron Kepa; Porro, Eric García, Íñigo Martínez, Gayà; Rodrigo, Merino, Ceballos; Yeremy, Joselu y Oyarzabal. Fue su primera gran crisis.

Ahora, como muestra del gran cambio realizado, si no ha repetido onces en estos dos primeros partidos fue por las molestias de Nacho. Y todos lo entendieron sin poner en riesgo el buen ambiente. Porque los 26 convocados para esta Eurocopa son soldados de De la Fuente y porque son los que el riojano ha elegido para ir a la guerra en busca de una misión: que España se comporte más como un equipo que se ve a diario que como una Selección que se junta unos días de vez en cuando. Por ahora se está consiguiendo. Para admiración del mundo que aún se frota los ojos.