EUROCOPA | ESPAÑA 2 - ALEMANIA 1

Lo que pasa en el barrio de Lamine cuando juega España: entre la devoción y la indiferencia

Entre los y las más pequeñas, el futbolista del Barça genera devoción. Entre los grandes, no todos siguen con la misma ilusión el torneo.

Aficionados siguen el partido en uno de los bares de Rocafonda./RELEVO
Aficionados siguen el partido en uno de los bares de Rocafonda. RELEVO
Jordi Cardero

Jordi Cardero

A un par de calles del campo del Rocafonda está El Cordobés, el bar que regenta Carlos. De raíces andaluzas pero nacido en Cerdanyola, a las afueras de Barcelona, hace ya 30 años que levanta su persiana cada mañana. Aunque libra los domingos, este viernes no abrió. El partido tenía que verlo con sus amigos, no se trabajaba. Su bar es un sitio clave en la historia de la familia de Lamine. En sus paredes cuelga la camiseta del debut del delantero con el Barça Atlètic.

El padre del futbolista, Mounir, pasaba con él a buscar la merienda y a veces también le ayudaba a pagar el billete de tren que le llevaría a entrenar con el Barça, cuando todo estaba por hacer. En ese local, Mounir se enteró de que la Selección había convocado a su hijo por primera vez. Rompió a llorar. Atrás quedaba la decisión ya entre España o Marruecos. En el desfiladero de la memoria, la calle empinada que desemboca en el mar, que en Rocafonda se ve lejos, pero lo suficientemente cerca como para no olvidarlo. La calle que tantas veces subieron y bajaron para ir a la estación y donde todavía vive su abuela, una de las referentes del chaval.

El padre de Lamine ahora está en Alemania. Viaja para el partido y regresa después, prefiere pasar los días en casa. En tierras teutonas ya es toda una superestrella. Se fotografía con aficionados, postea en Instagram con música del Morad, el cantante favorito de su hijo, y hace todo tipo de referencias al 304, el código postal del barrio con el que Lamine celebra sus goles. Started from the bottom now we here.

A unos metros del campo del Rocafonda está el mural del Lamine en la que fue durante tantos años la panadería arábica de su tío Abdul. Hace unas semanas la traspasó y han montado otra panadería, pero nadie se atreve a borrar la imagen del icono del barrio. Es viernes por la tarde y se nota en las terrazas. También el campo de fútbol, inundado de niños a minutos de que empiece el España-Alemania. La gran mayoría son migrantes o hijos de inmigrantes. Las camisetas que más se repiten: Marruecos -la que más, con diferencia-, Real Madrid, Paris Saint-Germain o Barça. La mayoría son réplicas.

Van pasando los minutos y el campo no se vacía. En el club de petanca, unos metros más arriba, han puesto una pantalla gigante y decorado el recinto con banderas. Apuran una última partida mientras se automotivan a gritos de '¡Vamos, España!'. Nadie contempla no ganar. Los del taller, que no pueden cerrar por trabajo, sintonizan la radio. Dos chavales con la camiseta de la Selección y el nombre en el dorso de Lamine caminan rápido hacia su casa para ver el partido. Se verán tres camisetas así durante toda la tarde.

El campo del Rocafonda, lleno de niños a cinco minutos de empezar el España-Alemania. RELEVO
El campo del Rocafonda, lleno de niños a cinco minutos de empezar el España-Alemania. RELEVO

Los bares representan las culturas del barrio

Las terrazas están llenas y apenas se van a vaciar, a pesar de que el partido solo se podrá ver en el interior. Los bares representan, de alguna manera, dos identidades que conviven en Rocafonda. Por un lado, hay establecimientos llenos de españoles. Los mayores, algunos de ellos, tienen un marcado acento del sur que no se les borra. Llenan terrazas y barras para ver el partido. Por otro lado, hay bares llenos de migrantes e hijos de migrantes. Todos en la terraza, con el interior normalmente vacío. En algunos casos, la televisión apagada. Como si no jugara el niño más famoso de su barrio.

"Vamos, tete, que empieza España", le grita un hombre a un amigo suyo antes de entrar al bar mientras sienta a tres niños en una mesa. El padre de los tres niños, vestido con una camiseta del Barça, les ofrece tomar un refresco. "Dos Aquarius para los tres. Pero bebed poco a poco que el partido es muy largo, eh", les dice. Para él, una cerveza que apurará poco a poco hasta que su amigo le invite a más rondas. Al fondo del bar, dos hombres jugando a la tragaperras le darán la espalda a la televisión durante toda la primera parte.

