OPINIÓN

Hay otra foto de la vergüenza en el fútbol español

Los presidentes de las federaciones territoriales durante la reunión mantenida el lunes./RFEF
Los presidentes de las federaciones territoriales durante la reunión mantenida el lunes. RFEF

Hay otra foto de la vergüenza. Una más. Una que explica de forma muy ilustrativa por qué el problema no es sólo Rubiales. Por qué el problema es estructural y también afecta al fútbol español. Una imagen que refleja algo mayor: que aún no se ha invitado a las mujeres a las mesas en las que se debaten los asuntos importantes, algunos de ellos tan trascendentales como qué postura adoptar frente a un presidente que no sólo ha besado sin consentimiento a una jugadora delante de todo el mundo; no sólo se ha agarrado sus genitales junto a la Reina Letizia y la Infanta Sofía, menor de edad, delante de todo el mundo; no sólo ha llamado "idiotas" y "tontos del culo" a los que y las que señalamos sus bochornosas actitudes; no sólo ha presionado a la jugadora y a su entorno para salvar su puesto; y no sólo ha intervenido ante la mirada atónita de la opinión pública internacional para volver a señalar a la jugadora y asirse de nuevo al sillón.

En esa mesa, que tiene en sus manos el fútbol español, no hay ni una sola mujer. Si acaso se atisba una mesa supletoria, un espacio reservado para tomar notas y levantar acta de lo que allí ocurre. Pero desde luego no uno de autoridad, desde el que poder alzar la voz y poner a las federaciones territoriales ante una cruda realidad que también es la suya: que quienes toman decisiones que también afectan a las mujeres, no sufren sus consecuencias. Y que su sensibilidad sobre estos asuntos, de tenerla, no es prioritaria. Ha tenido que pasar más de una semana para que hagan público un comunicado en el que no han llegado a tiempo para convenir su respaldo a la víctima.

Algunos dirán que ya estamos las mujeres, las de siempre, reclamando casito. Que si la meritocracia y que si qué pesadas. Que si no es para tanto. Sorprende que lo hagan después de esta vergonzante y aberrante situación en la que sin mucho esfuerzo sería más fácil que nunca entendernos. Incluso con una agresión televisada internacionalmente hay quien aún nos quiere hacer creer lo contrario.

Me van a permitir que muestre mis más sinceras dudas sobre si hemos de creer que la estructura que tarda ocho días en emitir un comunicado condenando estas acciones, la estructura que aplaude, aúpa y mantiene su propia jerarquía, su propia idiosincrasia, que protege su propia supervivencia, sea garante o pueda llegar a serlo de la seguridad de las deportistas y de su crecimiento profesional. De la evolución del fútbol español, que debería pasar indiscutiblemente por la erradicación de la desigualdad de género, de las violencias sexuales y de los roles machistas. Así se entiende mejor que nunca, también, por qué no hay mujeres en la mesa. Pero, se acabó.