Tassotti y el codazo a Luis Enrique que retumba antes de cada España - Italia: "Lo diré una vez más, espero que sea la última. Fue un gesto instintivo"
El exjugador del Milan cuenta a Relevo una de las escenas grabadas a fuego en la memoria del aficionado español.

El año 1994 fue intenso para Mauro Tassotti. Primero fue campeón de Europa, en una célebre final en Atenas en la que su Milan desarboló completamente al Barcelona. Sin embargo, en España le recuerdan más por otro partido de ese mismo año, el del codazo a Luis Enrique, los cuartos de final del Mundial de Estados Unidos. Publicamos el segundo capítulo de la entrevista al defensa italiano que versa sobre un partido que, a pesar del paso del tiempo, sigue doliendo al aficionado español, aunque hayan pasado 30 años.
Dino Baggio nos dijo que fue durísima aquella eliminatoria en Boston contra España. ¿Cómo recuerda ese partido de cuartos?
Todo ese Mundial fue devastador. Estábamos en la costa este, y era casi imposible entrenar y jugar. Calor y humedad terribles. Fue difícil jugar al fútbol en esas condiciones atmosféricas, y luego estaba España que nos lo puso todo muy complicado. Sin duda.
Por tirar de ironía, con el VAR todo habría sido distinto. Lo cierto es que Luis Enrique, con el tiempo, siempre le ha elogiado públicamente.
No pienses que di ese codazo porque el VAR no estaba. Lo expliqué mil veces ya. Lo diré una vez más, espero que sea la última. Fue un gesto instintivo: el balón venía por la derecha, y me sentí tirar por un rival con la intención de coger ventaja ante la llegada del cuero. Noté que Luis Enrique intentaba ganarme la posición para beneficiarse del centro. Fue entonces que di este codazo. Un codazo es un codazo, y no se puede decir que no fuera a posta, pero sí instintivamente. No fue premeditado, ni mucho menos. Tenía ya una experiencia enorme como para soltar un codazo en el área casi en el minuto noventa. Es de tontos, ¿no? Por eso digo que fue instintivo. No soy un estúpido. Pedí disculpas, aunque entendí que ellos en ese momento quizás no tenían las condiciones emotivas necesarias para poder entenderlo. Creo que Luis Enrique terminó por comprender lo que sucedió. Nos hemos visto en Italia varias veces cuando él entrenaba aquí (Tassotti fue segundo de Allegri en el Milán y de Shevchenko en Ucrania). Nos hemos saludado siempre. Tenemos una buena relación.

¿Cómo fue el partido?
Muy equilibrado. Ellos tuvieron una gran ocasión con Salinas. Por suerte lo paró Pagliuca.
Este año también es la efeméride del icónico penalti marrado por Roberto Baggio. Cambió la suerte del país, quizás para siempre. ¿Qué se dijo después?
Se lloró mucho. Muchos lloraron, porque son cosas que suceden una vez en la vida. Después, con el tiempo, aprecias que jugar una final de un Mundial es importante. No es ganarla, pero casi. El tiempo convierte en gestas momentos que no aprecias mientras los estás viviendo. Esto me ha enseñado la vida.
Clemente, en más de una ocasión, dijo que su España estaba entre las favoritas para una posible victoria final. ¿Está de acuerdo?
Una grandísima selección, pero los Mundiales en América los ganan los de allí, y lo mismo sucede en Europa. Es cierto que el Soccer acababa de comenzar, pero quienes mejor se adaptaban eran las sudamericanas. El clima, el cambio horario… Nosotros no estamos acostumbrados a eso. Ese Mundial era jugar en un horno, y partía con ventaja quien ya estuviera acostumbrado a él.
Volvamos al vestuario para descifrar los silencios eternos de Baggio. Héroe trágico y taciturno, de pocas palabras, siempre en el ostracismo. Más allá del budismo y que le gusta la caza, no sabemos de él. Ancelotti, tú, Sacchi, Baresi… ¿De qué se habló en el vestuario italiano del estadio Rose Bowl de Pasadena? Sí, ese 17 de julio de 2004 a las 12.30 hora local, con casi cien mil espectadores que se disponían a abandonar el recinto…
Intentamos animar a jugadores que se sentían culpables. Fallaron también Baresi y Massaro, pero tuvieron la personalidad de tirarlos. Tratamos de explicar que nadie tenía la culpa, sino que el destino lo quiso así. El destino está marcado para todos. Siempre. Hay que aceptarlo.