EUROCOPA | ESPAÑA - ITALIA

¿Por qué Italia canta el himno como si le fuese la vida en ello? Hace 18 años no era así pero misteriosamente nadie lo recuerda

Política, emotividad y tribunerismo han creado la tormenta perfecta.

Donnarumma canta con ímpetu el himno italiano./GETTY
Donnarumma canta con ímpetu el himno italiano. GETTY
Alejandro Mendo

Alejandro Mendo

"Italia marca el gol del 1-0 ya en los himnos". La idea se ha instalado en la cultura popular futbolera. Como ocurre con todo estereotipo, hay algo de verdad detrás de una simplificación folclórica. Las imágenes de los jugadores italianos cantando a todo pulmón l'inno di Mameli se viralizan en cada gran torneo de selecciones (que Italia se clasifique ayuda). Sorprende una interpretación musical tan apasionada que ya es seña de identidad del equipo nacional. Sin embargo, hasta poco antes del Mundial de 2006, los futbolistas solían permanecer en silencio o susurrar algún verso suelto. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Política, supuesto patriotismo y éxito deportivo, redes sociales y tribunerismo posmoderno han creado la tormenta perfecta.

Un repaso al imaginario italiano en la liturgia prepartido nos ayuda a analizar el fenómeno. Hagamos memoria. Ataviados con bellas chaquetas Le Coq Sportif, el conjunto liderado por Dino Zoff o Paolo Rossi no cantó el himno antes de los partidos del Mundial de España en 1982. Tampoco las espectaculares anthem jackets (chaqueta para entrar al campo, a menudo para escuchar los himnos) de Diadora en los Mundiales de 1986, 1990 y 1994 animaron a la selección a entonar las notas del célebre Fratelli / d'Italia / l'Italia / s'è desta. En las denominadas noches mágicas de Italia '90, el único cantante era Walter Zenga en lo que parecía la enésima excentricidad del gremio de los porteros. Silencio por parte del capitán Bergomi o de los jóvenes Baggio y Maldini. Prácticamente nadie cantó bajo el sol americano en el 94 y solo hubo tímidos susurros en el 98, ya con vestimenta vanguardista fabricada por Nike.

Una cuestión de Estado

A principios de los años 2000, el Presidente de la República Carlo Azeglio Ciampi llevó a cabo un proceso de sensibilización social que acabó involucrando a todo el deporte italiano. En aquel momento, que los jugadores de la selección nacional de fútbol no cantaran el himno, salvo excepciones puntuales, se había convertido en tema de debate y en arma arrojadiza contra gli azzurri, acusados de falta de patriotismo. La polémica subió de temperatura cuando la selección de rugby escenificó el apego por la canción con una serie de sentidas performances en sus primeras participaciones en el Seis Naciones. El presidente Ciampi lamentó el silencio de los futbolistas en la Eurocopa de 2000, donde solo Toldo (¿otro portero loco?) y Delvecchio cantaron el himno. Tampoco las magníficas chaquetas Kappa lo consiguieron.

Ciampi, Jefe de Estado de 1999 a 2006, aludía frecuentemente a Il Canto degli Italiani, nombre oficial de la canción escrita por Goffredo Mameli en 1847. "Un símbolo que nos une a todos". En vísperas de los Juegos Olímpicos de Sydney, el mandatario había sugerido a los atletas de la delegación italiana que cantaran el himno de Mameli. "Entraréis en el estadio y seréis recibidos por un calor que os asombrará. Os daréis cuenta de la fuerza del sentimiento de italianidad. Espero que suene con frecuencia en Australia y también que al cantarlo se tenga mayor conciencia de los valores que subrayan los dos primeros versos: unidad y libertad". Lo cierto es que las palabras del Presidente, decidido a cambiar las cosas, surtieron un cierto efecto ya en 2002.

¿Y si cantar trae suerte?

Todo cambió en 2006. Antes del Italia-Ghana que suponía el debut de la Nazionale en aquel Mundial, los italianos observaron con enorme sorpresa cómo todos los titulares, excepto uno, cantaban el himno con vigor equipados por prendas azul y oro by Puma. Fue una novedad que renovó el patriotismo perdido. En un país supersticioso y cantarín como no lo hay en el mundo, la práctica se asoció a la buena suerte y se instaló de la mano de los resultados positivos. Incluida una final que midió a los dos mejores himnos que se pueden escuchar y cantar en un estadio: La Marsellesa y el himno de Mameli. Este último ganó por penaltis.

La demostración de que la tendencia se había invertido fueron los focos apuntando al único que no cantaba, Mauro Germán Camoranesi. Argentino de nacimiento e italiano de pasaporte desde 2003, fue inevitablemente cuestionado por su elección: "No canto el himno porque no me lo sé, pero lo cantan mis hijos. Tampoco canto el himno argentino. En el Mundial soy italiano, tomé la decisión de jugar con esta camiseta". Sus actuaciones y las de Italia eclipsaron el asunto, ya se sabe que el sensacionalismo convive mejor con la derrota. Desde entonces, futbolistas y aficionados entonarían el himno con efusividad y orgullo tratando de marcar juntos el famoso 1-0.

Los italianos cantan emocionados su himno. GETTY
Los italianos cantan emocionados su himno. GETTY

Un temazo viral

En los últimos 20 años, varios factores han confluido para convertir el himno gritado en una tradición arraigada, primero televisada y posteriormente viralizada. Es probable que el significado original del texto, escrito en un clima revolucionario contra la dominación austrohúngara, haya quedado diluido y descontextualizado por el paso del tiempo. La mayoría lo canta hoy por ser pegadizo, emotivo, fácilmente asociable al equipo nacional y, por qué no, símbolo de una momentánea descompresión social que pone a todos más o menos de acuerdo.

También han contribuido al éxito las personalidades fuertes de la selección italiana, que han utilizado la carga de adrenalina musical para enviar un mensaje a los rivales, a los hinchas y a sí mismos. Primero los Buffon, Cannavaro y Gattuso, después los De Rossi, Bonucci y Chiellini y ahora los Donnarumma, Di Lorenzo o Barella. El himno como declaración de intenciones y conjura de vestuario.

Curiosamente, la estructura de la canción se presta a algunas licencias que el pueblo italiano se concede con mucho gusto. No es un hit compuesto para triunfar en TikTok, pero la idea es la misma. A mitad de himno, unos acordes a modo de pausa para tomar aire se transforman en un oficioso poropo poropo poropo po po popó (que por lo general no entonan los futbolistas, está reservado al aficionado). El clímax final tampoco aparece en el texto, pero los italianos han añadido un grito gutural que condensa en un instante toda la motivación prepartido. Stringiamci a coorte / Siam pronti alla morte / Siam pronti alla morte / L'Italia chiamò / sì!

El alarido final es el momento más fotografiado y compartido en redes. Un retrato algo tribunero del futbolista italiano desgañitándose por su país que deja en mal lugar al solemne God Save the King inglés, al emocionante As Armas portugués, a la citada Marsellesa y por supuesto a la instrumental Marcha Real española (lolo lolo). Estamos listos para la muerte. Italia llamó. Italia canta el himno como si le fuese la vida en ello porque, en fin, se lo toma al pie de la letra.