EUROCOPA | ESPAÑA 1 - ITALIA 0

Que se contenga quien pueda o sepa: España pasa a octavos y ya es candidata

La Selección vuelve a dar un puñetazo en la mesa con un partido espectacular ante Italia en el que pudo golear pero que resolvió con un gol de Calafiori (55') en propia puerta.

Lamine y Morata celebran el gol de España logrado por Calafiori en propia puerta ante la desolación de Italia. /GETTY
Lamine y Morata celebran el gol de España logrado por Calafiori en propia puerta ante la desolación de Italia. GETTY
Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Gelsenkirchen (Alemania).- La Selección, independientemente del resultado, ya ha conseguido lo más difícil de todo: enganchar y no soltar al personal. Reconociendo que hace sólo un mes este equipo sin estrellas de relumbrón no ponía, con sólo un par de amistosos y dos zarpazos en Alemania ya tiene y siente el aliento del pueblo. Y ese éxito está muy repartido. Barrer a Croacia y acomplejar de tal manera a Italia hasta hacerle un traje (Armani) no es nada fácil para un campeón que en Catar no hizo más que arrastrarse. Como tampoco lo es mutar en meses un estilo que cansaba por otro que apasiona. Con De la Fuente a los mandos, y Lamine, Pedri y Nico desatados, la Roja manda un doble mensaje en esta Eurocopa que no ha hecho más que empezar: lo de la Nations League no fue casualidad y esta generación, repleta de talento y hambre, puede hacer historia. Este verano para empezar. Aquí hay candidata.

Y eso que las cosas todavía no se le han puesto del todo de cara. Si a la concentración de Las Rozas llegaron Navas, Olmo y Le Normand tocados, y luego Laporte es el que ha sufrido una contractura, esta vez fue el turno de Nacho. De la Fuente se vio obligado a cambiar el plan que tenía en mente y que no era otro que dar continuidad al once que enamoró en el debut. Sin embargo, el madridista sintió unas molestias musculares durante las últimas horas (el viernes se entrenó sin problemas) por lo que se abrió de par en par el plan B: Laporte, para quien estaba diseñada la estrategia de seguir descansando y ponerlo ante Albania, se vio obligado a forzar algo más de lo deseado su reaparición para reencontrarse con Le Normand y formar una curiosa pareja: la de franceses nacionalizados.

El resto de la alineación fueron los del sábado porque se lo ganaron a pulso. Y visto lo visto, acertó. El primer tiempo fue justo lo que un entrenador desea y por lo que paga la entrada un espectador. Sobre todo la media hora inicial, que fue el tramo en el que el balón corrió sin las interrupciones posteriores. Italia, sabedora de que estaba siendo inferior, embarró el terreno para que no hubiera tanta continuidad. Pero en esa primera parte España no es sólo que pudiera marcar; es que debió irse al descanso con una buena renta por delante. Salió enchufadísima, con la presión alta ensayada y el descaro por bandera, dos señales que deberá patentar en la Selva Negra.

Pedri de cabeza, nada más empezar (2') a centro de Nico, tuvo la mejor ocasión como presentación. Después, llegaron las del propio Williams tras una perfecta rosca de Morata y una más del delantero después de jugadón mesiánico de Lamine. La Selección tenía el partido donde quería, en el balcón del área contraria y con la vigilancia ajustada para las contras. Y lo que es mejor y anuncia un gran porvenir: con alternativas ofensivas. Si los extremos son ya claramente el plan A y el juego de Pedri por dentro es el B, aún queda uno C que no nada inferior: la pegada de Fabián. El andaluz escupió un zurdazo en el 25' que obligó a Donnarumma a realizar un vuelo de urgencia. Salvo algún ajuste defensivo con Pedri y la incomodidad de Laporte hasta ajustarse al ritmo tras un mes en barbecho, lo demás fue sobre ruedas. Si obviáramos, claro, que para ganar es necesario mojar. El marcador no era proporcional al juego.

Italia no sabía dónde estaba

Al menos quedaba el consuelo de que peor lo tenía Spalletti. El técnico italiano hizo dos cambios al descanso en busca de soluciones al atasco con el balón y a la descoordinación persiguiendo sombras. Italia no encontraba a Barella, y con su faro apagado no le quedaba más que el comodín del juego directo, donde Le Normand dio un a exhibición de cómo se dirige el tráfico aéreo. Pero lo que no sabia Luciano es que la Selección iba a meter otra marcha más a su combinación perfecta de presión tras pérdida más vértigo hacia el área. Así, con la paciencia precisa de ir de banda a banda, con la perenne amenaza de filtrar pases por dentro, España encontró el gol de la manera más atropellada de todas las que había probado. Nico volvió a hacer un surco por su banda y centró un balón que Donnarumma sólo acertó a palmear con mala fortuna. El balón pegó en Calafiori y se coló mansamente adentro (55').

España pudo entonces serenar el juego, sacar la calculadora y recordar que la temporada empezó en agosto y ya cuesta, pero prefirió subirse a la eufórica ola que ha creado para dejar disfrutar a la afición como hace mucho que no hacía. Pedri pudo sentenciar tras una gran internada de Cucurella en el 52'. Pero fue un disparo de Lamine con rosca en el 59' el claro ejemplo de este sensacional cambio de tendencia en las emociones. Aparte de que estuvo apunto de hacer el gol del campeonato, su forma de arengar después a la masas y la respuesta de la grada puso los pelos de punta. La comunión es tan perfecta que tiene que haber trampa. Un niño de 16 años, en vez de temblar, se mueve como si estuviera en un circo de tres pistas. Saber que nos pueden quedar unos 24 años de Lamine por delante, futbolísticamente hablando, es para llorar de la emoción e ir guardando las portadas.

El orgullo es lo que mueve el mundo. Por eso el fondo italiano nunca dejó de animar a su escuadra, hasta el punto de levantarla y llevarla hasta las barbas de Unai Simón en un par de ocasiones que revolvieron a De la Fuente. Cómo lo vería el riojano tuvo que mover a su banquillo en busca de piernas fresca que mantuvieran la presión intacta. Y esos retoques trastocaron el equilibrio. Pero un nuevo truco de magia de Nico acabó por desesperar al rival, al confirmar que entre uno y otro equipo hay un mundo. El extremo del Athletic, MVP, al que quiere media Europa (la que puede pagar por él) y que no hace más que revalorizarse, estrelló un misil en el larguero. La sentencia se le resistía. Como a Ayoze, que tuvo dos tras mostrar lo buen agitador que es. El resto fue un ejercicio impotente de Italia por hacer daño y una lección de España de cómo se defiende. Porque esa es otra. Este equipo ya ataca igual de bien que se protege. Si no es candidata al título, que alguien levante la mano y nos lo explique.

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FICHA TÉCNICA

España (1): Unai Simón; Carvajal, Le Normand, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián (Mikel Merino, 90+); Lamine Yamal (Ferran, 71'), Pedri (Baena, 71'), Nico Williams (Ayoze, 77') ; Morata (Oyarzabal, 77').

Italia (0): Donnarumma; Di Lorenzo, Bastoni, Calafiori, Dimarco; Barella, Jorginho (Cambiaso, 46'); Chiesa (Zaccagni, 62), Frattesi (Cristante, 46'), Pellegrini (Raspadori, 81'); Scamacca (Retegui, 62').

Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Tarjetas amarillas a Donnarumma (14'), Rodrigo (46'), Cristante (47'), Le Normand (69').

Goles: 1-0 Calafiori en propia puerta (55').

Estadio: Arena AufSchalke. 50.700 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por Gerhard Aigner, exsecretario general de la UEFA.