Según el índice económico del Idescat, en 2020 Rocafonda era uno de los barrios más pobres de Catalunya. Con un índice de 62,6, distaba mucho del centro de Mataró, que marcaba un 113,7. Quedaba lejos incluso de La Mina de Barcelona (70,5) y de todas las zonas del Raval. El catalán, por otro lado, no se escucha en ningún momento de la tarde.

«Yo soy zurdo, como Lamine»

Uno de los niños, con la camiseta de España y Morata a su espalda -no tendrá más de seis años- habla con sus amigos después de que Lamine apareciera en la pantalla. "Yo soy zurdo, como Lamine", asegura. Como Yamal, no como Messi. La generación que vive los últimos coletazos de Leo y los primeros de la nueva perla blaugrana, identifica de forma inconsciente a sus nuevos referentes. La imagen del 'bautizo' de Messi a Lamine está llena de simbolismo. También por el momento en que ha salido a la luz.

Un hombre de avanzada edad, después de una fuerte patada que recibe Lamine, critica que los alemanes le quieren "intimidar". "Pero cómo le van a intimidar, si ha crecido aquí", responde el padre de los niños. Un hombre llamado Antonio aparece pasados los 20 minutos de partido. "¡Pensaba que jugaban a las nueve! Lo sé y me quedo en casa", dice, y se pide una copa de vino. Según la dueña del local -de origen asiático, como muchos de los dueños de locales del barrio-, los bares no se llenan porque los partidos son en abierto y muchos prefieren verlo en casa. Ahí están los elevadísimos números de audiencia.

Un par de hombres de no menos de 80 años prefieren quedarse en la terraza a entrar a ver el partido. Beben whisky y tienen un puro en la boca. "Si marca España gritad fuerte y así nos enteramos", piden. En la barra, un hombre con el móvil a todo volumen scrollea TikTok mientras va bajando cañas. Al descanso, comentarios positivos sobre Lamine. "Ni Haaland, ni Mbappé, ni su puta madre", dice el menos agresivo. Lamine ya se ha dejado ver con una asistencia. Una más. Ya lleva tres y está a solo cuatro de alcanzar el récord de pases de gol en el torneo, que posee Cristiano Ronaldo.

Un niño con la camiseta de Lamine corre por el barrio. RELEVO
Un niño con la camiseta de Lamine corre por el barrio. RELEVO

Unos metros más abajo, en un bar con la terraza a rebosar, se escuchan gritos que salen desde el interior. España va ganando, pero no gustan los cambios. "Nos estamos echando atrás", avisa un hombre con la mesa llena de vasos de tubo vacíos. Pasado el 60, Lamine se va al banquillo y se suceden los lamentos. "Uy, esto no me gusta ni un pelo…", dice una persona que entra después de apurar un cigarrillo. "Miguel, ponme otra caña", le pide al camarero.

El amigo con el que ha venido, sobresaltado durante todo el encuentro, tiene la frente sudada y a su lado un transistor. Escucha la retransmisión de la COPE a toda pastilla a pesar de que el volumen de la televisión es suficiente como para seguirla. Tiene la radio como compañera, apenas repara en lo que se dice, acaba formando parte del decorado donde unos fieles viven con tensión el partido y otros entran y salen. Al fondo, un grupo de mujeres pide que no griten tanto, petición a la que se suma la mujer del bar, también con raíces asiáticas.

Dos hombres con la bandera de España celebran el triunfo. RELEVO
Dos hombres con la bandera de España celebran el triunfo. RELEVO

En el 88, empata Alemania. "Es que lo sabía, nos estábamos echando atrás. Y encima a la prórroga sin delantero", se queja otra persona. El tiempo extra ya se vive de pie, excepto el hombre que va pidiendo vasos de tubo. Sus amigos, en la barra, siguen el mismo camino. En el 119, explosión. La propietaria pide una calma imposible de abordar. En ese momento aparece uno de los hombres que ha ido entrando y saliendo, claramente alcoholizado. "¿Hemos marcado? ¡Sí, señor! Los alemanes son muy alemanes, pero sabía que íbamos a ganarles", comenta. Al acabar el partido se claman todo tipo de metáforas censurables con los alemanes, frankfurts y cervelas.

La alegría inunda medio barrio, el sector español. En el resto, indiferencia. Los niños, ajenos a todo, se avalanchan hacia la cancha de futsal para jugar a fútbol. Allí empezó a jugar Lamine, aunque solo uno lleva su camiseta. El impacto ha sido tan rápido que no ha habido tiempo de comprarla. O quizá es que, a pesar de que son bonitas, son demasiado caras. La mayoría son réplicas. En otro de los bares, cuando ya ha oscurecido, un señor que pide un gintonic en la barra en un bar de frankfurts, le asegura al camarero: "¡Esta Eurocopa nos la va a traer el Lamine!".